Un café en Buenos Aires con Gustavo Di Pace

Gustavo Di Pace
Gustavo Di Pace


Por: Pablo Hernán Di Marco / Argentina / Especial para Libros & Letras.


Los buenos escritores suelen ser camino y puente. Pero en estos tiempos en los que el vértigo destroza a la pausa y publicar pareciera ser más importante que aprender a escribir, es bueno que el escritor también haga las veces de ancla. Un ancla que nos invite a demorarnos (sí, demorarnos, ¿por qué no pensar en la demora como una virtud?) y pensar en los años de trabajo que requiere una novela, y en cuál es el fin último de la escritura.

Los invito a que me acompañen a echar anclas para conversar junto a Gustavo Di Pace.

—Ya pasaron trece años desde la publicación de Los patios interiores, tu primer libro. ¿Cómo se hace para recuperar el entusiasmo y la inocencia de aquellos tiempos?

-G: Mirá, Neil Peart, el baterista de Rush, dijo en un reportaje que tenía como premisa no olvidarse del que había sido a los dieciséis años. Creo que de eso se trata, de no olvidar esa mirada esencial que te hizo ser el que sos, o el que fuiste una vez. Eso me permitió quizás escribir los libros siguientes, Mi yo multiplicado y El chico del ataúd. En definitiva: no dejar que la picadora de carne se salga con la suya, no perder el espíritu lúdico, no rendirse.

—Hace pocas semanas presentaste en la Biblioteca Nacional Tuya es la sangre, tu nueva novela. Teniendo en cuenta que el escritor, a fin de cuentas, no debiera ser otra cosa más que un tipo solitario que escribe a la medianoche, ¿cómo lidiás con las luces, los micrófonos y los lectores?

-G: Bueno, es bastante cierto lo que decís, los que queremos escribir con la sangre y no sólo con la tinta, haciendo alusión a la frase de Eliot, no nos llevamos muy bien con las luces y los micrófonos. La soledad y la noche son grandes amigas. Pero con los lectores, por lo menos en mi caso, no hay rollos. Sí admito que el pudor me gana cuando se acercan y se muestran tan amables, tan generosos.

—¿Cuántos años de trabajo te llevó Tuya es la sangre?

-G: Creo que ocho años, porque la escribí y reescribí tres o cuatro veces. Igual siempre tardo bastante en terminar los textos porque escribo varios a la vez. Ahora estoy escribiendo un ensayo sobre Borges, un libro de humor y otro de poesía.

—A veces siento que el trabajo del escritor está algo idealizado. ¿Intuyen los alumnos que llegan por primera vez a tu taller literario los años de esfuerzo que requiere la escritura de un libro?

-G: Me parece que todo oficio requiere tiempo, trabajo, amor. Si se comprende esto, las idealizaciones se desmoronan enseguida. Igual, como dijo Mauricio Kartun, el escritor escribe y a veces publica, razón por la cual antes de pensar en un libro yo le recomiendo a la gente que se pregunte sobre el hecho de escribir, su sentido último. Eso es lo importante. Recién después viene la posibilidad de publicar un libro.

—Más allá de que me aburren esos escritores que adoran representar el papel de víctimas atormentadas, es innegable que escribir puede llegar a ser complejo e incluso frustrante. ¿Sos feliz escribiendo, Gustavo? ¿Alguna vez lloraste durante la escritura de alguna línea? ¿Alguna vez se te cruzó la idea de abandonar?

-G: Puede ser frustrante si lo planteás como una carrera en la cual la búsqueda de reconocimiento lo es todo, porque si este no llega, obviamente te vas a sentir mal. No obstante, si vos escribís porque te hace bien, porque te salva, como es mi caso, lo demás pasa a segundo plano. Si viene el reconocimiento, buenísimo, y si no viene, como diría Bukowski, está bien igual. Sin dudas el acto creador sana, no sé si la palabra “feliz” define lo que siento al escribir, pero se le parece bastante.

—Vamos con la última, Gustavo: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías.

-G: Sin dudarlo, me tomaría un café con Roberto Arlt, iríamos a algún antro y, mientras le inventamos biografías a las personas que vemos a través de la ventana, le manifestaría mi entusiasmo para con su obra y le preguntaría cómo eran aquellas medias de mujer que había inventado y con las que planeaba hacerse rico.

Quienes quieran saber más sobre la obra, vida y trabajo de Gustavo Di Pace están invitados a entrar a http://www.elrespiradero.com.ar/index.html

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