La autora, recientemente laureada con el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil 2024 y el Premio IBBY Outstanding Reading Promoter, narra en El último vuelo de Hortensia las dificultades que afronta una joven desplazada en Bogotá, mostrando su resiliencia ante la adversidad. Un relato sobre la vulneración de los derechos de los niños y las niñas a causa de la guerra en el país.
Por: Jefferson Echeverría
Aún no sabemos si los misteriosos pájaros que revuelan sobre los edificios de nuestra ciudad y desparraman su canto nocturno por los aires, son los mismos que alguna vez entonaron el cómplice shu-shu con el que te acompañaron a lo largo de tu compleja travesía por esta vida, Hortensia de la sonrisa apagada. Pues son numerosas las duras batallas que te describen, interminables las emociones que producen al reconocer tus balanceos por los horrores del desarraigo y el cautiverio de tu inocencia. Pero si algo hay que saber, entre todo el conjuro que envuelve tu historia, es que uno de estos pájaros tiene la forma de tu madrina, la sabia Cordilia, quien se ha mostrado en forma de palabra para contarnos cada penuria experimentada a base de hechizos que logran superar la tristeza.
Nos cuenta que desde niña siempre tuviste una rara fascinación por mirar al cielo y creerte ave que se trepa por los cielos y se agazapa entre las nubes; de ahí esa inspiración infantil por empinarte hacia los árboles de Pueblo Blanco que alguna vez acogieron tu escuálido cuerpo en cada salto trepidante como si fueras a recibir los secretos del viento. ¡Qué afán divino de burlar al destino con semejante astucia! Y pensar que este te venía preparando para enfrentar los próximos obstáculos como un legado prematuro apenas empezarías la adolescencia.
De Cordilia podemos decir que es una mujer que no pierde detalles. Su sabiduría patriarcal adquirida a través de la Biblia y de un vasto vademécum compuesto de remedios para todos los males posibles. Muchos la confunden con una bruja, pero ella es más que eso, es un ser que se basta de oraciones precisas y de un temperamento recio para hacerle frente a los tormentos de la injusticia. Es capaz de conocer el futuro, de distinguir las razones de todos los males en cada habitante del pueblo con tan solo hacer unas observaciones minuciosas y, ante todo, de burlar la infamia de aquellos esbirros del patrón que han desplazado a casi toda la gente de sus casas, tierras y pasados.
Mientras muchos habitantes, con la resignación a cuestas dibujada en sus múltiples rostros de consternación (entre ellos, tus padres y hermanitos), decidieron errar por el mundo en busca de un destino azaroso; Cordilia, en cambio, prefirió quedarse; por más que la fuerza de las balas quisieron martirizarla y las amenazas se agudizaron a un grado de crueldad inhóspito, decidió ahorrarse la vergüenza de ser una más entre el montón de desterrados que abundaron drásticamente en Pueblo Blanco. Sabrá Dios y las ánimas benditas si todavía se halla enclaustrada en su laberinto de conjuros y sortilegios tratando de buscar la fórmula precisa para ahuyentar esta plaga maldita y hacer regresar a todos los desamparados de tu lejana tierra.
En el nuevo shu-shu, el pájaro nos menciona que, junto con tu familia, mientras esperaban resignados la respuesta que nunca llegaría por parte de un Gobierno indiferente a la tragedia del desarraigo, estuvieron divagando por esta, la ciudad del ruido. En primera medida, recorriendo el Parque Nacional, rodeados por el inconfundible frío, el hambre y la impotencia tras pasar de la serenidad del campo al estertor de una urbe sin alma, quizás la primera gran mella en tu interior, ya confuso y maltrecho. Tuvo que aparecer un hombre de aire misterioso llamado Tomás para que el desamparo tomara un nuevo rumbo.
Al principio, el cosquilleo en el vientre y la sensación de agrado apenas el tal Tomás te entregaba obsequios (que nunca abrías por mantener una especie de encanto), y además su repentina amabilidad al invitar un helado a tus hermanitos, te convenció de inmediato que todo era parte del amor, de esa fantasía sin igual que solías apreciar cuando veías embelesada las telenovelas transmitidas en el pueblo. Pero mucho después comprendiste que todo era parte de una triquiñuela, de una infamia inhumana sin escapatoria, pues sin esperarlo, y luego de haber tenido el arrebato de asumir semejante aventura, esto representó otro de los tantos obstáculos que debiste afrontar por la ingenua costumbre de creer en las promesas de un hombre sin alma.
Nos cuenta también que para ti todo fue un vaivén, una supervivencia continua contra tus propias necesidades, así como también contra tus vivos fantasmas. Tomás te utilizó cuantas veces quiso con tal de obtener un provecho jugoso, pero lo que nunca supo fue que en dicho infortunio se iba fortaleciendo una cercanía alucinante con lo sobrenatural. Por eso, en los únicos días que tenías libres, solías visitar los cementerios; allí, en la congregación de los muertos, donde las viejas nostalgias te susurraban una especie de plegarias y esperanzas remotas, esas mismas que, por un accidente inusual, de repente te sacaron del infierno a una especie de purgatorio no tan tormentoso como esperabas.

El pájaro nocturno insiste en unir ingeniosamente los tormentos vividos aquí en la ciudad con el paraíso perdido allá en Pueblo Blanco. En cada capítulo se nos describe tanto las hazañas sembradas en los ranchos y riachuelos como en las anécdotas inmortalizadas por sus habitantes, entre ellas, la de Salomón Pinchadientes, el pintoresco dentista que apagó para siempre tu sonrisa. Sí, sabemos que la idea fue más por capricho de tu padre; pero, a final de cuentas, el ilustre dentista también se convirtió en el autor intelectual tras haberte quitado todos los dientes y puesto una caja que no estaba a la medida de tu sonrisa. Esto despertó en tu autoestima un peso de vergüenza que te acompañó para siempre y te hizo parecer una joven extremadamente huraña, que nunca aprendió a reír ni mucho menos a expresar las emociones como lo hacen los demás.
Luego, a trompicones, el azar te llevó a un centro de reclusión para menores. Para todo lo que habías sufrido y los vejámenes que habías soportado con un silencio admirable, el rigor de levantarte en la madrugada, hacer la misma rutina de limpieza en los baños u otros lugares y adaptarte a un montón de reglas drásticas, te convencieron definitivamente que, más que una cárcel, aquel lugar parecía un paraíso inigualable. Esa impresión fue más convincente al momento de descubrir el verdadero valor de una amistad cuando se te dio la oportunidad de conocer a la desparpajada Floria y, de paso, sentirte dueña de los aires como un acto liberador de todas tus amarguras tras descubrir que finalmente sí sabías volar con una destreza misteriosa.
Pero las penas nunca se quedan quietas, trabajan continuamente para recordarnos que la felicidad no es más que un paréntesis momentáneo; y esto, gracias a un gorjeo consternado que alborota los espejismos nocturnos, nos lo confirma mediante un nuevo shu-shu el acongojado pájaro. Nos revela que el fantasma de Tomás otra vez se te atravesó en el camino, renovando su obsesión por aprisionarte, quebrarte las alas y valerse de tu destreza con tal de lograr sus propios intereses. Sin embargo, las corrientes de aire nuevamente acudieron a tu auxilio, formaron de ti una leyenda inmortal de resistencia y valor genuinos que de inmediato justificaron, a través de los dolores, un símbolo de esperanza vivaz que estará presente en todas las Hortensias de nuestro país azotadas por los abusos, la violencia y el desamparo.
Esta cruda revelación, si bien desata una profunda tristeza en quienes no dejamos de valorar tu historia, también nos brinda una serie de lecciones valiosas: una de ellas que, pese a los sentimientos de amargura, desazón e impotencia suscitados en un entorno deteriorado por los valores y las oportunidades, también se denuncia sutilmente uno de los pecados sociales más comunes en nuestro país: la indiferencia. La otra, que la valentía de asumir las riendas de un desarraigo nos demuestra una vez más la capacidad adquirida por muchas jóvenes como tú de mantener un carácter irreprochable ante un contexto sórdido e inhumano. Y que la obra El último vuelo de Hortensia escrita por nuestra autora colombiana Irene Vasco, retrata a partir de un estilo vertiginoso y contundente, las consecuencias atroces ocasionadas por el desplazamiento y el conflicto armado en las zonas rurales.
Leer una obra de esta magnitud es a su vez encarnar el dolor del destierro personificado en el corazón de una adolescente que añora el retorno.