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“En India se puede cambiar de clase, pero no de casta”

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“En India se puede cambiar de clase, pero no de casta”
By Libros y Letras 30 de marzo de 2015
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La república / Perú. Agustín Pániker. Escritor y editor español. Autor de La sociedad de castas.
-¿A qué te refieres cuando hablas del sistema de castas en la India? 
Es uno de los factores importantes de la identidad de los indios. Toda persona en la India tiene su lengua, su religión, su clase social y, luego, su casta. Son unas cinco mil. Algunas son pequeñas, de unos miles de personas circunscritas a una región, y otras son macro castas de 50 o 60 millones de personas. 
-¿La casta está ligada a lo sanguíneo?
Sí, la casta se hereda… Uno puede cambiar de clase social según le vaya en la vida, pero uno nace en una casta determinada, porque es hijo de padre y madre de esa casta o de una muy parecida. Se parece mucho a lo que podríamos llamar un grupo étnico. Unas han estado asociadas a una ocupación o profesión y reciben el nombre de esa profesión: castas de herreros, de carpinteros.
-¿A la casta la define la religión?
No, es un tipo de peculiaridad sociológica. Tiene que ver algo con la religión y con la política. Lo que es importante entender, porque la casta no suele tener muy buena prensa, es que todo el mundo está orgulloso de su casta, nadie quiere renunciar a ella, porque la casta le da las señas de identidad.
-Como escritor, tu tema central es la India. ¿Es por tu origen?
Probablemente. Sí, yo soy nieto de un hindú, pero soy nacido en España y mis padres también. Tengo un vínculo ya lejano, pero muy presente. En el primer viaje que hice a la India, a los 20 años, me impactó esa sociedad. La gente me entusiasmó y la convertí en mi centro de interés emocional, afectivo, pero también intelectual. 
-¿Cuál es tu casta?
(Risas) De hecho todo el mundo lleva la casta estampada en el apellido. Entonces, si yo digo “me apellido Pániker” en el sur de la India, porque la casta es local, todo el mundo sabe que hace siglos los Pániker eran guerreros y se dedicaban a un tipo de arte marcial llamado kalaripayattu… Aunque me dedique a escribir libros y hacer de editor, siempre seré de esa casta. 
-¿El factor endogámico se ha perdido?
Ah, en mi caso sí (risas). Pero en la India, mientras la endogamia se mantenga, las castas perdurarán. Si se empiezan a mezclar gente de castas distintas, desaparecerá la sociedad de castas. 
-¿Eso sería bueno o malo para la India como país?
Como la casta no tiene buena prensa, se tiende a pensar que más mezcla sería positiva, pero la realidad es que, en muchas cosas, la India está transformándose muy rápidamente, pero en este aspecto no lo hace a la velocidad que esperaban los sociólogos. La gente sigue buscando al matrimonio dentro de los círculos de casta correctos. 
-Esa mala prensa se debe, especialmente, a la existencia de los “intocables” (el estrato más bajo), ¿verdad?
Sí. Esta es la que sufre la parte más dura de la casta. El problema con el sistema de castas indios es que esa sociedad es muy jerárquica. Entonces, hay algunos que se sitúan arriba y otros, muy abajo, según un parámetro religioso o ritual, que hoy pierde potencia. Pero hay otro parámetro político y económico, más parecido a la clase, que sigue muy vigente.
-¿Parecido a la clase social?
Efectivamente. Y eso hace que una serie de grupos, normalmente labriegos sin tierras, sean considerados como gente de casta baja, lo que de fuera llamamos “intocables”. Ellos prefieren llamarse “dalits” (oprimidos) y son 16 o 17 por ciento de la población: 200 millones de personas que han sufrido históricamente la exclusión, marginación y opresión de casta.
-Y el desprecio, ¿no? 
Y el desprecio. Eso ha mejorado notablemente, porque esa exclusión es ilegal hoy en día. A veces la gente me dice: las castas son ilegales. No, como las razas o las etnias, no se puede ilegalizar las castas. Lo que hoy es ilegal es la discriminación por casta. 
-Desde Occidente se ve a la India como un país místico, ¿es real?
Esto es un cliché que, como todo estereotipo, no es gratuito, pero uno creería que llega a la India y se va a encontrar a todo el mundo levitando y haciendo yoga (risas) y no es el caso. Bombay o Nueva Delhi son como Lima o como Barcelona.
-¿Pero compartes esa parte de la espiritualidad también?
Sí. A mí me interesa, pero siempre pongo en cuestión esos clichés y me gusta darles la vuelta. Como la India de la espiritualidad, sin negarla, o la India de la pobreza, otro gran cliché, o la India exótica, de los rubíes los tigres y los palacios.
-Pero hay algo que no es tan cliché, pero está sustentado en la estadística: la India aparece siempre entre los países más felices del mundo. 
Sí. Esa es una de las cosas que a mí me sorprendió. La espiritualidad de la India podrá ser muy sofisticada, pero donde me la encuentro realmente a flor de piel es en la gente de la India profunda. Y lo ves en esas personas, mujeres o varones, que te reciben con una sonrisa enorme en unas condiciones tan duras, y te miran con espontaneidad y dulzura. 
-¿Y por qué son tan felices?
Para ellos la felicidad no está tanto en las posesiones como en las relaciones: la familia, la casta, la religión, el pueblo, la aldea… Hay una especie de solidaridad, y hay unos círculos entre afines que les dan un universo de relaciones complejo, pero eso es lo que les da la felicidad.