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El diablo, cómplice de Andújar en su nueva novela

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El diablo, cómplice de Andújar en su nueva novela
By Libros y Letras 8 de diciembre de 2019
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Carolina Andújar. Foto: Cortesía Peguin Random House


“El diablo es un
personaje de suma utilidad en la ficción para mí”

Por Pablo Concha*
En
la pasada Feria Internacional del Libro de Cali (Colombia), la escritora Carolina Andújar presentó su más
reciente obra, la novela C.A.L.I. (Caos,
apariencias, lujuria, infierno,
Random House, 2019), que se aleja un poco
del género por el que ha sido conocida hasta la fecha. Vampyr (2009), Vajda,
príncipe inmortal
(2012) y El
Despertar de la Sirena
(2016) podrían enmarcarse en el género de la
fantasía oscura o gótica, mientras que C.A.L.I.
es un thriller urbano. En él, Lucifer
vive en Cali, en un penthouse de la avenida sexta, y contempla con regocijo los
devenires de una serie de personajes cuyas vidas de una u otra manera han sido
tocadas por él. Narrado con humor negro y lleno de una mordaz crítica a la
sociedad caleña, la novela sigue las vidas entrecruzadas de numerosos
personajes mientras enfrentan el día a día con esa influencia macabra a su
alrededor.
Hemos
invitado a la escritora a este espacio dedicado a los libros y las letras para
hablar de su obra. 
–¿Cómo surge la idea de
esta novela?
CA: Estaba quedándome en Cali donde mi
abuela cuando la escribí. En ese espacio nos reuníamos en las noches mi hermana
Isabel, mi primo Federico y yo a escribir juntos y leernos. Así que en gran
parte la escribí para entretenerlos a ellos dos. El ambiente al que estuve
expuesta durante esos meses marcó el tono de la novela: no estaba en mi entorno
artístico y apacible habitual sino en uno caótico e invasivo en el que era
imposible escapar tanto del bullicio exterior como de la algarabía
intrafamiliar. Fue un retrato de Cali mucho más auténtico que aquel que yo
misma me habría provisto, porque en otras circunstancias y en un ámbito privado
habría podido crear mi propia realidad como de costumbre, y de ese modo habría
logrado continuar evadiendo lo que siempre me ha disgustado de la
colombianidad. No habría tenido que coexistir con la autodenominada “gente
de bien”, ni me habría visto forzada a escuchar su recalcitrante discurso
clasista, sexista, racista y vacuo a diario. 
C.A.L.I. es su sexta novela. ¿Por qué tuvieron que transcurrir
tantos libros para que se decidiera a narrar una historia ambientada en su
ciudad natal?
CA: Las circunstancias lo quisieron así.
No habría podido escribir otro tipo de libro en ese momento preciso en que la
realidad era ineludible. Observar de forma tan cercana lo que siempre procuré
hacer a un lado hizo que experimentara un gran deseo de criticarlo con humor.
Eso suele solazarme y divertirme. Le da un propósito a la adversidad. Deja uno
de ser un testigo pasivo y se convierte en una especie de juglar. También me
pareció un buen ejercicio creativo tomar un descanso de la novela gótica
europea y darle rienda suelta al humor negro por medio de diálogos contemporáneos
cómicos y sencillos en un marco latinoamericano y urbano. Escribir un libro
ligero y fácil de leer que invitara a reír y a reflexionar en privado.
C.A.L.I. se ha comercializado como un thriller, pero se siente más como una sátira de la sociedad
colombiana, en particular la caleña, ¿cómo lo ve usted?
CA: Creo que es ambas cosas, pero estoy de
acuerdo en que su aspecto satírico tiene aún más relevancia que el del crimen.
El segundo es el vehículo del primero. El realismo mágico también es un
componente importante de ese misterio, por lo cual tampoco es un thriller convencional.
–En C.A.L.I. vemos a la figura oscura por
excelencia de Lucifer, pero en lugar de producir terror o espanto, sus
apariciones son narradas con mucho humor negro e ironía, aligerando un tanto el
tono de lo que hace. ¿Por qué opta por este acercamiento al personaje?
CA: El diablo es un personaje de suma
utilidad en la ficción para mí. Es un arquetipo rico en aspectos explotables
para el narrador que nunca deja de impactar al lector. A mí me encanta
incluirlo en mi obra y siempre me da risa aunque lo utilice para asustar a
quien lee, seguramente porque me deleito anticipando el efecto que tendrá. En
este caso, quise que fuera cómico en su aspecto más cercano al del dios griego
Pan o al de Heyoka, la figura mitológica bromista de los nativos
norteamericanos Lakota, porque ese es el tono del libro. En C.A.L.I. el diablo no es peor que los
personajes con quienes juega, solo facilita la conservación del status quo de
la ciudad. Al fin y al cabo, el diablo es un símbolo por medio del cual el ser
humano busca justificar su proceder. Su virtud oculta es mostrarnos quiénes
somos en realidad.
–Es posible que usted
sea la primera escritora en referirse a Cali como “la sucursal del infierno”,
una ciudad que puede desde sus entrañas “comprender a Lucifer”. ¿Cómo llega a
esta conclusión?
CA: Estoy convencida de que hay millones
de personas que también ven nuestros estereotipos culturales con gran desazón.
Quizás nadie antes haya hecho público este juego de palabras exacto con el
apelativo de Cali, pero estoy segura de que no soy la primera persona que no se
empecina en ver su ciudad natal con ese romanticismo autoimpuesto. Cali fue la
cuidad más violenta del mundo durante muchos años consecutivos, y desde esa
perspectiva llamarla “infernal” es casi realista. Sigue siendo una
ciudad mafiosa, agresiva, caótica, desigual y superficial. A algunos no nos
basta con que nos muestren fotos de chontaduros y de La Ermita para sentir
nostalgia. Creer que selectos símbolos regionales pueden construir una
identidad local positiva es bastante ingenuo. Para mí, lo bueno de Cali está
marcado por la disidencia cultural, tribus urbanas que le brindan diversidad y
aspectos colectivos e individuales que no suelen ser exaltados. Es una ciudad
bonita e interesante en lo que me concierne. Aun así, me sigue pareciendo una
ciudad difícil en la que múltiples violencias se presienten detrás de lo bello.
Creo que si el diablo existiera, estaría satisfecho con Cali. También con el
resto del mundo por otras razones, por supuesto, pero hablamos hoy de esta urbe
en especial.
C.A.L.I. nos presenta una pluralidad de personajes, voces e historias
y, sin embargo, es una novela relativamente corta (166 páginas). ¿Desde el
inicio sabía que iba a ser así? ¿Qué determina para usted la extensión de un
libro?
CA: Supe que sería corta desde el
comienzo. De allí también la sencillez del lenguaje empleado y que la trama no
fuera en exceso compleja. Me gustan mucho las obras cómicas cortas. La idea de
extender un libro por capricho no hace parte de mi visión creativa. Creo que en
las primeras diez páginas uno ya tiene una idea bastante clara de la extensión
ideal de la obra según el estilo, el ritmo y los personajes con los que está
trabajando. El género también es decisivo para mí. Me cuesta escribir novelas
góticas cortas. Una comedia urbana, sin embargo, es mejor si es breve, pienso
yo.


En C.A.L.I. el diablo no es peor que los personajes con quienes juega, solo facilita la conservación del status quo de la ciudad. Al fin y al cabo, el diablo es un símbolo por medio del cual el ser humano busca justificar su proceder.


–¿Cuáles son los
autores/as que más han influenciado su narrativa?
CA: Supongo que los libros que más
emociones nos suscitan son aquellos que suelen permanecer con nosotros a través
del tiempo. Los autores cómicos que más he disfrutado son Tom Robbins y Chuck
Palahniuk
. También mi hermana Isabel Andújar. Ojalá pudiera llamarlos
influencia. El lector debe ser quien juzgue estas cosas. A veces uno mismo no
sabe a qué se parece su obra.
–¿Cuáles son los libros
de terror o fantasía que fueron imprescindibles en su formación como escritora?
CA: De nuevo, ojalá pudiera llamarlos
influencia. Los que más he disfrutado son Stephen King, Tom Robbins, Bram
Stoker
. De allí a que haya aprendido algo de ellos… ojalá.

 *PABLO CONCHA
Escritor
colombiano, autor del libro de cuentos de terror Otra Luz (2017) y colaborador literario en Libros & Letras.