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El poeta depuesto

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El poeta depuesto
By Libros y Letras 23 de junio de 2015
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Por: Guillermo Saccomanno / tomado de Pagina 12 / Argentina.
La reivindicación de la obra de Leopoldo Marechal y el homenaje a su figura no es algo que haya arrancado por estos días, pero se vuelven más significativos al cumplirse 45 años de su muerte, en junio de 1970. En rigor, Marechal fue uno de los más grandes escritores argentinos al que le tocó sufrir el castigo de la censura y el olvido por su declarado apoyo al peronismo, a punto tal que, no sin humor, se autotituló “el poeta depuesto”. A raíz de la publicación de su Obra poética en un volumen que incluye material disperso y una interesante biocronología, se puede iluminar una de las zonas menos transitadas de sus escritos, y trazar un retrato que contemple las distintas facetas de Marechal: poeta, narrador y militante que, sin dejar de lado su idealismo, participó de hechos cruciales de la resistencia contra la Revolución Libertadora.
La mañana del 17 de octubre de 1945, cuando la masa de trabajadores marchó bajo su departamento de la avenida Rivadavia al 2300 cantando “Yo te daré, te daré patria hermosa/ te daré una cosa/ una cosa que empieza con P… Perón”, a Leopoldo Marechal, como a muchos, le cambió la vida. Tenía cuarenta y cinco años, estaba casado, tenía dos hijas y un cargo en la Dirección de Cultura Estética que le había propiciado durante el gobierno militar (en esa etapa el general Farrell) su amigo el escritor derechista Ignacio B. Anzoátegui. Criado entre el barrio de Villa Crespo y los veranos largos en un campo de Maipú, donde sus tíos eran puesteros, Marechal siempre se había sentido próximo a los intereses populares. A los trece años, cuando trabajó un tiempo de obrero, incitó a sus compañeros de fábrica a exigir mejores salarios y fue despedido. Yrigoyenista primero, socialista más tarde, amigo tanto de izquierdistas como de nacionalistas, esa mañana bajó a la calle y se confundió con la multitud que el progresismo repudiaría. Si tiene sentido detenerse en esa mañana es porque fue un punto de inflexión no sólo en su producción literaria sino en lo existencial. En su compromiso político latía una intuición crística. Años más tarde precisaría que esa masa que no condecía con el ideal proletario de la izquierda, que no tenía hasta entonces ni representación ni cauce, era ni más ni menos el pueblo con “las patas en la fuente” que los ilustrados se negaban a ver. Uno, por el solo hecho de nacer, habría de opinar el poeta, ya está comprometido. Pero, en su caso, importa marcar el porqué y el cómo se compromete quien sería un gran novelista argentino del siglo XX. Si interesa fijarse en su compromiso (lo que ocupará gran parte de estas anotaciones) es para destacar, en buena medida, el apoderamiento que pudo hacer de su obra la derecha peronista, apoderamiento que suele tener su justificación si se piensa en la concepción medievalista de la historia que Marechal sustentaba. Es cierto que Marechal perteneció al chupacirio grupo de la revista Convivio y fue amigo del poeta católico Francisco Luis Bernárdez como luego siguió siendo director de cultura bajo el primer peronismo y también fue auténtica su amistad con el escritor filonazi Gustavo Martínez Zuviría (a) Hugo Wast.
Todo eso es cierto. Como también lo fue su admiración profunda de Evita. Hay una anécdota. Pronta a estrenarse Antígona Vélez, pieza de su autoría, el tarambana Juan Duarte y la actriz Fanny Navarro, en una de sus tantas rabietas de alcoba, pierden la única copia del libreto. Sin texto, se dice, no hay obra. Evita telefonea a Marechal, le cuenta la inminencia de la puesta, el nerviosismo y la necesidad imperiosa de la letra ausente. Marechal, en una noche, reescribe la obra (tal la versión que se conoce). Además de ganarse la incondicionalidad de Evita, también se gana la de Perón. De hecho mantendrá más tarde correspondencia con el “tirano prófugo” durante su exilio.
Su adhesión al peronismo le traerá no pocos problemas cuando decide publicar su gran apuesta narrativa, la voluminosa Adán Buenosayres (el nombre del protagonista proviene de su infancia: “Buenos Aires” lo apodaban en Maipú, cuando de pibe, en aquellos veranos, prometía que de grande iba a ser poeta). A pesar de que ya ha publicado poesía y ganado premios importantes, aunque en su carrera como docente, que reivindicará siempre y a la que atribuye sus logros en la función pública en vez de a su posición política, y teniendo en cuenta que mientras detenta un cargo le tiende la mano y hace favores a sus pares así sean opositores, su novela será recibida con el ninguneo y la antipatía, lo que se debió sin duda a su compromiso político en tiempos del peronismo con una intelectualidad liberal opositora. Solamente unas pocas voces celebrarán la ciclópea Adán Buenosayres. Serán pioneros en subrayar sus valores Julio Cortázar y luego, desde Contorno, Noé Jitrik y Adolfo Prieto. Continuar leyendo en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-5615-2015-06-22.html