Cristina Jurado reúne sus cuentos más representativos en un libro

Cristina Jurado - Archivo personal.

En Mil desiertos la escritora española sorprende al lector por los inesperados cambios de registro en la voz narrativa en un mismo cuento.

Páramos del futuro

Las preocupaciones de la ciencia ficción clásica han quedado relegadas al pasado: la colonización de otros mundos, el contacto con seres extraterrestres y la creación de máquinas para viajar en el tiempo dan paso a temas como la ficción climática, el ecofeminismo, las enfermedades generadas por el entrenamiento espacial para los habitantes de las futuras colonias, etc.

En Mil desiertos (Eolas Ediciones, 2022) la escritora española Cristina Jurado (Madrid, 1972) sorprende al lector por las temáticas que trata, los diferentes puntos de vista y los inesperados cambios de registro en la voz narrativa en un mismo cuento. Es el caso de “Huevos”, que describe un futuro donde se maneja un lenguaje no binario y en donde la ectogénesis es una alternativa para la reproducción. En esta obra además se incluyen textos galardonados y antologados varias veces como “La segunda muerte del padre” (premio Ignotus al mejor cuento en 2017), “Inchworm”, inspirado en el video de Ashes to Ashes de David Bowie, “Lamia”, que toma la famosa figura de la mitología griega que devoraba niños y seducía a los hombres para explicar su origen, y seis historias más para el deleite de los amantes de la ciencia ficción y el terror.

Jurado es autora de Del naranja al azul (Novum Publishing, 2012), CloroFilia (Editorial Cerbero, 2017), Bionautas (Cerbero, 2018), Alphaland (Nevsky Books, 2018), entre otros. Además de escribir narrativa trabaja como editora en la dirección de la revista digital Supersonic.

A continuación, una charla que tuvimos con la escritora acerca de Mil desiertos.

-¿Cómo fue el proceso de organizar y recopilar los diferentes relatos en un libro?

Le envié a mi editora de Eolas casi dos docenas de cuentos y fue ella la que eligió los que le parecieron más representativos, tanto en temática como en enfoque. Quiso realizar una obra recopilatoria que recogiera la mayor cantidad de registros posibles de mi repertorio, desde la ciencia ficción más clásica, hasta la fantasía oscura, pasando por el ecofeminismo, el relato posapocalíptico e incursionando en el humor. Por tanto, la selección y el orden de los relatos han sido cosa de la editora.

-La mayoría de lectores quizá te conocen por “La segunda muerte del padre”, un cuento antologado varias veces y galardonado. ¿Qué puedes contarnos sobre las influencias detrás de este relato y su escritura?

Ese cuento, que no he vuelto a releer desde que lo escribí, me sirvió para ahuyentar ciertos fantasmas personales. Literalmente está escrito tras el fallecimiento de mi padre y lo que cuento sucedió aunque me he tomado algunas licencias metafóricas para abordar ciertos temas. Detrás del relato late la necesidad de contar aquello que me hacía daño, como si escribirlo consiguiera despojarlo de su poder destructor. Quizás lo enfrenté en su momento más como una terapia que como un cuento y, desde luego, nunca tuve la intención de publicarlo. Es el cuento que más rápido he terminado, dejándome llevar casi por una especie de escritura automática que perseguía, sobre todo, exorcizar traumas familiares. Aún me pregunto por qué gusta tanto, con lo frío y despiadado que es.

-Hay relatos como “Inchworm” cuyo origen es explicado antes de la lectura sorprendiendo por la manera en que una imagen de un video musical puede ser la semilla de una historia tan dura…. ¿Qué otros elementos entraron en la construcción de este cuento?

David Bowie ha sido, es y será una influencia muy importante para mí. Cuando era pequeña siempre quise ser Bowie. Su apariencia andrógina me fascinaba y sus temas me sonaban muy familiares, aunque los escuchara por primera vez. Es extraño cuando consigues tal nivel de sintonía con un artista que ni siquiera es de tu misma cultura o edad. La imagen del astronauta colgado de una pared con tubos que salen de su traje para nutrirlo y aliviarlo me parecía muy poderosa: cuenta lo que le sucede al famoso Major Tom de la canción “Space Oddity” una vez que sale de la nave espacial y se lanza al vacío. Para mí la imagen recoge la acción de una nave consciente que actúa de madre y cuidadora, y así quise reflejarlo en el cuento. El trauma infantil que narro al final es una licencia que me tomé para dar sentido a las alucinaciones del astronauta. En realidad, y aunque no lo parezca después de una primera lectura, es un cuento muy esperanzador.

Cristina Jurado. Archivo particular.

-El desarrollo de la mayoría de historias subvierte lo que un lector podría esperar del género scifi o fantástico, incluyendo un twist que cambia todo al final. ¿Cómo trabajas ese elemento de sorpresa en el proceso de escritura?

Para mí es muy importante: 1) entretener a la audiencia; 2) no aburrirla, y 3) no dejarla indiferente. Por eso suelo usar ciertos elementos que me permiten conseguir -espero- estos tres objetivos. A veces lo intento con un final inesperado y abierto. Otras incluyo una pizca de terror hacia el final o intento generar inquietud a lo largo de todo el texto. Todos estos elementos actúan como efectos que rechinan, incomodan o atemorizan pero que prácticamente siempre sorprenden. Supongo que, al final, intento infundir en lo que escribo aquello que busco en lo que leo.

-Uno de mis cuentos favoritos fue “Lamia”, por la forma de abordar un tema mitológico y mezclarlo con elementos del género del terror. ¿Cómo surgió esta historia?

“Lamia” responde, como la mayoría de los cuentos de esta antología, a un encargo. La editorial Tinta Púrpura me propuso participar en una antología titulada Monstruosas sobre criaturas femeninas monstruosas. Había una lista y opté por este personaje porque existe en varias mitologías y eso lo convierte en universal. Además, la idea de la madre como monstruo me parece muy potente e interesante: aquella persona que se supone que debe proteger a su descendencia por sobre todas las cosas, es origen de (probablemente) la mayor parte de nuestros traumas como seres humanos. Porque no hay nada más aterrador que la familia.

– “Vertedero” empieza como una historia posapocalíptica digamos que convencional, pero al avanzar nos damos cuenta de que es algo más complejo. ¿Recuerdas la idea inicial y cómo fue el trabajo con esa voz que va entrometiéndose en la narración y que cambia todo el sentido del cuento?

La idea inicial proviene de otro cuento en el que escribí con una Tierra en la que los seres humanos estaban organizados en rebaños que nutrían a una raza superior de seres poshumanos. Me imaginé otra versión en la que el planeta estuviera cubierto literalmente por toneladas de basura y decidí especular sobre cómo se organizaría la vida. Dividí a la mayoría de la gente en bandas especializadas en reciclar un tipo de material y así construí el worlbuilding. En cuanto a la voz disruptiva, ya utilizo un recurso parecido en otro cuento, en “Vanth”. En “Vertedero” se trataba de hacer dudar al lector: ¿la protagonista oye voces o tiene un ser parasitando su mente? Me gusta mucho jugar con la percepción de la audiencia y dejarle la libertad de decidir qué prefiere creer. También creo que es un buen recurso para abordar el trauma infantil del personaje principal.

«No me gusta estar cómoda: siento que, cuando empiezo a acomodarme en un género, me repito y pierdo calidad.«

-Escribes en español y en inglés; ¿hay alguna historia que funcione mejor en una lengua y no en otra? ¿Cómo decides en cuál lengua escribir determinado cuento?

En realidad, yo no elijo el idioma: es la historia la que lo hace. A veces -la mayoría- surge en español, pero otras lo hacen directamente en inglés. Es algo que no puedo controlar. No es como si de pronto se me ocurre una idea y entonces selecciono un idioma. El concepto nace ya con un lenguaje aparejado y yo solo actúo de médium para trasladarlo al papel. Es como soñar: hay veces que sueño en inglés, otras en español, otras en francés o en árabe… Ni yo misma puedo dominar mi inconsciente. Por eso no creo que las historias funcionen bien o mejor en un idioma u otro. De hecho, tengo historias en varios idiomas y yo creo (o, al menos me gusta creer) que tienen la misma fuerza.

-¿Hay algún género en el que te sientas más cómoda o que se dé más natural a la hora de escribir?

No me gusta estar cómoda: siento que, cuando empiezo a acomodarme en un género, me repito y pierdo calidad. Por eso intento cambiar de registro tanto como puedo. Quizás eso añada volatilidad a mi trabajo, pero es algo que no me preocupa. No estoy obsesionada con este tema y no quiero que se me encasille como autora de tal o cual género. Hay quienes me han dicho que en realidad escribo terror, pero no me veo como autora de terror, si bien es cierto que lo uso bastante. Por eso me resulta muy difícil definir con una etiqueta mi trabajo. Quizás el new weird es el género que mejor se acerca a describir lo que escribo, pero tampoco creo que abarque todo lo que hago. Supongo que “fusión de géneros no realistas” sería algo más apropiado: fusionpunk.

-¿Qué es lo más importante que debe lograr un cuento?

Entretener; no aburrir y no dejar indiferente. Pero si tuviera que elegir entre las tres sería la última. Creo que si te quedas igual después de leer un cuento, este probablemente haya fallado. Tiene que mover algo en tu interior para ser efectivo: tiene que alegrarte, entristecerte, darte asco, llenarte de ira o de inquietud, tiene que incomodarte o tranquilizarte… Tiene que hacerte vibrar de alguna manera. Por lo menos, así lo entiendo yo.

-¿Cuáles podrías decir que son tus principales influencias de scifi y terror?

Es curioso, pero creo que mis principales influencias literarias no se encuadran en ninguno de estos dos géneros. O sí. Porque la primera lectura que me influyó fue La Biblia de los Niños, una edición ilustrada y adaptada llena de dibujos. El Antiguo Testamento era realmente delicioso y muy gore, con las murallas de Jericó, las estatuas de sal de Gomorra, el arca de Noé, Daniel y los leones… El Nuevo Testamento me aburría bastante, sin embargo. Luego llegaron los libros de Enyd Blyton, Michael Ende y Daniel Defoe y muy pronto empecé a leer libros de adultos de una colección de literatura contemporánea de Seix Barral: desde Siddhartha de Herman Hesse, El Aleph de Borges o La Guerra de los Mundos de H. G. Wells, hasta Crónica de una muerte anunciada de García Márquez o El Barón Rampante de Italo Calvino. Me leí toda la colección, pero los libros que más me gustaban eran los que tendían a la ficción especulativa, a la fantasía y al realismo mágico. Cuando me fui a vivir a Estados Unidos aún no existían los e-books y si quería leer tenía que optar por lo que estaba disponible allí en inglés, así que busqué literatura fantástica que me entretuviera. Allí descubrí Dune de Frank Herbert, The Bohr Maker de Linda Nagata, La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin, la trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson, y desde entonces no he parado de leer ese tipo de literatura. Por eso creo que mi base literaria es más amplia que la ciencia ficción y el terror, aunque me haya concentrado como escritora en esos géneros.

-¿Tus colecciones de cuentos de terror y ciencia ficción favoritos en español?

En realidad, ahora leo poco en español. Desde que me marché a vivir fuera (como ya mencioné) en 1996, casi todo lo que leo (aparte de obras para concursos literarios de los que soy jurado) es en inglés. Pero en español yo destacaría cualquier cosa que haya escrito Cristina Fernández de Cubas, Pilar Pedraza, Mariana Enríquez o Nieves Mories. En inglés me gustan mucho los cuentos de China Miéville y Robert Shearman (La Máquina que Hace Ping los ha publicado en español), Gemma Files, Shirley Jackson, Lisa Tuttle o Nina Allan.

-¿Cómo ves el panorama actual de estos géneros en nuestro idioma?

Creo que hay muy buenos autores y autoras en este momento. No voy a dar nombres porque siempre se te olvida alguno o alguna y no es justo, pero creo sinceramente que no tenemos nada que envidiar a la tradición literaria de otros países. Bueno, sí que hay algo que podemos envidiar a los anglosajones, por ejemplo: su industria editorial. Ojalá más editoriales de literatura de género responsables, agentes que apuesten por autores y autoras de género, más festivales y eventos dedicados a este tipo de literatura, más ayuda institucional y más conexión con el mundo académico.  

-¿Cuándo podremos tener un segundo libro de cuentos en español de Cristina Jurado?

Si todo va bien, muy pronto estará disponible un segundo volumen con algunos de los cuentos más extraños y retorcidos que he escrito. Además, estoy trabajando en un fix-up, una novela de fantasía oscura escrita a partir de cuentos inmersos en un mismo universo, que espero esté disponible a principios del año que viene.

-¿Qué consejo le puedes ofrecer a los jóvenes autores que están escribiendo historias en estos géneros y sueñan con publicar algún día?

Si quieren aprender a escribir con un mínimo de calidad, creo que es muy importante que se nutran de otros géneros. Yo les aconsejaría que leyeran mucha novela o cuentos contemporáneos realistas y que se fijen en la prosa (especialmente, en obras postmodernas) y la estructura, historias policíacas para mejorar el ritmo y los diálogos, novela histórica para el worldbuilding, y los clásicos para pulir la construcción de arquetipos y personajes en general. Ya sé que esto es generalizar mucho, pero a mí me ha resultado muy valioso.