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Entrevista a Hernando Socarrás

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Entrevista a Hernando Socarrás
By Libros y Letras 5 de abril de 2015
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No. 7.025, Bogotá, Domingo 5 de Abril del 2015

Entrevista a Hernando Socarrás

Por Lilia Gutiérrez Riveros
No sé si por fortuna o por destino, un asunto de salud, me ha permitido un abrazo con Hernando Socarrás, y por supuesto, hablar de su poesía, que sin lugar a dudas es poesía de vanguardia.
Un leve parpadeo para regresar a 1980, cuando publicó Un solo aquello. Desde ese momento, no ha parado de escribir y de perfeccionar cada palabra y cada silencio. Ese volumen blanco, de poemas de gran síntesis, es el inicio de una fructífera vida literaria.
P. ¿Por qué los espacios blancos en donde resalta la síntesis de su poesía?
R- Me apoyo en tres conceptos que acompañan las colecciones de poesía que he escrito y que se ajustan, con cincel, al suceso cotidiano que experimento en mi trabajo.
Ha escrito el poeta Gonzalo Márquez Cristo: “El blanco es el color que usamos para morir, el color de la luz. Y tu poesía me acompaña como un candil, es precisa, desoladora, desarraigada y perversa. Poeta, agradezco tu palabra marina”.
De Saulo Socarrás: “El blanco es el color de la creación porque todo lo recibe. El negro es el color del principio porque a partir de ahí todo es nuevo. El papel recoge todo el espectro de tu inspiración y tu inspiración mueve nuestros corazones y espíritus”.
Del poeta Gustavo Tatis Guerra: “… una poesía que insinúa universos interiores, casi como un lienzo templado al infinito. No abarcable en su primera lectura. El aparente vacío de las márgenes en blanco son parte del intimismo dramático del poema. Cada palabra tiene un impacto visual, a veces como una pintura abstracta, a veces como una pincelada expresionista resuelta como los grandes artistas orientales”.
He asumido “lo blanco” como prolongación. Como lugar. Lo blanco dice lo no dicho en el poema y en esa pausa, solo pide lo reservado para la observación. Cuando esta actitud hace su trabajo, creo que se logra la identidad que asiste al lector. 
P- Su trabajo literario es muy cuidadoso. ¿Tiene algunas pautas para perfeccionar el poema?
R- Escribir en amplios formatos. Antes de la década del 80, recuerdo que conseguía retal de papel periódico que ofrecía El Heraldo de Barranquilla. Eran piezas sobrantes de las rotativas del periódico. Yo las extendía sobre la pared y escribía con marcador, intentando grandes trazos –casi pinceladas- que me permitían “medir”, “pesar”, “valorar” los atributos o los excesos de cada palabra. Cuando escribía la palabra cuerpo, casi que podía sentir su “respiración”.
Ahora continúo apoyándome en los formatos de impresión que nos permite la tecnología y es así como regularmente imprimo y enmarco los poemas en un tamaño que inspira “EXPOSICIONES” de poesía.
Otra costumbre: la observación en compañía. Esto es, permanecer por horas frente al texto recién escrito estableciendo una profunda complicidad para ir logrando los “ajustes”. Dejarlo. Abandonarlo. Volver después de un tiempo y hacer el mismo ejercicio. O sea, corregir. Corregir. Una y otra vez.
P- Después de Un solo aquello, publicó Piel imagina, 1987, Sin manos de atar, 1989; Que la tierra te sea leve; Cántico hechizo, 1992; Acaso doy voz, 1996, cuando su trabajo literario estaba en un momento de gran comunicación con el público decide retirarse de la ciudad. ¿Cuál fue la razón de esa decisión?
R- Pasar la página. Participar de los asuntos del campo. El lenguaje de los árboles, el aire de los pájaros. Recuperar la inmediatez del silencio en una forma de vivir conmigo mismo. Un lugar donde poder hallarme con más certeza. 
P- Durante el tiempo que ha permanecido cerca de Cartagena su producción literaria es muy prolífera. ¿Puede enunciar esos libros?
R- He dejado de llamarlos “libros” para usar el término “colecciones”. Acaso doy voz, 1996, Fuego de los nacimientos, 2002, El duelo de la lechuza, 2005, Boca de espinas, 2006, La luna de los objetos, 2007, Certeza del ermitaño, 2007, Íntimo Pontezuela, 2007-8, Nervaduras, 2008, Abismo Corpus, 2008, Recogido por mí, 2008, El lápiz de la memoria, 2008-9, El ocio y el cero, 2010, Plasma, 2010, Viento de agua, 2010-11, La forma del igual, 2012, Pastor de Lobo, 2012, La jaula de lo mío, 2013, Voz de la palabra, 2013, Boah, 2014, Ola soledad, 2014, Acción de Caza, 2014, Alter ego, 2014, Ser de paso, 2015 y Umbra, 2015, colección en la que actualmente trabajo.
P- Ha tenido la fortuna de apartarse de la “contaminación” social que le permite ser esa voz especial de la poesía colombiana. Sin embargo, la poesía se debe a entregar al público. ¿Qué opinión tiene al respecto?
R- Cesar Pavese escribió: “La poesía no es un sentido sino un estado, no un comprender sino un ser”. 
Pienso en el ser social y me intereso por hallarlo en el nacimiento de las palabras. Intento “ser” en mis poemas y espero compartirlos. Pienso que hay el poeta que escribe y el poeta que lee. Hay una actitud de “hallarnos”, de “encontrarnos”; de “identificarnos” en el poema. 
P- ¿La creación de su expresión poética, podría decirse que está entre en el sonido y la figuración de los elementos que toca: viento, tempestad, tiempo?
R- Además, las altas fibras de la cotidianeidad, el uso de una sensibilidad que a veces parece colapsar… la vida figurada en sus minuciosos combates. 
P- ¿Se ha liberado de nostalgias para crear la forma de nombrar el ver, el escuchar sin ataduras?
R- Acudo a este poema de la colección La Forma del Igual:
Sólo un temor: que el silencio deje de ser necesario.
P- Releo los Textos de la Hoja Universal, en esa dimensión en la que se ha logrado, sin tiempo, sólo tocar el espíritu del quien lee. Cuéntenos cómo es la dedicación diaria a la poesía.
R- Todo empieza en una actitud voluntaria. Escribir. Ya sea que hay un par de palabras que se mueven en el momento, o un texto que requiere atención. Observación. Compañía. Ajuste. Corrección. En realidad es una disciplina entre lo cotidiano. Escribir cada día, en un horario o que se da por sí mismo.
Me complace que cites los Textos de la hoja universal porque es un trabajo en el cual me propongo hacer poesía con anécdota. No son poemas. No son cuentos o narraciones. Es poesía con menos extensión en su propuesta de alcanzar un punto final y una experiencia.
P- ¿Cómo ha sido su periplo para llegar a 22 libros?
R- Imaginable. Sensitivo. Muy enriquecedor en el largo tiempo que me ha marcado. Ha sido una experiencia exigente porque es el minucioso poder de las palabras el que se encarga de impulsar la voluntad hacia el misterio elusivo de la creación.
P- ¿Qué autores lo impresionan en este momento?
R- Siempre Mallarmé, René Char. Bonnefoy. Últimamente he leído con gran asombro a Enzia Verduchi, a Maricela Guerrero, ambas Mexicanas. Hay más.
P- Su poesía establece lazos estrechos con la pintura y con otras formas del arte. ¿Por qué el manejo de lo visual en su trabajo poético?
R- He intentado algunos experimentos al “tejer” o al “hacer coincidir” obras pictóricas con poemas. Encontré una fotografía de una obra del pintor colombiano Pablo Manrique y pude “ajustar” un poema escrito años atrás a esa pintura. Logro un proceso de “compañía” en dos expresiones de la sensibilidad. También lo he experimentado con pinturas de Grau, con fotografías de esculturas de Jim Amaral y espero encontrar otras obras y autores.
P- ¿Tiene algún proyecto cercano que pueda anunciar a sus lectores?
R- Una exposición de poesía en Bogotá. ¿Y por qué una exposición y no una lectura de poemas? Porque los poemas impresos en caracteres legibles y colgados a una distancia razonable, permiten crear una cómoda relación poema-lector, relación de armonía y de repetición, que acerca y lee… se aleja unos pasos y vuelve a leer… una y otra vez o…cuantas veces sea necesario, hasta dar con el hilo conductor donde la identidad y el relámpago se establecen. Poeta que escribe. Poeta que lee.
Gracias a la poeta Lilia Gutiérrez Riveros por su compromiso con la creación.