Blanca Riestra: «Las bibliotecas son madejas de voces hablando al unísono»

Con motivo de la participación de Blanca Riestra, premiada novelista y doctora en Filología, en Benengeli 2026, el festival literario del Instituto Cervantes, conversamos acerca de su obra en relación con el eje temático del presente año: las bibliotecas, esos espacios de imaginación y de conocimiento.


Por. Marta Falagán

En la narrativa de Blanca Riestra (A Coruña, 1970) se encuentra destilada una poesía muy personal que parece explorar constantemente las posibilidades evocadoras del lenguaje. Riestra escribe en castellano y en gallego con la audacia y la maestría de quien los conoce con hondura, de quien ha dedicado toda una carrera literaria a investigar y experimentar con su cadencia y su música.

Doctora en Filología Hispánica, ha sido merecedora de múltiples galardones con novelas como El sueño de Borges (2005, Premio Tigre Juan), Pregúntale al Bosque (2013, Premio Ciudad de Barbastro), Greta en su laberinto (2015, Premio Torrente Ballester), Noire Compostela (2016, Premio de novela por entregas de La Voz de Galicia), Últimas noches del edificio San Francisco (2020, Premio Ateneo de Sevilla) o Aquí comenza o mar (2021, Premio de Novela Blanco-Amor).

MF: Recuerdas en tu novela El sueño de Borges que el legendario escritor imaginó el universo como una biblioteca gigantesca, casi infinita. ¿Qué han significado para ti las bibliotecas en tu trayectoria como autora?

BR: Yo me recuerdo de niña, curiosamente, dibujando bibliotecas sin parar. Por entonces no escribía, pero sí que debía de ser ya quizás lectora, porque los libros como fenómeno estético me parecían muy bonitos. Quizás porque en casa de mis padres había muchos libros y esa acumulación me parecía algo muy hermoso.

Después, mis propios libros. Yo tengo una biblioteca que ha ido viajando conmigo a lo largo del tiempo y que, en vez que ir creciendo, ha ido disminuyendo. Intento que disminuya porque todos sabemos que los libros no caben en ningún lado, así que he intentado quedarme con lo esencial. Tengo libros, pero muchos los he regalado o los he perdido.

Conservo ahora lo que es más precioso para mí: bastante poesía, bastante ensayo, filosofía, novelas, mucha literatura extranjera en general, francesa e inglesa. Leo también muchas novedades, pero en general intento leerlas en Kindle, porque si no, no cabrían en casa.

MF: En Aquí empieza el mar defines la teoría de la literatura como «un andamiaje donde todo cabe y encuentra su sitio, una alacena maravillosa y comprehensiva». Podría ser también una hermosa descripción de una gran biblioteca.

BR: Últimamente estoy bastante fascinada por las teorías. En el fondo Aquí empieza el mar es un intento de crear una teoría, una teoría de todo, del funcionamiento del mundo. De intentar buscar la causalidad de lo que ocurre, cuáles son los vínculos que nos unen, que unen los hechos y los acontecimientos con sus consecuencias.

Piensa que la protagonista de Aquí empieza el mar, cuando se encuentra en la universidad con la teoría de la literatura, es uno de sus primeros encuentros con las ciencias teóricas. Y queda fascinada por esa teoría que pretende dilucidar cómo funciona ese misterio que es el texto literario, y lo hace creando una serie de reglas con las que luego puedes estar más o menos de acuerdo.

MF: La sistematización. Algo también necesario en cualquier biblioteca.

BR: Claro, la sistematización. Eso es. El intentar buscar reglas. En general, casi siempre, yo dudo mucho de los sistemas. Creo que los sistemas son siempre intentos fallidos, ¿no? Pero ya solo el intento en sí, el objetivo de esta disciplina, me parece maravilloso.

MF: Como en toda buena biblioteca, en tu literatura encontramos más de una lengua. Tus novelas Noire Compostela, Tritón, o Aquí comenza o mar están escritas en gallego. ¿De qué manera eliges una lengua para una historia determinada? ¿Cómo se relaciona el idioma con aquello que quieres narrar?

BR: De adolescente, yo estudié en Santiago y escribí bastante poesía en gallego. Luego me pasé al castellano cuando me fui a Francia, después a Madrid… bueno, viví en muchos sitios. Cuando regresé a Galicia, me resultó evidente que tenía que volver al gallego, porque me parecía que el hecho de escribir en castellano desde Galicia era un posicionamiento político que no me gustaba nada, como una especie de traición a mi cultura. Creo que tener una lengua propia es una herencia maravillosa. Vivir en un territorio que tiene una lengua distinta e ignorarla o despreciarla me parece terrorífico, ¿no? Entonces volví a escribir en gallego y, la verdad, creo que es cuando estoy escribiendo mejor. Me encuentro mucho más cómoda. Pienso que mis últimos libros están siendo los mejores, yo creo.

MF: Yo también lo creo.

BR: Es que el tema de las lenguas es muy interesante. Por ejemplo, muchos de los grandes autores en castellano son gallegos, ¿no? Pensemos por ejemplo en Valle-Inclán, en Torrente Ballester o en Cunqueiro, que escribieron en castellano. Cunqueiro también escribió en gallego y se autotraducía. Pero lo que tienen, lo que hace que su castellano sea tan hermoso (porque es de los mejores castellanos que hay), es la pulsión del gallego que va por debajo. Como la respiración del gallego tapado que va por debajo. A mí eso me parece interesantísimo.

Al final, creo que no hay mayor lujo que tener una lengua propia. Además, el gallego es una lengua que resistió frente a la represión política durante siglos. Porque estuvo ahí aplastada por diferentes autoridades a lo largo de la historia, desde los Reyes Católicos. Fue una lengua transmitida oralmente por los campesinos. Es algo impresionante.

Más adelante, también la burguesía se empeñó en recuperarla. Personalidades todas bastante particulares. En general, si ves una línea de los autores importantes de la literatura gallega, son todos autores muy excéntricos. Excéntricos porque están en la periferia, pero excéntricos también por sus obras, muy personales, muy individualistas. En ese sentido, mucho más libres, muy relacionadas con las vanguardias europeas.

Luego hay una relación más estrecha con la fantasía que en la literatura castellana, donde hay más tendencia hacia el realismo. En Galicia el juego entre lo realista y lo fantástico está mucho mejor percibido. También creo que la literatura gallega le da un poco de espaldas a la moda, está menos influenciada por las corrientes de mercado y es más generosa también con la individualidad y con las transgresiones a la hora de escribir.

MF: De hecho, las dos últimas novelas que has publicado han sido en gallego, pero Aquí empieza el mar cuenta también con su edición en castellano. Quisiera preguntarte por el proceso de traducción; supongo que, al traducirlas, tal vez hiciste un cierto trabajo de reescritura.

BR: Es complicado, porque nos parece que el gallego es muy parecido al castellano, ¿no? Pero no lo es tanto. No lo es tanto porque las lenguas no son solo léxico, vocabulario con su equivalente, sino que son también construcción de la frase y la sintaxis.

MF: El ritmo, la melodía…

BR: La melodía, el orden de las palabras en la oración y en el párrafo, que en gallego cambia completamente. El gallego tiene mucha tendencia, por ejemplo, al hipérbaton. Las palabras cambian de orden, y así el ritmo cambia también, al igual que los párrafos. Entonces una traducción textual sería prácticamente imposible. Sería imposible. Con Aquí empieza el mar me traduje yo, y es cierto que ha sido como reescribir el libro.

MF: Según abres la novela en castellano no se nota una traducción, porque hay una musicalidad, una artesanía con las palabras, que parece creada desde cero. Y es que en tus novelas destaca mucho el manejo del lenguaje. ¿En qué medida ha influido la poesía, como género, en la construcción de tu voz narrativa?

BR: Desde hace tiempo, no creo mucho en los géneros. Quiero decir, he leído mucha poesía y ahora estoy leyendo también mucho pensamiento, pero creo que los géneros son divisiones históricas, contextuales, que sirven para un determinado momento y que han variado también según las épocas. Yo, francamente, creo que no me interesa demasiado la etiqueta. En general, me siento sobre todo escritora de novela, porque la novela para mí es como un cajón de sastre, un saco donde cabe todo. Tiene unas dimensiones, una temporalidad, que me conviene, porque ahí entra todo: ahí entran las historias, entra la reflexión, entra la poesía.

Otra cosa que me gusta muchísimo de la novela es que, al tratarse de un formato largo, parece que se desdibujan los bordes. Se desdibujan los bordes entre libro y libro, y también, incluso, entre libro y realidad. Es como si las fronteras quedasen emborronadas, y eso me gusta.

MF: Sí, de hecho, Pregúntale al bosque y Aquí empieza el mar son libros que dialogan mucho entre sí.

BR: Claro, es que realmente ese sería el ideal. Que los libros de cada uno —quizá también con los libros de los otros— se comunicasen, ¿no? Creo que era Maurice Blanchot el que decía que escribimos incesantemente el mismo libro. Aunque el libro que tienes en la cabeza, el libro ideal, no sale nunca. Tenemos que repetirlo eternamente a ver si sale mejor, si decimos mejor las cosas.

MF: En tu literatura encontramos muchas reflexiones sobre la naturaleza del acto de escribir, sobre la escritura como ejercicio y forma de habitar el mundo. Mencionas en Pregúntale al bosque que no es posible escribir sin hambre, sin sed.

BR: Sí, porque la vocación de escribir, en cierto modo, es algo que está muy bien, pero al mismo tiempo es una condena. Es estar corriendo toda tu vida detrás de algo que nunca se consigue, porque nunca estamos satisfechos. En el fondo no está mal porque tira de ti siempre. Te pase lo que te pase, sabes que no te vas a parar porque tienes que escribir el siguiente libro.

Creo que fue Juan Goytisolo el que dijo que había dejado de escribir porque ya no tenía libido, ya cuando era muy mayor, ¿no? Eso a mí me chocó muchísimo, esa expresión, porque creo que es muy ajustada. Es una especie de deseo que tienes y que no tiene solución. Lo tienes ahí, terminas, y ya empiezas a pensar en el siguiente libro. Es así. Es como una especie de pulsión. En definitiva, yo no me quejo, no me voy a quejar, pero no sé si tampoco lo considero la profesión ideal.

MF: También dices que «escribir también es dar cuenta de lo perdido».

BR: Es verdad que siempre tenemos la impresión de que cuando escribimos salvamos las cosas del olvido. Un poco de manera provisional, porque al olvido seguramente iremos todos, ¿no?, y los libros seguramente también. Pero además yo pienso, o tengo la creencia, de que escribir tiene algo de existencial. Quienes escribimos —aunque no solo los escritores, sino también quienes hacen cualquier cosa con mucho convencimiento—, estamos luchando contra la inexistencia del mundo. Creo que el hecho de querer poner por escrito, plasmar lo que es el mundo y la vida, en sí ya es un acto de resistencia frente a la desaparición.

MF: Reflexionas también sobre la escritura autobiográfica o autoficcional. Por ejemplo, la protagonista de Pregúntale al bosque se promete «no escribir nunca sobre sí misma, o hacerlo, pero sólo mientras hablaba de los otros».

BR: Bueno, yo creo que toda escritura es autobiográfica, incluso la escritura de fantasía. Todo es autobiográfico porque es inevitable hablar desde la visión, desde el ego y desde la visión propia del mundo. Entonces, aunque esté disfrazado de alguna manera, para mí todo es autobiografía o autoficción.

Así que no, no lo rechazo para nada. Creo que en el fondo es un recurso, y que ignorarlo sería un error total. De hecho, todo está lleno de autobiografías. Puedes analizar la historia de la literatura desde el Lazarillo de Tormes hasta el Quijote, y todo está lleno de «yoes». E incluso te diría también que hablar de uno mismo no implica tampoco solo hablar desde el «yo». Puedes utilizar otros narradores para hablar de ti mismo, no necesariamente la primera persona, ¿no?

MF: Desde luego. De hecho, en Aquí empieza el mar llama mucho la atención cómo vas cambiando de primera, a tercera, a segunda persona, hablando siempre del mismo personaje.

BR: Sí, estoy experimentando con eso. A mí la narratología, el estudio de los recursos narrativos —el tiempo, el narrador, el espacio en los textos literarios— me interesa hasta cierto punto. La he tenido que estudiar mucho, pero es algo que me fastidia bastante. Porque lo que no se ha entendido desde las escuelas de escritores es que el manejo de los recursos no puede ser prescriptivo. No puede ser que te digan: «Tienes que escribir en primera persona, y no tienes que hacer tal cosa.» ¡Pues haré, señor, lo que me dé la gana! Yo, ahora, si no puedo utilizar los recursos narrativos como quiera, no quiero escribir, porque me parece un aburrimiento. Me gusta muchísimo el juego y la experimentación. Y demostrar que funcionan, porque yo creo que funcionan.

MF: Funciona, porque en esta novela se entiende perfectamente y además sorprende y divierte.

BR: Claro, porque creo que la vida es así. Hablas de «yo», otro te habla de «tú», también puedes hablar de «tú» contigo misma, desde fuera te ves como una tercera persona… Creo que eso es la realidad, no el discurso estático, uniforme, sino la variación.

MF: Hablando de variación. La noche sucks, Últimas noches del edificio San Francisco, Aquí empieza el mar… Has escrito novelas con multitud de personajes bajo un foco que va cambiando; novelas corales. Estas novelas tejidas con historias múltiples, ¿pueden constituir, en sí mismas, pequeñas bibliotecas?

BR: Pues mira, justamente pensando en esto, estaba yo mirando la librería, y es curioso porque los libros son personas, discursos de personas, voces de personas que ya no están, y que están hablando al unísono. Eso son los libros y las bibliotecas. Las bibliotecas realmente son como madejas de voces. Los libros hablan cuando los abres y se cierran. Es bastante impresionante si lo piensas, que pervivan las voces de la gente de esa manera.

Eso en cuanto a las bibliotecas. Respecto a la coralidad, claro, es que yo veo el mundo así: como una especie de madeja de voces entrecruzadas. Creo que se ve muy claramente en lo que nosotros pensamos, lo que leemos, lo que vemos en internet, lo que nos dicen los amigos, lo que oímos… Todo eso, entrecruzado, es la realidad, ¿no?

La realidad no es un discurso monológico, ni siquiera un diálogo; está compuesta por discursos que se entrecruzan. Y creo que un discurso desde un solo punto de vista, y con una sola voz, para mí no sería fiel a lo que es el mundo.

Antes hablábamos de Borges, de la biblioteca, la gran biblioteca del mundo. Borges habla también de otra metáfora, que es el Congreso del Universo. El gran Congreso que es todo lo que la gente dice y que ocurre al mismo tiempo, en todos los tiempos, paralelos o entrecruzados. Yo creo que eso es la literatura, o, en mi caso, eso es lo que yo quiero reproducir. Esa sensación de simultaneidad y de polifonía.


¿Cómo seguir el festival?

El Festival de literatura Benengeli se realiza del 25 al 29 de mayo. Se podrá seguir a través de las plataformas virtuales del Instituto Cervantes, así como en los podcasts y medios aliados del festival.

Programación: https://cvc.cervantes.es/benengeli/26/calendario.htm