Un café en Buenos Aires con el escritor Gustavo Pastrana

“Publicar este libro es cerrar una etapa”

Hay pocos momentos más movilizantes en la vida de un escritor que los días posteriores a la publicación de su primer libro. Y es justo en esa ocasión cuando invité a Gustavo a conversar sobre todo lo referido a Murciélagos en la cama, su libro de cuentos que está llegando a librerías de la mano de editorial Azul Francia.

—Es cierto que el principal objetivo de un escritor debe ser escribir del mejor modo posible. Pero la verdad es que con eso no basta, llega un punto en que el escritor también necesita publicar. ¿Qué significa para vos la llegada a librerías de tu primer libro, Murciélagos en la cama?

Comparto eso de que el horizonte del escritor debe ser el de escribir del mejor modo posible. La idea del arte como mercancía nunca me atrajo, escribir paravender es una abominación, a decir de Sábato. No obstante, el círculo cierra cuando soltás el borrador. En ese sentido publicar para mí es, en principio, algo impensado años atrás, y significa cerrar una etapa. Cuando la editora Francisca Mauas me mandó la portada del libro vi en esa tapa algo más que una imagen. Vi años de trabajo, de perseverancia, de desoír el mandato social de estudiar, en mi caso, para ser contador público nacional (¡perdón vieja!), vi, al fin de cuentas, el desarrollo de lo que uno tiene para dar. Eso podría decirte que significa para mí la publicación de Murciélagos en la cama.

—¿Cuántos años de trabajo hay detrás de la decena de cuentos que conforman el libro?

Este libro se fue armando casi sin querer. Podría decirte que el primer cuento (“Terminemos lo que vinimos a hacer”) debe tener, mínimo, ocho años. Luego le fui dando forma a los demás, hasta que en un momento me encontré con una cantidad de páginas que, todas juntas, armaron un libro. Con lo cual, y respondiendo a tu pregunta, el libro me llevó casi diez años.

—Publicar es, entre otras cosas, poder ver a tu libro con cierta distancia. ¿Notás un hilo conductor entre los cuentos que integran Murciélagos en la cama?

Creo que hay algo que atraviesa a todos los cuentos. Nunca lo pensé bien, pero ahora, haciendo el ejercicio de pensar en voz alta junto a vos, podría decir que sí, hay algo que atraviesa a todos los cuentos, y sin embargo no puedo precisar muy bien qué es. Quizá sea la atmósfera opresiva de los personajes, no lo sé. Mejor que eso lo descubran los lectores.

—Soy de los que creen que a veces los lectores podemos descubrir más cosas que el propio autor, así que mencionaré un tópico que creo atraviesa el libro: los problemas económicos, las deudas que te impiden dormir por la noche. Me parece un tema interesante y original, porque pareciera que literatura y dinero no conjugan bien, y es insólito que así sea, porque casi todos, en algún momento de nuestras vidas, padecimos esa problemática (¡y más siendo argentinos!).

No me había percatado de lo que señalás, pero… sí, es cierto. La falta de dinero es el motor de algunos cuentos. Esa es sin dudas la problemática que martiriza a algunos de los personajes del libro: la asfixia, la incapacidad de pensar que provocan las deudas económicas.  

—Escribir un buen libro es complejo, pero encontrarle editorial puede llegar a ser aún más complejo. ¿Cómo llegaste a editorial Azul Francia?

La conocí en la única Feria del libro de Buenos Aires a la que asistí. Por esos designios del destino me detuve ante el stand de Azul Francia y compré un libro. Y así comprobé el hermoso trabajo que hace Francisca, la editora, junto a todo su equipo. Tiempo más tarde me animé y les envié un borrador. Pasaron meses, y cuando casi creí que no me darían ni bola, ocurrió el milagro y llegó un correo diciendo que los cuentos “están muy bien”. A partir de ahí comenzó este lindo camino que culmina con el libro en la calle.

—¿Tenés pensado presentarlo?

Como soy un ignoto escritor del sur del país hacer presentación en Buenos Aires es prácticamente en vano. Es muy probable que en mi ciudad natal sí lo haga, muy a mi pesar. Me gusta escribir, no tanto hablar, menos frente a todos. No obstante, entiendo que es parte de todo esto y la haremos. 

—Intuyo que la presentación en Buenos Aires será inevitable, tan solo habrá que esperar a que el libro realice su recorrido. Te cambio de tema: naciste y vivís en la Patagonia, en Cinco Saltos. ¿Qué me podés contar del movimiento literario de tu ciudad?

Lo que te puedo contar es prácticamente nada, ya que soy bastante huraño y no he participado de ningún taller de escritura (esa galería de espejos diría, otra vez, Sábato). Alguna vez, cuando viví en mi época de estudiante en Río Cuarto, participé en dos clases de un taller, pero acá, en Cinco Saltos no. No hay una gran movida en ese sentido, Cinco Saltos es más bien un pueblo culturalmente no muy activo, pese a ello tenemos un finalista del premio Clarín en nuestras tierras. Somos así.

—Uno de los cuentos que integra este libro fue elegido en 2024 para ser parte de Yo te cuento Buenos Aires, la antología que organiza la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Y recientemente recibió otro galardón, porque fue elegido para integrar Yo te cuento de Diamante, que incluirá a los mejores treinta cuentos publicados por ese concurso en la última década. ¿Qué podés contarle a nuestros lectores de ese relato?

Lo que puedo decir de ese cuento es, en principio, que es corto. Que habla de la tirante relación de una madre con su hijo que vive lejos, de la mala relación de ese hijo con su hermana, y, en definitiva, de lo desmembrado que está ese núcleo familiar que, alguna vez, “fue mejor que esto”, como dice un personaje al final del cuento. Puedo decir que el germen de ese cuento surgió en mi auto llevando a mi madre, que se encontraba agobiada por su situación económica. De todos modos, contar de qué trata un cuento, o una novela, no creo que sirva de mucho para el potencial lector, tan íntimo es el ejercicio de lectura y comprensión. Eso es lo bello del arte, que, entre otras cosas, brinda una multiplicidad de lecturas.

—Vamos con la última, Gustavo: Te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería y qué pregunta le harías.

Seguro que cuando lea esta entrevista publicada me arrepentiré de no haber nombrado a tal o cual artista, pero lo primero que se me ocurre contestarte es que invitaría a ese señor llamado Edgar Alan Poe. Lo sumaría a la mesa a Julio Cortázar. Y no cometería la torpeza de abrir la boca, de preguntarles algo, sería todo oídos. De lo que estoy seguro es que no tomaríamos café.

—¿Mejor un vinito?

Sí, mejor. Creo que Poe y a Cortázar van a preferir un rico vinito. Nos ayudará a elevar el espíritu.

Quienes quieran disfrutar de los cuentos de Murciélagos en la cama solo deben pedirlo en la página de Azul Francia Editorial: https://azulfranciaeditorial.mitiendanube.com