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Armas de juego…en el corazón

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Armas de juego…en el corazón
By Libros y Letras 24 de febrero de 2015
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Por: Carlos Orlando Pardo.
“Siempre creí que, el aporte de, a la literatura colombiana, desde el Huila, que la hacen todos los departamentos de Colombia, y de qué manera, no se había quedado en José Eustasio Rivera, que sigue siendo un autor imprescindible e importante porque refleja una historia del país, de ese país que añoraríamos hoy en medio de la desaparición de la selvas y en la mitad de la sequía. Cuando el bosque y la selva eran los protagonistas, como lo fue en Rómulo Gallegos el llano. Los grandes novelistas del llano y de la selva en América Latina. Después de esos acontecimientos hubo un largo silencio, hasta la aparición en la narrativa colombiana, después de García Márquez, de Benhur Sánchez Suárez y de Humberto Tafur. 
Humberto, desde su primer libro de cuentos que fue calificado por Manuel Zapata Olivella como el Rulfo Colombiano con toda la razón, por la gracia de su lenguaje, por la eficacia de sus frases y por la sinceridad de sus historias, aparentemente sencillas pero llenas de la complejidad de lo que significa vivir en la provincia.
Y luego llegó Benhúr Sánchez Suárez que fue el primer gran novelista del Huila, después de José Eustasio Rivera. No solo desde muy joven quedó finalista de premios internacionales como el de Planeta, sino desde muy joven fue publicado por las más importantes editoriales internacionales de las que se tenía noticia en Colombia para el exterior. Su figuración como crítico de arte en páginas de un suplemento importante que tenía en el Siglo, su participación en el activismo cultural como director de extensión cultural en Neiva, donde cumplió el primer encuentro de escritores que dio lugar a muchos otros en el país, sus columnas permanentes en periódicos de ésta parte del país y su reconocimiento a través de diversos críticos nacionales, generaron el que fuera el escritor más importante del Huila. 
Y de eso han pasado cuarenta años. Cuatro décadas de un largo silencio, donde han existido docenas de escritores que de manera episódica, como flor de un día aparecen con un libro, que de manera episódica aparecen en un concurso regional, que de manera episódica aparecen con buenas intenciones, pero no son capaces de seguir portando la camiseta de la literatura hasta el final. No tienen esa voluntad de Efraín Forero y de Medina Meza y de Cochise Rodríguez que participaron en muchas vueltas a Colombia, para ganarse algunas, o de Ruben Darío, no les interesaba ganarse ninguna vuelta distinta a existir mediante una devoción absolutamente loca en apariencia como era la de escribir.
Y pasaron cuatro décadas, hasta que tuve la fortuna de encontrarme como usualmente se hace, desde hace mas de dos décadas, casi tres, en la Feria Internacional del libro, con escritores que uno conoce superficialmente y con los que tiene, la amabilidad de compartir libros, tu me entregas tu libro yo te entrego mi libro, y yo me quedé con un libro de Marco Polo de quien ya conocía, que era un escritor colombiano del Huila, y que había leído un poco en forma superficial con cierto desdén y para entonces no me convenció de que hubiese sino como la fabricación de un sueño que seguramente iba a ser mas grande. Y es cuando me queda su novela, a la que yo le di vueltas para arribar a ella porque tenía grandes dimensiones, y yo sabía que había que internarse por lo menos una quincena de días, frente a mi horario para incursionar en ella.
Benhur Sánchez con quien hablamos por fortuna a diario para preguntarnos los artículos, los nuevos libros, de cómo estamos, en esa fraternidad amable y bella de la literatura siempre me insistía en la circunstancia, de si ya había empezado a leer la novela de Marco Polo.
***
Finalmente un día, a las cinco de la mañana empecé la lectura.
Yo que había entrado con tanta desconfianza a ese plato, advertí desde el primer momento que se trataba de algo suculento, como cuando a uno le ofrecen la prueba de una comida, que se vende callejera como nuestra lechona tolimense, como nuestros bizcochuelos o como ocurre en muchas partes. 
Y yo me quedé fascinado con la primera página, con la segunda y con la tercera y cuando iba en la página ciento veinte esa mañana, advertí. 
Sin duda, que se trataba de un gran escritor.
¿Qué me descrestó de ésta novela y de éste autor como Marco Polo?
Primero, no tanto la temática, que ha sido tan trajinada a lo largo de la literatura colombiana. Una temática en la que yo me sentía como en mi casa, por cuanto son cosas que yo también he vivido, porque de alguna manera somos contemporáneos aunque Marco Polo es mucho más joven que yo, pero como vivimos en provincia, como hemos manejado unas experiencias similares de la infancia, frente a la familia, frente a la historia, frente a la violencia, pues no me decía nada nuevo, realmente.
A mí lo que me descrestó, lo que me fascinó y lo que me sedujo realmente, fue el lenguaje. Y uno sabe que la literatura es esencialmente lenguaje. La literatura es la vida resumida en un libro. Y allí estaba la vida de unas, de varias generaciones. Estaba la vida mía, misma, puesta allí, como si yo me sintiera protagonista del libro que es una gran verdad de un libro. Yo estoy ahí, yo estoy mirando lo mismo que está mirando el autor. Lo mismo que él me cuenta, pero la forma en que lo dice, fue lo que me convenció.
Y cuando yo empiezo a ver que la novela avanza, que voy en la pagina doscientas cincuenta y que no me aburre en la medida en que la estructura del edificio, tiene varios pisos, varios planos, yo no me canso porque paso fácilmente de uno a otro, como en las telenovelas cuando una escena queda en punta y paso a otra y yo iba en un paseo bastante agradable, aunque desagradable por lo que contaba, porque no son precisamente momentos felices los que evoca y los que describe el autor, pero que son parte fundamental de la historia contemporánea. Y estoy hablando de cincuenta años atrás, estoy hablando de treinta, estoy hablando de veinte, estoy hablando un poco de nuestra propia edad y de nuestra propia época.
Pero creo, que en la literatura no hay temas nuevos ni temas viejos, en la literatura siempre se tienen los mismos temas, lo que pasa es que hay maneras de abordar esos temas y aquí hay una manera fabulosa de abordarlos. Donde a veces lo truculento se vuelve poético, lo terrible se vuelve hermoso y es capaz de despertar lágrimas y en donde las escenas van captadas, de una manera sensible y no sensiblera y contadas de una manera fría, pero que no despierta la frialdad del lector. 
Cuando un libro a mi juicio, mas de lo que cuenta, la forma en que lo que cuenta está bien dicho, y la estructura de lo que dice, está bien armada, yo siento que aquí hay un gran escritor.
Porque estoy cansado de leer muchos libros, que son un poco como el papel higiénico que se bota a la caneca, a veces con desprecio…
Y aquí uno se queda con sus páginas en la mitad del corazón”.