John Fitzgerald, autor colombiano de literatura infantil y juvenil, premiado con galardones como El Barco de Vapor, explora los temas de identidad y memoria, y resulta fundamental tanto para jóvenes lectores como para sus padres.
Por Jefferson Echeverría*
La vida de Cris es un laberinto de decisiones difíciles y caminos sin salida que se fragmenta tras un robo en un centro comercial. Justo cuando su mundo parece desmoronarse, emergen dos figuras clave: Aurora, una anciana que guarda en su mente la memoria de los hechos cruciales del siglo XX en Colombia y el mundo, y Dini, su mejor amiga, cuya conducta desquiciada amenaza con llevar a Cris por un sendero donde su cordura y su vida corren peligro.
Son tres las voces que nos narran sus secretos a través de pasados insólitos (muchas veces dignos de ser rescatados por la memoria privilegiada de los octogenarios), presentes confusos (tan propios en jóvenes que están luchando por encontrar su verdadero lugar en el mundo) y vacíos revelados (que suele ser muy común en aquellos que carecen de identidad). Así tal vez podríamos perfilar a los protagonistas de la inquietante obra Cuando nada nos queda del escritor colombiano John Fitzgerald Torres.
Los diversos instantes que discurren continuamente en diferentes conflictos personales e históricos, desparpajados e inusuales, representan la entrada a enseñanzas inesperadas que nos permiten apreciar el pasado y sus cicatrices, el presente y sus altibajos, y el futuro y sus sorpresas. Cuando reconocemos en varios ámbitos un estilo propio, nuevas expectativas parecen entrelazarse mutuamente con tal de proyectar una razón esencial sobre la vida, pues es en los instantes súbitos y en los dilemas y emociones internas que se forman rumbos precisos que, a la larga, nos permiten esclarecer el porqué de cada acto aparentemente común.
Creo que, al reconocer estas razones puntuales, lo que sigue posteriormente (es decir, la brevedad en los diálogos, el modo veraz en que se enlazan los conflictos tanto internos como sociales y el estilo auténtico, diríase fresco pero óptimo) complementa una vez más la verdadera finalidad con la que debe influir una novela juvenil, más allá de mencionar paisajes comunes, actitudes rebeldes y personajes que viven según las tendencias de su época. Y esta obra tan bien lograda no solamente supera dichas estructuras, sino que también nos invita a explorar otros ámbitos de la realidad a través de una sencillez que no dista de ser elocuente. Su persistencia en transmitir un mensaje que provoque sensaciones nos introduce a eventos insólitos de la historia humana, con el propósito de despertar una sincera curiosidad acerca del pasado que muchos tuvieron la oportunidad de vivir.
Inicialmente se nos muestra la imagen irreverente y locuaz de Cris como la voz principal que tiene la responsabilidad de llevarnos a desentrañar los diversos rumbos inesperados. Con el peso de la adolescencia recién cumplido, soportando una cianosis teñida de azul en sus labios (lo que acentúa aún más su apariencia enigmática) y conviviendo con un silencio que se extiende en cómplices maneras con su eterna compinche Dini, está a punto de confrontar una de las mayores consecuencias a causa de su carácter impulsivo. El punto de partida ocurre justo en un suceso particular, aparentemente inofensivo, pero de una relevancia necesaria para explicar el porqué de eventos próximos.
Por influencia de Dini, Cris decide hurtar un six-pack de gaseosa en un centro comercial. Al ser descubierta por los guardias, es acusada y sentenciada a la terrible pena de pasar todas sus vacaciones ayudando en labores sociales en un lugar geriátrico que está ubicado cerca de su casa. Presa de una terrible amargura y al borde de anticiparse al aburrimiento más absurdo, la joven Cris de labios azules todavía no sabe que está a punto de vivir una de las experiencias más insólitas de su existencia.
Al llegar al susodicho lugar, Cris se sorprende al saber que, por alguna extraña razón, debe cuidar solamente a una anciana de edad desconocida. La mujer, del típico semblante decaído, la mirada perdida en vagos pensamientos, la soledad remarcada en el peso de sus huesos frágiles y las señales de la tristeza que dibujan un rostro surcado de arrugas, confirman el mismo aire hostil de cualquier anciano. Hasta ese momento, nada novedoso promete un desafío vital en la inquieta suspicacia de Cris. Sin embargo, un gesto súbito, acompañado de unas palabras (al principio incomprensibles, pero posteriormente impregnadas de una profundidad capaz de dejar perplejo a cualquiera), abre el camino a una serie de eventos históricos cuyos enlaces vertiginosos se convierten en una confesión sucesiva jamás contada. A partir de este encuentro ocasional, el silencio deja de ser una barrera entre ambas, la amistad se fortalece a medida que en cada confesión se abren huellas enriquecidas por el siglo pasado.

«Sé bien de dónde vengo…» es el primer signo de un sendero que renuncia a bifurcarse dentro de la mente lúcida de Aurora, la nueva y anciana amiga de Cris. Este poema inconfundible conjura toda trampa del olvido y redefine un acto de resistencia contra los embates del tiempo. Desde muy niña, cuenta Aurora que tuvo que soportar el cruel estigma de saberse prófuga y vivir sin patria en pleno conflicto nazi. Al perder abruptamente a su familia, se ve obligada a trasegar por distintos rincones del mundo y prácticamente esconderse bajo las sombras del anonimato. A lo largo de sus etapas vitales, son múltiples los hechos que se tornan escabrosos al mismo tiempo que la favorecen tanto en sabiduría como en travesías inauditas. Lo que para Aurora ha sido una lucha permanente de supervivencia, para otros (sobre todo para Cris) significa una verdadera fortuna el hecho de ser una persona elegida por la historia para presenciar momentos tan importantes como vertiginosos.
Quién pensaría que detrás de ese montón de huesos y arrugas se hallaría una persona capaz de soportar décadas y registrar, tanto en papel escrito como en memoria hablada, sucesos tan impactantes como: la Segunda Guerra Mundial, la muerte de Gaitán, el golpe de Estado en Chile, los múltiples conflictos en gran parte de Suramérica, y un sinnúmero de situaciones, para después terminar recluida en el más injusto abandono, como una figura anónima y prácticamente exiliada del amor de sus seres queridos. O a lo mejor son puros inventos que se confunden con verdades para ensalzar una vida que jamás vivió, pero que hubiera querido tener con tal de sobrellevar la vergüenza del abandono. Es lo que piensa al principio la incrédula Cris tras no dar crédito a tanta lucidez y elocuencia. Pero poco a poco se convence de la veracidad de los hechos y el entusiasmo con que la quebrada voz de su amiga continúa evocando según su memoria le permite.
Gracias a este vínculo entrañable, hay un cambio rotundo en la manera de apreciar la vida. En el corazón de la joven Cris se produce una madurez única en su manera de actuar. Pese a que Dini sigue siendo una figura influyente en sus días, y el deseo de desafiar las reglas de la sociedad le atrae con la misma intensidad de siempre, no ignora el sentimiento sincero profesado hacia Aurora, cuya nobleza se convierte en el aliciente preciso para soportar sus nuevas adversidades, entre ellas, la de Ángel, la otra voz que, exenta de propiedad, también acapara un impacto definitivo en el crecimiento interno de la joven Cris. Su aparición súbita la conduce a otros extremos más confusos que la obligan a tomar decisiones y, de su carácter aprendido, está la responsabilidad de evitarse un desenlace mucho más certero. En síntesis, de todo este entramado de sucesos discurre una obra sutil y envolvente donde los lectores no solo podrán apreciar una sorprendente narración, sino que también se permitirán reconciliarse con el pasado y sus lecciones de vida contadas por las voces que alguna vez resistieron las heridas provocadas por el ayer.
Gracias al trabajo de edición de Julian Acosta Riveros y la diagramación de Martha Cadena e Iván Correa, Panamericana Editorial nos ofrece una historia ejemplar y delirante que nos remite al pasado y al mismo tiempo nos acerca a las problemáticas del presente.