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La esclavitud de los bárbaros: el manoseo de la institucionalidad, “la manada”, Bolzonaro.

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La esclavitud de los bárbaros: el manoseo de la institucionalidad, “la manada”, Bolzonaro.
By Álvaro Mata Guillé 14 de diciembre de 2018
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Foto: Libros y Letras

Por: Álvaro Mata Guille*
Nuestra época, consumida por su propio olvido, pasa por
alto los muchos componentes que dan sentido a la convivencia. El cómo queremos
ser o el convivir, nacen de lo que hacemos o dejamos de hacer, de nuestras
costumbres, pensamiento o convicciones, de una ética, una moral o sin ellas. De
igual forma, los fallos judiciales, las sentencias que dictan los jueces, se
adhieren a los referentes que construyen el orden social, marcando pautas que
ayudan a transformar el entorno o a perpetuar el oscurantismo.
La sentencia que dejó en libertad, sin sospecha alguna, sin
mancha, a los acusados (la manada) de violar (ultrajar, mancillar, someter),
perpetúa la condición que hace de la mujer un algo desprovisto de cuerpo y
alma. El fallo, como otros tantos en otros países (México, Argentina, Colombia,
etc.), pervierte lo democrático, pues elimina al otro: su silencio, su
imposibilidad, su miedo, su estar ahí, su voz, su no. 
En otra instancia, en otro país, por otras razones, otra
resolución judicial produce, desde otro tenor, similares consecuencias: también
pervierte lo democrático, no solo porque derruye, aún más, la deteriorada
confianza hacia las instituciones, sino porque da paso a lo unilateral, al
mundo de lo totalitario y el fascismo, a la visión del solo yo del tirano que
elimina lo distinto, lo disidente, la posibilidad del otro.
Magistrados costarricenses, ante la consulta constitucional
de un plan fiscal, no solo se plegaron a las apetencias, al “qué me importa” y
a la mezquindad del poder, manoseando a su antojo, como abogados del verdugo al
que le besan su mano, la institucionalidad, socavando profundamente el sustento
existencial que da sentido a las instituciones democráticas: la división de
poderes, traducción de lo plural que permite que coexistan otras voces, en este
caso, el otro que mediatiza, precisamente desde lo institucional, la relación
entre el poderoso (su ceguera, su gula, sus caprichos, su “solo yo existo”) y
el ciudadano; entre la ambición sin medida del que ejerce el poder, sonriendo
con soberbia al verse el estómago, y el que camina por las calles.
Ambos fallos, el que no condena la violación (el mancillar,
el desprecio, la negación del otro) y el de la sala constitucional de Costa
Rica, que instaura el manoseo conveniente de las instituciones y lo arbitrario,
se interrelacionan, les une un hilo en común y un resultado: barbarizan. Uno
pervierte la estructura institucional imposibilitando (banalizando,
despreciando, derruyendo) la construcción de lo plural, y el otro, el fallo de
los jueces españoles, socava, sin sonrojo, la posibilidad de lo diferente, el
nacimiento de lo plural, la construcción de personas más allá del monólogo estéril
de lo masculino. A ambos fallos los posee el mismo mal: el oscurantismo, que
busca instalarse en las sociedades contemporáneas, el mundo de un único
discurso, de una sola moral, de la sola posibilidad que, como consecuencia, no
solo invisibilizan la otra voz, la desaparecen, la transforman en sombra, en
espectro.
Algo más: al romperse el pacto (la confianza, la
representación, el acto de fe, el voto) entre la ciudadanía y los referentes
(institucionales, culturales, morales), los que han construido y sostienen lo
social, nos obliga, necesariamente, a reformular, a reconstruir, a encontrar de
nuevo un sentido de las cosas, una razón de ser, de no hacerse, como viene
sucediendo en nuestros contextos, en los que se instala con normalidad el
funcionamiento de una democracia corrupta usada por los de un signo u otro, de
lo impune, del compadrazgo, que da pie a formación de estados paralelos, no es
extraño que la orfandad que nos produce, que conlleva en sí misma odios y
resentimientos, sea el alimento del fundamentalismo y el linchamiento. Ese
paso, la ruptura del pacto, la dieron, la vienen dando, en este caso y otros, magistrados,
jueces, políticos, los que con sus manoseos, frivolidad, corrupción, hacen de
nuestra época una época más oscura: la de Bolsonaro-Maduro-Trump-Vox-Ortega,
tantos de tantos que dan forma, instituyen, normalizan, un lenguaje sin alma.

Álvaro Mata Guillé

Poeta, ensayista, gestor cultural, dramaturgo. Coordinador general del Corredor cultural Transpoesía. Leer más AQUÍ
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