Mariana Alonso: “Aprendí que al escritor no le molesta tanto el rechazo como el silencio”


Un café en Buenos Aires con Mariana Alonso,  editora de también el caracol


Por: Pablo Di Marco* / Argentina

Antes de comenzar esta entrevista me pregunté por qué alguien desearía levantar una editorial en un país en el que nadie sabe cuánto costará el papel el mes que viene. Me bastaron diez minutos de charla con Mariana Alonso para saberlo: por vocación, por inconsciencia y por pasión. Tres imprescindibles compañeras de ruta a la hora de iniciar un viaje literario así de riesgoso y apasionante.

PDM—Empecemos por el principio: fundar una editorial puede ser una idea utópica que gira por años y años en el aire. ¿Recordás cuál fue el preciso instante en el que diste el primer paso para que esa vaga idea se vuelva una realidad?

MA: Difícil precisar un instante concreto. El primer proyecto en el que empezamos a trabajar con Miguel Sardegna fue el libro de Riichi Yokomitsu. Miguel hace ya más de una década que le había echado el ojo a este autor y a unos cuantos más que estaban inéditos en castellano. Algunos ya fueron traducidos con los años, la mayoría todavía no. ¿Y si los publicamos nosotros?, dijimos. Por la misma época, yo estaba trabajando en colaboración con la artista plástica Lorena Gómez. Sus dibujos siempre me resultaron inspiradores. Me dieron ganas de editar nuestro pictopoemario Afuera y yo a mi gusto, como un pequeño libro objeto, encuadernando cada ejemplar a mano. Esa fue la primera publicación de también el caracol, y la que siento como el puntapié definitivo para meterme en la avalancha de trámites de registro, logística y demás cuestiones que supone crear una editorial.

PDM: Me intriga el nombre que elegiste. ¿Cómo surgió también el caracol? Y algo más: El “también” va en minúscula, ¿no?

MA: Somos bastante flexibles con eso, pero sí. En el logo, también el caracol está escrito en minúscula. Y es que es el segundo verso de un haiku. Dimos muchas vueltas para elegir el nombre, nos costó encontrar uno con el que estuviéramos contentos y que nos identificara. Queríamos un nombre que remitiera a Japón, pero de una manera sutil, que no nos atara únicamente a la literatura japonesa. Entonces me acordé de un poema de mi haijin preferido: Shiki, uno de los cuatro grandes maestros del haiku.

PDM: ¿Me recitás ese poema?

MA: Escuchá, es hermoso:

con la cabeza erguida
también el caracol
se me parece

PDM: Sí, es sutilmente hermoso.

MA: Es uno de los poemas de Shiki que más me gustan. No sé si ese haiku me impresionó tanto la primera vez que lo leí, pero cuando me adentré en la obra y vida de Shiki y volví a leerlo, ahora entendiendo todo el sentido detrás de esas breves 17 sílabas, tuve que recurrir a los pañuelitos descartables.

PDM: Me quedé en Mishima, Akutagawa, Kawabata y Oe, y no estoy al tanto de la obra de Shiki. ¿Qué podés contarme de él?

MA: Shiki fue quien reformó la poesía clásica japonesa en un momento en que se había estancado y estaba siendo abandonada por el verso libre importado de occidente. Sostenía que había que dejar de lado ciertas imposiciones estéticas del pasado, en particular creía que había que dejar de recurrir a la variación alusiva, un recurso que consistía en evocar otros poemas, conocidos por todos, introduciéndoles pequeños cambios. Básicamente, entendía el haiku como una pintura, o una foto. Proponía escribir acerca de aquello que uno veía y no acerca de aquello que habían visto otros poetas. Pero pasó sus últimos meses en cama, enfermo de tuberculosis. Imaginemos lo que significa para alguien que había construido toda su teoría literaria en la experiencia directa, ver su propia experiencia reducida a cuatro paredes y a un jardín que se asomaba a través de los paneles corredizos de su habitación. El poema que dio nombre a también el caracol es uno de sus últimos haikus, Shiki se describe postrado en su cama, estirando la cabeza para poder mirar el jardín.

PDM: Me describiste toda una imagen. Y el logo de la editorial justamente se relaciona con lo que me estás contando.

MA: Así es. El segundo verso de este poema de Shiki resultó buena inspiración para nuestra diseñadora, Sofía Varacalli, que creó un mon genial que nos representa, a la manera de los emblemas de los antiguos clanes samurái.

PDM: Vamos a temas menos poéticos. Te recibiste de editora, ¿no?

MA: Sí, me recibí de editora en la UBA hace unos tres años.

PDM: Imagino que ese aprendizaje no fue en vano. Digo esto porque a veces pareciera que para armar una editorial basta con proponérselo, sin embargo no está de más complementar al entusiasmo con estudios. Las cosas que digo, pensar que a mí me costó horrores terminar la secundaria…

MA: La carrera me dio algunas herramientas técnicas que ahora me resultan muy útiles, pero supongo que para lo que más me sirvió fue para definir mi vocación como editora. Antes de empezar la carrera había tenido alguna experiencia editando una revista digital, Axolotl. Pero mi acercamiento a la literatura, incluso con RevistaAxolotl, había sido siempre desde la escritura, no desde una visión consciente de la edición. Venía de abandonar otra carrera que me había desilusionado, estaba desorientada con respecto a la formación que quería seguir, y con la carrera de edición descubrí algo que me entusiasma hacer. Tengo la enorme fortuna de poner esta vocación en práctica del mejor modo imaginable, con un proyecto editorial propio en el que yo propongo, construyendo un catálogo a nuestra medida.

PDM: También sos traductora. La traducción es un tema del que no se habla demasiado pese a ser fascinante.

MA: Sí, la traducción es realmente fascinante.

PDM: Hablame de la experiencia y aprendizaje que significa ser traductora en también el caracol.  

MA: Yo redescubrí la traducción, me amigué con ella, gracias a también el caracol. La carrera que abandoné fue justamente la de traductora pública. Siempre me gustaron los idiomas y cuando terminé la secundaria me anoté casi sin pensarlo. Fue un gran error elegir Traducción Pública solo porque se cursaba en la UBA. Seguramente es una carrera apasionante para muchos, para mí fue todo lo que está mal. Mal para mi realización personal y para mi espíritu. La traducción literaria es otro mundo, un mundo hermoso.

 PDM: ¿Qué obras tradujiste para también el caracol?

MA: La canción del arrozal de Lafcadio Hearn, desde el inglés. La primavera llegó en un carro tirado por caballos lo tradujimos con Masako Kano y Gabriela Occhionero. La experiencia de trabajar con ellas para traducir a Yokomitsu desde el japonés fue muy enriquecedora. Aprendí muchísimo, de trabajo en equipo, de japonés, de ciertas sutilezas del idioma que son muy difíciles de trasladar al castellano. Fue todo un desafío. Ahora estamos trabajando con Masako y con Maia Worsnopen el próximo título de la colección, enfrentando desafíos nuevos.


En cualquier caso, escribir, y convivir con un escritor, me ayudan a ponerme en lugar de la persona que me mandó su manuscrito y que espera una respuesta. Aprendí, por ejemplo, que al escritor no le molesta tanto el rechazo como el silencio.

  PDM: Las relaciones entre editores y escritores no son siempre sencillas, y vos estás en pareja con Miguel Sardegna, un escritor. Intuyo que eso le aporta a la editorial una… ¿cómo decirlo? Llamémoslo “sensibilidad extra”. ¿Me equivoco?

MA: Sin lugar a dudas, tener a un escritor en casa, y editando conmigo, ayuda muchísimo en cuestiones relacionadas con la selección y corrección de contenidos, para empezar. Pero también en mi relación con los autores. Miguel es buen consejero. Aprendo mucho de su experiencia con otras editoriales, de sus experiencias buenas y de las malas. Yo también escribo, aunque lo haga cada tanto y no le dé una prioridad especial frente a otras cosas que hago por épocas, como la música o el dibujo. En cualquier caso, escribir, y convivir con un escritor, me ayudan a ponerme en lugar de la persona que me mandó su manuscrito y que espera una respuesta. Aprendí, por ejemplo, que al escritor no le molesta tanto el rechazo como el silencio.

PDM: Eso que acabás de decir está para ponerle un marquito y colgarlo en la casa de cada editor: “Al escritor no le molesta tanto el rechazo como el silencio”. Sigamos: también el caracol está obviamente atravesada por el interés por la literatura japonesa, al punto que una de sus colecciones está dedicada a lo japonés. ¿Cómo llegaste a la decisión de inaugurar esa colección con La primavera llegó en un carro tirado por caballos?

MA Acaso elegimos a Yokomitsu por su amistad con Kawabata, por su espíritu experimental, por el título La primavera llegó en un carro tirado por caballos, por sus fotos con el pelo revuelto. No sé.

PDM:¡Las cuatro son grandes razones! Y hay una de ellas que envidio en particular, cuando terminemos de tomar el café te cuento cuál es.

MA: Dale. Y hablando en serio, sus ideas acerca de la literatura nos parecen interesantes, su constante búsqueda de renovación, la evolución de su estilo a lo largo de los años, producto de esa experimentación tan propia de él, su sensibilidad, su incómoda nostalgia. Bueno, es una mezcla de muchas cosas, ¿no? Algunas incluso difíciles de verbalizar. Es algo que se siente. Sentimos que Yokomitsu era el indicado.

PDM: Yokomitsu fue hace poco tapa de Ñ, cosa que difícilmente hubiese sucedido sin la publicación de también el caracol. Imagino que ese fue un pequeño hito en tu joven historia como editora.

MA: La verdad es que con este libro superamos nuestras expectativas. Nos agarró un poco de sorpresa. No esperábamos esta repercusión tan pronto. Confiamos en que la colección siga generando el mismo interés. Tenemos grandes proyectos para el año que viene, y seguimos investigando constantemente, introduciéndonos en nuevos caminos que se nos abren y se ramifican. Antes hablábamos de lo hermosa que es la experiencia de traducir a un autor japonés. Tan hermoso como traducirlos es el proceso de elegirlos.

PDM: El libro de Yokomitsu viene acompañado no por el usual prologuito de rutina sino por un estudio preliminar que se destaca por su extensión y profundidad. Vos sabés que ofrecer algo bueno tiene un problema: el lector esperará lo mismo para la próxima. ¿Estás decidida a que ese estudio no sea una excepción sino un sello de la editorial?

MA: Está muy bien que el lector espere eso de nuestros próximos libros. Vamos a satisfacer esa expectativa. La idea es que esos estudios preliminares de Miguel Sardegna, que es el director de la colección, sean una marca, un sello que nos identifique. Más allá de dar un marco a las obras y a los autores, con esos estudios preliminares pretendemos aportar una nueva visión de la literatura japonesa, proponer otras lecturas, abrir nuevos caminos.

PDM: La editorial también cuenta con una colección dedicada a la literatura argentina. Tras la publicación de Monoblock de Karina Sacerdote están a punto de lanzar una novela de Marcelo Rubio. ¿Podremos leerla para la Feria de editores?

MA: Es nuestra intención que El Cristo roto de Marcelo Rubio esté en la Feria de Editores. Ya está en imprenta, así que supongo que llegaremos sin problemas.

PDM: Intuyo que, tanto para Rubio como para ustedes, lanzar una novela tras Lo que trae la niebla tiene algo tanto de expectativa como de desafío extra.  

MA: Editar siempre es expectativa y desafío. Hay algo de la narrativa de Marcelo Rubio que me encanta, esas sutiles pinceladas de poesía desperdigadas con naturalidad cada tanto, cierta picardía en los diálogos, una especie de nostalgia arrabalera en su estilo de escritura. Y eso que me encanta de él está presente en El Cristo roto. Estamos felices con la colección de narrativa argentina que iniciamos con Monoblock de Karina Sacerdote, y a la que ahora se suma Marcelo. Espero que a los lectores les guste tanto El Cristo roto como a nosotros.

PDM: Estar al frente de una editorial también implica enfrentar ciertos daños colaterales. Por ejemplo: van a ser varios los amigos escritores que te ofrezcan sus manuscritos, y a la mayoría de ellos deberás rechazarlos. ¿Temés perder amigos? 

MA: Qué tema ese.

PDM: En esos casos no quisiera estar en tu lugar.

MA: No es que no exista el temor de que alguien se ofenda, pero nos preocupamos por ser respetuosos del trabajo y de las expectativas de todos los que nos mandan sus manuscritos, sean amigos o no. Si nos manejamos así, no deberíamos perder amigos.

PDM: Vamos con la última pregunta de Un café en Buenos Aires, Mariana: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería y a qué bar lo llevarías.

MA: Supongamos que hablo japonés antiguo y que puedo comunicarme con una poeta del año 800. Organizame por favor, Pablo, un encuentro con Ono no Komachi en alguno de los barcitos que hay en los callejones al lado de la estación de Shinjuku, en Tokio.

PDM: Confiá en mí, mi máquina del tiempo está afiladísima, así que ya lo estoy tramitando. Y decime, ¿qué pregunta le harías a Komachi?

MA: Le preguntaría cuánto de verdad hay en las leyendas que se cuentan de ella. Le pediría que me enseñe caligrafía, escribiría un poema con ella y le mostraría su carta en el uta-garuta, ese juego de cartas japonés que reúne los poemas de cien grandes poetas del tanka.

PDM: Y de paso también podrías contarle tu aventura con también el caracol, ¿no? Quién sabe, tal vez Komachi tenga algún poemita inédito para facilitarte.

MA: Y si no, le pido que escriba un par. Te cuento que hay algunos poemas que se discute si verdaderamente fueron escritos por Komachi. Sería genial preguntárselo y después confirmarle al mundo su autoría. No estaría nada mal. Podría preguntarle también si alguna vez escribió un poema haciéndose pasar por hombre, o que figure como anónimo en alguna de las antologías imperiales. Komachi fue una de los rokkasen, los seis inmortales. Qué bueno sería ese encuentro. Ya lo estoy aguardando con ansias.

Queríamos un nombre que remitiera a Japón, pero de una manera sutil, que no nos atara únicamente a la literatura japonesa




PABLO HERNÁN DI MARCO
Argentina. Corrector de estilo de cuentos y novelas. Autor de los libros libros Las horas derramadasTríptico del desamparo, Espiral Un café en buenos aires. conversaciones con escritores, lectores y libreros.


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