Reflexión: La literatura no tiene género, pero los que la escriben sí


Por: Enrique Patiño


Hace unos años coincidí con la escritora española Rosa Montero en una conversación. Me presentó, con bastante orgullo, a una numerosa camada de escritoras españolas. No hizo sino hablar maravillas de ellas. Algo me sorprendió de su actitud porque no la había visto en ningún lado hasta entonces, al menos entre colegas de mi país: una grande "vendía" bien a las más pequeñas, a las que apenas despuntaban. Desde hace cuatro años, cuando eso sucedió, me pregunto cuándo sucederá algo similar acá.

Soy escritor, vengo de la provincia, las cuatro obras que he escrito han tenido acogida pero no he recibido espaldarazos de escritores y escasamente conozco a un puñado de ellos porque no estoy dentro de muchas de sus dinámicas, por lo que de alguna manera estoy al margen, pero eso está bien, me digo, ya que la obra es la que debe venderse. Pero pienso de nuevo en Rosa Montero y lo relaciono con las escritoras colombianas, y siento que ellas y su obra están más invisibilizadas aún que cualquier otra porque aún hay un sesgo y ellas no cuentan con espaldarazos de ningún tipo de ninguno de los grandes.

Creo que el problema de fondo es que es difícil que se lea a alguien en este país. Y una vez que un autor alcanza alguna notoriedad, la atrapa para sí y no usa su liderazgo para proponer otras voces. Y menos si son de provincia, no son sus amigos, no forman parte de sus círculos y mucho menos si esas voces son femeninas. La literatura no tiene género, pero los que la escriben sí. Sería necesario que cada autor apoye a otros: a nadie le creen más que a los que han ganado ya una voz. Y que haya equidad en las convocatorias, en las ferias, en las presentaciones. Nada amé más el día que Rosa Montero me describió a su camada de escritoras que descubrir su talento. Acá hay mucho. Muchísimo. Pero si nadie lo dice, si no se les visibiliza, si no se les revela, estaremos perdiéndonos de una maravillosa oportunidad para ser una sola voz desde todas las voces. Por ahora, desunidos, somos voces a la deriva.


Ilustración: Hache Holguín.


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