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El precio justo de la literatura

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El precio justo de la literatura
By Libros y Letras 21 de julio de 2015
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Tomado de El País / España. Libros Cercanos es una librería en la que el cliente decide cuánto paga por cada obra.
Atravesar la cortina azul que da paso a Libros Cercanos supone entrar en un universo de libros amontonados y estanterías repletas. Un caos de 4.000 obras perfectamente ordenadas. A la derecha, la poesía: Lorca, Bécquer; a la izquierda, la filosofía: Platón, Aristóteles; y, en cada esquina, una novela. Todas estas obras tienen algo en común: no tienen precio. En esta librería social del barrio de Lavapiés es el lector quién decide cuánto paga por cada volumen. “Pretendemos acercar la literatura a todo el mundo. Que la gente que no tenga recursos pueda llevarse a su casa cinco libros por un euro o por lo que pueda dar”, explica Raúl Jiménez, encargado y uno de los creadores.
Una caja de cartón decorada con pegatinas de promoción del local y con una apertura en la parte superior es todo el sistema de cobro del que dispone esta librería. Cuando el lector ha curioseado y elegido las obras que quiere llevarse, Jiménez les pone un sello, rojo, para recordar su origen. A partir de ahí, el encargado desaparece: no sabe cuánto dinero mete el cliente en la caja. “Nos da absolutamente igual cuánto pague la gente. No hemos venido a ganar dinero, queremos mantenernos y extender la lectura”, asegura el joven.
Además de este pago voluntario, Libros Cercanos ofrece otra modalidad para llevarse libros: hacerse socio por 10 euros. Con ese carné —válido durante seis meses—, el usuario tiene seis visitas a la librería en las que puede llevarse hasta seis ejemplares en cada una de ellas. Salen las cuentas: 36 obras por un solo billete rojo. Pau Sola, de 24 años, es socio desde que conoció la librería porque “sabía que iba a volver más veces”. En esta ocasión ha preguntado por obras de Calderón de la Barca, pero no tenían nuevos ejemplares.
“Aquí funcionamos con donaciones, de particulares principalmente, así que no podemos elegir qué libros nos llegan. Dependemos de lo que la gente quiera dar”, justifica Jiménez. Entre los más de 10.000 libros acumulados, hay autores desde Carpentier, Unamuno y Vargas Llosa, hasta George R. R. Martin con su popular saga Juego de Tronos. Todo cabe en este local de 60 metros cuadrados; todo, menos las novedades. “No somos una librería al uso. Cuando alguien viene pidiendo libros actuales lo derivamos a cualquiera de las otras librerías del barrio”, razona el encargado.
La llegada de fondos donados es también la llegada de sorpresas enterradas: libros descatalogados, obras que se creían perdidas o ediciones que ya no pueden encontrarse. Fue el caso de un volumen de antropología que un biólogo que llevaba meses buscándolo encontró en Libros Cercanos. “Solo lo había localizado en Argentina y costaba 60 euros. Me dio hasta un abrazo”, se ríe Jiménez.
Este filólogo hispánico trabaja de corrector y desde que empezó con la librería corrige allí los textos. Él pasa el 70% del tiempo al frente del local, mientras diez voluntarios cubren el resto de horas. Nadie cobra nada, así que todos mantienen sus trabajos y sacan tiempo para estar unas horas. La librería no genera ganancias: el dinero que da la venta de las obras y la cuota de los socios se utiliza para cubrir los gastos de alquiler, electricidad y recogida de libros. De momento, Jiménez está sorprendido con el resultado ya que el balance no es tan negativo como esperaban para los primeros meses y las pérdidas son asumibles.
Cuando Jiménez y su grupo de amigos decidieron abrir esta librería diferente, con una inversión de 4.000 euros, no se imaginaban la cantidad de ejemplares que iban a acumular entre esas paredes. El primer empujón se lo dio Maria, una ancianita de San Sebastián de los Reyes que después de una larga enfermedad quería donar todos sus fondos: 3.000 obras, los recuerdos de toda una vida como lectora.
En el interior de Libros Cercanos se cruzan compradores y donantes. Cada día reciben alrededor de 150 libros de particulares y venden unos 120. Entra y sale rápidamente del local Ana Pinder, una americana aficionada a la lectura que trae su quinto carro lleno de libros. “Me mudo y no soy capaz de tirar ninguno a la basura”, explica.
Mientras Javier Ródenas, de 47 años y vecino del barrio, pasea por la librería de la mano de su hijo Pau. “Aquí puedes encontrar muchas cosas imposibles de ver en otras librerías”, sostiene este madrileño, explorador de libros descatalogados. Se ha llevado tres libros por seis euros. Un pago superior a la media, que suele estar en torno a los 60 céntimos y el euro por libro. “Hay gente que paga más y así compensa a la que solo puede pagar menos. Todo se equilibra”, aclara el encargado.
En muy pocas ocasiones se han encontrado con alguien que no pagara nada, aunque Jiménez asegura que no tendrían problema en dejar aun así que se llevara los libros. Recuerda el día en que llegó un señor mayor del barrio y después de dar varias vueltas, despacito entre los estantes, eligió dos libros. Se acercó a la caja y le preguntó a Jiménez si podía guardárselos para otro día que hubiera podido ahorrar algo, porque este mes no podía pagarlos. “Yo no estoy aquí para ganar dinero, así ­que se los regalé. Sin preguntar nada más. Y él se fue feliz”, concluye.