Entrevista sobre Cartografías Cinematográficas

Tomado de
omarardila.blogspot.com/Bogotá. 
La siguiente
entrevista realizada Omar Ardila, autor de Cartografías
cinematrográficas,
fue hecha por Vargarquista para la revista virtual
i.letrada (http://i.letrada.co/blogs/lapantalla/2013/11/13/presentacion-del-libro-cartografias-cinematograficas/).
La compartimos con nuestros lectores:
– ¿Qué es una cartografía cinematográfica?
Hay que partir de reconocer que el concepto
de “cartografías” lo he retomado de la lectura sistemática que vengo realizando
de  la obra filosófica de Gilles Deleuze,
para quien el estudio del cine tiene que ver más con cuestiones geográficas que
con análisis históricos (en el sentido de inventariar cronológicamente los
momentos relevantes del desarrollo de la cinematografía). Ahora bien, pensar lo
geográfico, no necesariamente supone establecer vínculos con espacios físicos
(aunque éstos no se excluyen) sino que se pretende ir más allá, hacia espacios
mentales, intensivos y afectivos. El intentar cartografiar el cine, desde mi
propuesta, permite adentrarme en cinematografías específicas (de territorios y
de autores) y también en filmes que han suscitado diversas problemáticas
reflexivas en momentos específicos de mi existencia.
-¿Por qué un libro de cine ahora, qué lo hace
especial frente al resto de la literatura cinematográfica?
Creo que los libros sobre cine siempre son
bienvenidos, especialmente en un medio como el colombiano, en el que se le
dedica tan poco a la reflexión y construcción de alternativas estéticas a
partir de las posibilidades creativas que nos brinda el audiovisual. Mi libro
quiere aportar a la reflexión con el cine como objeto de estudio, desde una
óptica que es la del filósofo y a la vez la del cinéfilo. Hay un enfoque muy
personal pero alimentado con las bases teóricas de autores como Mitry,
Pasolini, Zizek, Vertov, y por supuesto, Deleuze.
-¿No es el lenguaje especializado de la
literatura del cine una forma de distinguirse frente al público ignorante de
este arte? ¿Hasta qué punto puede ser snob,
y hasta qué punto es una estrategia  para
provocar un mayor acercamiento a la mirada del cine?
Desde la filosofía, creo que la base
conceptual es importante para todo tipo de reflexión. Claro, me refiero a
aquellos conceptos que generen realidad, que produzcan renovación y que no se
pierdan en fantasmagorías; unos conceptos que ayuden a esclarecer el mismo
movimiento del lenguaje que lo produce y que logra situarlo como marcador de
poder. Desde esta intencionalidad, lejos estoy de la pretensión de generar
distancias con el público, precisamente, lo que busco es acercamientos; pero sí
insisto en la importancia del rigor para ayudar a que los análisis tengan más
profundidad, de tal forma que interroguen a los mismos realizadores y
exhibidores acerca del tipo de creación que quieren realizar y dar a conocer.
-En tu libro hablas de poéticas de autores, a
qué te refieres y danos un breve ejemplo
Creo que un artista en cualquiera de las
variantes que se mueva, siempre se preocupa por construir una poética, algo que
lo identifica, que lo hace particular, que le permite comunicar de una manera
propia y que en últimas, es la forma de enfrentarse a la vida, es decir, una
poética que es su forma de vida. En la mayoría de los casos, el creador no es
muy consciente de ello y asume el acto creador como algo pasajero o
circunstancial (incluso, con muy buenos resultados) pero hay quienes se juegan
por entero para darle vida a una práctica artística aún a costa de su vida o de
su integridad. Los ejemplos están en el libro con autores que, desde mi óptica,
le aportaron al cine nuevas poéticas enmarcadas íntegramente con sus
realidades. Escogí a Fellini, Rossellini, Angelopoulos y Loach, aunque para
otros proyectos hay que considerar más nombres.
-El último capítulo lo dedicas a algo que
denominas praxis rizomática, a que te refieres y también danos un breve
ejemplo.
De nuevo, es un guiño a Deleuze y Guattari,
quienes nos hablaron en “Mil mesetas” de la forma rizomática como una
alternativa organizativa no jerárquica, ni basada en autoritarismos
lingüísticos ni estéticos. La forma “rizoma” tiene que ver con múltiples brotes
desestabilizadores que surgen en diversos espacio-tiempos para renovar las
dinámicas sociales y estéticas. Como un ritornelo que siempre vuelve de manera
diferente aportándole vida a los procesos, proponiendo alternativas. Siguiendo
esta reflexión, ubiqué algunos filmes que me acompañaron en ciertos momentos,
ayudándome a tener nuevas visiones del cine, del alcance que puede tener una
obra cinematográfica.
-Tras escribir el libro, ¿qué límites
encontraste, y está dentro de tus planes ir más allá de ellos?, si es así,
¿cómo?
Los límites ayudan a reconocer nuestra
condición infinita. Aunque suene paradójico (y porque no nos asustan las
paradojas) el limite nos propone nuevos puntos de quiebre que no nos permiten
la quietud. Aunque amante del silencio, le temo mucho a la quietud y por eso no
dejo de moverme en un tema que me apasiona tanto como la filosofía: el cine.
Quizás, porque como ya nos han anunciado algunos pensadores, es posible hacer
filosofía ya no con ideas sino con imágenes-movimiento e imágenes-tiempo. Eso
quiere decir que sigo viendo cine, leyendo a los teóricos y ayudando a difundir
esas imágenes que me cautivan y emocionan.
-Por último, si pudieras proponer una
película que llenara tus expectativas, ¿cómo sería?
Debo decir que muchas ya han llenado mis
expectativas. Hasta el momento, yo no me he planteado el ser realizador y por
eso no he imaginado una película en particular. He ideado secuencias o
determinados planos pero más bien fragmentados y sin apuntarle a una obra más
grande. Me gusta que el autor sepa lo que hace, que tenga oficio, que
interrogue al mismo dispositivo cinematográfico, que ponga en duda su propia
herramienta creativa, que sea contundente pero que no muestre todo, pues muchas
veces, el “espacio fuera de campo” es más elocuente; y que tampoco pretenda ser
original pero que si sepa citar, tal como lo hace Godard.

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