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Mariana Alonso: “Aprendí que al escritor no le molesta tanto el rechazo como el silencio”

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Mariana Alonso: “Aprendí que al escritor no le molesta tanto el rechazo como el silencio”
By Pablo Di Marco 12 de agosto de 2019
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Un café en
Buenos Aires con Mariana Alonso,  editora
de también el caracol


Por: Pablo Di Marco* / Argentina

Antes de comenzar esta entrevista me pregunté
por qué alguien desearía levantar una editorial en un país en el que nadie sabe
cuánto costará el papel el mes que viene. Me bastaron diez minutos de charla
con Mariana Alonso para saberlo: por
vocación, por inconsciencia y por pasión. Tres imprescindibles compañeras de
ruta a la hora de iniciar un viaje literario así de riesgoso y apasionante.
PDM—Empecemos
por el principio: fundar una editorial puede ser una idea utópica que gira por
años y años en el aire. ¿Recordás cuál fue el preciso instante en el que diste
el primer paso para que esa vaga idea se vuelva una realidad?
MA: Difícil precisar un instante concreto. El
primer proyecto en el que empezamos a trabajar con Miguel Sardegna fue el libro de Riichi Yokomitsu. Miguel hace ya más de una década que le había
echado el ojo a este autor y a unos cuantos más que estaban inéditos en
castellano. Algunos ya fueron traducidos con los años, la mayoría todavía no.
¿Y si los publicamos nosotros?, dijimos. Por la misma época, yo estaba
trabajando en colaboración con la artista plástica Lorena Gómez. Sus dibujos siempre me resultaron inspiradores. Me
dieron ganas de editar nuestro pictopoemario Afuera y yo a mi gusto, como un pequeño libro objeto, encuadernando
cada ejemplar a mano. Esa fue la primera publicación de también el caracol, y la que siento como el puntapié definitivo
para meterme en la avalancha de trámites de registro, logística y demás
cuestiones que supone crear una editorial.
PDM: Me intriga el
nombre que elegiste. ¿Cómo surgió también
el caracol
? Y algo más: El “también” va en minúscula, ¿no?
MA: Somos bastante flexibles con eso, pero sí.
En el logo, también el caracol está
escrito en minúscula. Y es que es el segundo verso de un haiku. Dimos muchas vueltas
para elegir el nombre, nos costó encontrar uno con el que estuviéramos
contentos y que nos identificara. Queríamos un nombre que remitiera a Japón,
pero de una manera sutil, que no nos atara únicamente a la literatura japonesa.
Entonces me acordé de un poema de mi haijin
preferido: Shiki, uno de los cuatro grandes maestros del haiku.
PDM: ¿Me recitás
ese poema?
MA: Escuchá, es hermoso:
con la cabeza
erguida
también el
caracol
se me parece
PDM: Sí, es sutilmente
hermoso.
MA: Es uno de los poemas de Shiki que más me gustan. No sé si ese
haiku me impresionó tanto la primera vez que lo leí, pero cuando me adentré en
la obra y vida de Shiki y volví a leerlo, ahora entendiendo todo el sentido
detrás de esas breves 17 sílabas, tuve que recurrir a los pañuelitos
descartables.
PDM: Me quedé en
Mishima, Akutagawa, Kawabata y Oe, y no estoy al tanto de la obra de Shiki.
¿Qué podés contarme de él?
MA: Shiki
fue quien reformó la poesía clásica japonesa en un momento en que se había
estancado y estaba siendo abandonada por el verso libre importado de occidente.
Sostenía que había que dejar de lado ciertas imposiciones estéticas del pasado,
en particular creía que había que dejar de recurrir a la variación alusiva, un
recurso que consistía en evocar otros poemas, conocidos por todos,
introduciéndoles pequeños cambios. Básicamente, entendía el haiku como una
pintura, o una foto. Proponía escribir acerca de aquello que uno veía y no
acerca de aquello que habían visto otros poetas. Pero pasó sus últimos meses en
cama, enfermo de tuberculosis. Imaginemos lo que significa para alguien que
había construido toda su teoría literaria en la experiencia directa, ver su
propia experiencia reducida a cuatro paredes y a un jardín que se asomaba a través
de los paneles corredizos de su habitación. El poema que dio nombre a también el caracol es uno de sus últimos
haikus, Shiki se describe postrado en su cama, estirando la cabeza para poder
mirar el jardín.
PDM: Me
describiste toda una imagen. Y el logo de la editorial justamente se relaciona
con lo que me estás contando.
MA: Así es. El
segundo verso de este poema de Shiki
resultó buena inspiración para nuestra diseñadora, Sofía Varacalli, que creó un
mon genial que nos representa, a la
manera de los emblemas de los antiguos clanes samurái.
PDM: Vamos a
temas menos poéticos. Te recibiste de editora, ¿no?
MA: Sí, me recibí de editora en la UBA hace
unos tres años.
PDM: Imagino que
ese aprendizaje no fue en vano. Digo esto porque a veces pareciera que para
armar una editorial basta con proponérselo, sin embargo no está de más
complementar al entusiasmo con estudios. Las cosas que digo, pensar que a mí me
costó horrores terminar la secundaria…
MA: La carrera me dio algunas herramientas
técnicas que ahora me resultan muy útiles, pero supongo que para lo que más me
sirvió fue para definir mi vocación como editora. Antes de empezar la carrera
había tenido alguna experiencia editando una revista digital, Axolotl. Pero mi acercamiento a la
literatura, incluso con RevistaAxolotl,
había sido siempre desde la escritura, no desde una visión consciente de la
edición. Venía de abandonar otra carrera que me había desilusionado, estaba
desorientada con respecto a la formación que quería seguir, y con la carrera de
edición descubrí algo que me entusiasma hacer. Tengo la enorme fortuna de poner
esta vocación en práctica del mejor modo imaginable, con un proyecto editorial
propio en el que yo propongo, construyendo un catálogo a nuestra medida.
PDM: También sos
traductora. La traducción es un tema del que no se habla demasiado pese a ser
fascinante.
MA: Sí, la traducción es realmente fascinante.
PDM: Hablame de
la experiencia y aprendizaje que significa ser traductora en también el caracol.  
MA: Yo redescubrí la traducción, me amigué con
ella, gracias a también el caracol.
La carrera que abandoné fue justamente la de traductora pública. Siempre me
gustaron los idiomas y cuando terminé la secundaria me anoté casi sin pensarlo.
Fue un gran error elegir Traducción Pública solo porque se cursaba en la UBA.
Seguramente es una carrera apasionante para muchos, para mí fue todo lo que
está mal. Mal para mi realización personal y para mi espíritu. La traducción
literaria es otro mundo, un mundo hermoso.
 PDM: ¿Qué obras
tradujiste para también el caracol?
MA: La
canción del arrozal
de Lafcadio Hearn,
desde el inglés. La primavera llegó en un
carro tirado por caballos
lo tradujimos con Masako Kano y Gabriela
Occhionero
. La experiencia de trabajar con ellas para traducir a Yokomitsu desde el japonés fue muy
enriquecedora. Aprendí muchísimo, de trabajo en equipo, de japonés, de ciertas
sutilezas del idioma que son muy difíciles de trasladar al castellano. Fue todo
un desafío. Ahora estamos trabajando con Masako
y con Maia Worsnopen
el próximo título de la colección, enfrentando desafíos nuevos.

En cualquier caso, escribir, y convivir con un escritor, me ayudan a ponerme en lugar de la persona que me mandó su manuscrito y que espera una respuesta. Aprendí, por ejemplo, que al escritor no le molesta tanto el rechazo como el silencio.


  PDM: Las
relaciones entre editores y escritores no son siempre sencillas, y vos estás en
pareja con Miguel Sardegna, un escritor. Intuyo que eso le aporta a la
editorial una… ¿cómo decirlo? Llamémoslo “sensibilidad extra”. ¿Me equivoco?
MA: Sin lugar a dudas, tener a un escritor en
casa, y editando conmigo, ayuda muchísimo en cuestiones relacionadas con la
selección y corrección de contenidos, para empezar. Pero también en mi relación
con los autores. Miguel es buen consejero. Aprendo mucho de su experiencia con
otras editoriales, de sus experiencias buenas y de las malas. Yo también
escribo, aunque lo haga cada tanto y no le dé una prioridad especial frente a
otras cosas que hago por épocas, como la música o el dibujo. En cualquier
caso, escribir, y convivir con un escritor, me ayudan a ponerme en lugar de la
persona que me mandó su manuscrito y que espera una respuesta. Aprendí, por ejemplo,
que al escritor no le molesta tanto el rechazo como el silencio.
PDM: Eso que
acabás de decir está para ponerle un marquito y colgarlo en la casa de cada
editor: “Al escritor no le molesta tanto el rechazo como el silencio”. Sigamos:
también el caracol está obviamente
atravesada por el interés por la literatura japonesa, al punto que una de sus
colecciones está dedicada a lo japonés. ¿Cómo llegaste a la decisión de
inaugurar esa colección con La primavera
llegó en un carro tirado por caballos
?
MA Acaso elegimos a Yokomitsu por su amistad con Kawabata,
por su espíritu experimental, por el título La
primavera llegó en un carro tirado por caballos
, por sus fotos con el pelo
revuelto. No sé.
PDM:¡Las cuatro
son grandes razones! Y hay una de ellas que envidio en particular, cuando
terminemos de tomar el café te cuento cuál es.
MA: Dale. Y hablando en serio, sus ideas acerca
de la literatura nos parecen interesantes, su constante búsqueda de renovación,
la evolución de su estilo a lo largo de los años, producto de esa
experimentación tan propia de él, su sensibilidad, su incómoda nostalgia.
Bueno, es una mezcla de muchas cosas, ¿no? Algunas incluso difíciles de
verbalizar. Es algo que se siente. Sentimos que Yokomitsu era el indicado.
PDM: Yokomitsu
fue hace poco tapa de Ñ, cosa que difícilmente hubiese sucedido sin la
publicación de también el caracol.
Imagino que ese fue un pequeño hito en tu joven historia como editora.
MA: La verdad es que con este libro superamos
nuestras expectativas. Nos agarró un poco de sorpresa. No esperábamos esta
repercusión tan pronto. Confiamos en que la colección siga generando el mismo
interés. Tenemos grandes proyectos para el año que viene, y seguimos
investigando constantemente, introduciéndonos en nuevos caminos que se nos
abren y se ramifican. Antes hablábamos de lo hermosa que es la experiencia de
traducir a un autor japonés. Tan hermoso como traducirlos es el proceso de
elegirlos.
PDM: El libro de
Yokomitsu viene acompañado no por el usual prologuito de rutina sino por un
estudio preliminar que se destaca por su extensión y profundidad. Vos sabés que
ofrecer algo bueno tiene un problema: el lector esperará lo mismo para la
próxima. ¿Estás decidida a que ese estudio no sea una excepción sino un sello
de la editorial?
MA: Está muy bien que el lector espere eso de
nuestros próximos libros. Vamos a satisfacer esa expectativa. La idea es que
esos estudios preliminares de Miguel Sardegna,
que es el director de la colección, sean una marca, un sello que nos
identifique. Más allá de dar un marco a las obras y a los autores, con esos
estudios preliminares pretendemos aportar una nueva visión de la literatura
japonesa, proponer otras lecturas, abrir nuevos caminos.
PDM: La
editorial también cuenta con una colección dedicada a la literatura argentina.
Tras la publicación de Monoblock de
Karina Sacerdote están a punto de lanzar una novela de Marcelo Rubio. ¿Podremos
leerla para la Feria de editores?
MA: Es nuestra intención que El Cristo roto de Marcelo Rubio esté en la Feria de Editores. Ya está en imprenta,
así que supongo que llegaremos sin problemas.
PDM: Intuyo que,
tanto para Rubio como para ustedes, lanzar una novela tras Lo que trae la niebla tiene algo tanto de expectativa como de
desafío extra.  
MA: Editar siempre es expectativa y desafío.
Hay algo de la narrativa de Marcelo Rubio que me encanta, esas sutiles
pinceladas de poesía desperdigadas con naturalidad cada tanto, cierta picardía
en los diálogos, una especie de nostalgia arrabalera en su estilo de escritura.
Y eso que me encanta de él está presente en El
Cristo roto
. Estamos felices con la colección de narrativa argentina que
iniciamos con Monoblock de Karina
Sacerdote, y a la que ahora se suma Marcelo. Espero que a los lectores les
guste tanto El Cristo roto como a
nosotros.
PDM: Estar al
frente de una editorial también implica enfrentar ciertos daños colaterales.
Por ejemplo: van a ser varios los amigos escritores que te ofrezcan sus
manuscritos, y a la mayoría de ellos deberás rechazarlos. ¿Temés perder
amigos? 
MA: Qué tema ese.
PDM: En esos
casos no quisiera estar en tu lugar.
MA: No es que no exista el temor de que alguien
se ofenda, pero nos preocupamos por ser respetuosos del trabajo y de las
expectativas de todos los que nos mandan sus manuscritos, sean amigos o no. Si
nos manejamos así, no deberíamos perder amigos.
PDM: Vamos con
la última pregunta de Un café en Buenos Aires, Mariana: te regalo la
posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época.
Contame quién sería y a qué bar lo llevarías.
MA: Supongamos que hablo japonés antiguo y que
puedo comunicarme con una poeta del año 800. Organizame por favor, Pablo, un encuentro con Ono no Komachi en alguno de los
barcitos que hay en los callejones al lado de la estación de Shinjuku, en
Tokio.
PDM: Confiá en
mí, mi máquina del tiempo está afiladísima, así que ya lo estoy tramitando. Y
decime, ¿qué pregunta le harías a Komachi?
MA: Le preguntaría cuánto de verdad hay en las
leyendas que se cuentan de ella. Le pediría que me enseñe caligrafía,
escribiría un poema con ella y le mostraría su carta en el uta-garuta, ese juego de cartas japonés que reúne los poemas de
cien grandes poetas del tanka.
PDM: Y de paso también podrías contarle tu aventura con también el caracol, ¿no? Quién sabe, tal
vez Komachi tenga algún poemita inédito para facilitarte.
MA: Y si no, le pido que escriba un par. Te
cuento que hay algunos poemas que se discute si verdaderamente fueron escritos
por Komachi. Sería genial
preguntárselo y después confirmarle al mundo su autoría. No estaría nada mal.
Podría preguntarle también si alguna vez escribió un poema haciéndose pasar por
hombre, o que figure como anónimo en alguna de las antologías imperiales. Komachi fue una de los rokkasen, los seis inmortales. Qué bueno
sería ese encuentro. Ya lo estoy aguardando con ansias.

Queríamos un nombre que remitiera a Japón, pero de una manera sutil, que no nos atara únicamente a la literatura japonesa




PABLO HERNÁN DI MARCO
Argentina. Corrector de estilo de cuentos y novelas. Autor de los libros libros Las horas derramadasTríptico del desamparo, Espiral Un café en buenos aires. conversaciones con escritores, lectores y libreros.