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Un café en Buenos Aires

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Un café en Buenos Aires
By Libros y Letras 22 de julio de 2013
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Hoy: Marcelo di Marco/ I Parte. No es fácil resumir la carrera de
Marcelo di Marco en pocas líneas, pero haré el intento: ha publicado más de
quince libros de poesía, ensayo y narrativa, buena parte de sus cuentos
integran antologías nacionales e internacionales, y ganó (entre otros premios)
el Concurso Antorchas con una inolvidable selección de cuentos fantásticos.
     Pero hay más: Marcelo es
también uno de los más reconocidos Maestros (sí, con mayúscula) de escritura.
Sus libros Taller de corte y corrección, Hacer el verso y Atreverse a escribir,
se agotan edición tras edición, y son material de consulta permanente no solo
de innumerables aspirantes a escritores, sino también de escritores
consagrados.
     Es una alegría entrar a la
casa de Marcelo (ubicada —¿casualmente?— en la misma manzana donde vivió Jorge
Luis Borges), saludar a sus siempre presentes esposa e hijas, y pasar un buen
rato charlando sobre lo que más nos gusta.
    Gracias por el café, Marcelo.
Esta mañana, mientras oía balbucear a un diputado, se me ocurrió que sería
interesante hacerte la siguiente pregunta: tu vida está enteramente dedicada a
escribir y a enseñar a escribir. ¿Qué sentís cuando ves que a buena parte de
nuestros gobernantes (llamativamente casi todos repentinos millonarios) les
cuesta un triunfo armar una frase con sujeto y predicado?
    Decía San Agustín que, para
conocer a un pueblo, basta averiguar qué ama. Es el pueblo quien, con su voto
anestesiado, permite que el termómetro de la decadencia siga midiendo tan alto
en estas latitudes. Por eso, ante el encumbramiento de semejante “dirigencia”
que describís en tu pregunta, desde el Taller de Corte y Corrección nos
esforzamos más todavía para lograr que nuestra gente se libere de todo lugar
común. Solamente así podrá amar lo bueno, lo verdadero y lo bello.
    Desde la edición de tu primer
libro de poemas hasta tu última novela, pasaron treinta años. Nadie es el
mismo después de tanto tiempo. ¿Qué ganaste y qué perdiste como escritor en
estos años?
    Creo que, felizmente, me
siento más dueño de mis propias palabras. Gané en precisión y en olfato
narrativo: parece que las historias que invento —a juzgar por lo que dicen mis
lectores— se volvieron más interesantes. ¿Qué perdí? Ingenuidad y divague. Pero
el candor y la imaginación siguen intactos.