La misa ha terminado

Por: Óscar López P. / Tomado de El País/ Cali/ Colombia. Un
escabroso suceso criminal, tomado de la vida real y un proceso tan solemne como
la elección de un Papa son los elementos que utiliza Gustavo Álvarez
Gardeazábal para escribir una novela que es a la vez piedra de escándalo, narrativa
pura y un episodio más de la lucha entre el bien y el mal, que es la materia
prima de todo gran trabajo literario. El suceso desafía la imaginación: una
pareja de jóvenes sacerdotes homosexuales que contrata a un sicario para que
los asesine como salida desesperada y honorable al hecho de que estaban
contagiados de sida. Sucedió en Bogotá en enero de 2011. La elección del Papa
es consecuencia de la renuncia de Benedicto XVI, agobiado según se dice por la
corrupción del Vaticano y su reemplazo por un papa argentino, famoso por su
esfuerzo de purificación de la Iglesia Católica Romana.
Con
ese material Álvarez Gardeázabal construye su propia historia, inventa
personajes, amores, acontecimientos, donde los protagonistas son sacerdotes
homosexuales, desde el más humilde cura de pueblo hasta el más encumbrado
cardenal. Las vidas de Rogelio y Martín, dos personajes perversos, cuyo único
impulso es el placer lo cual hace su encuentro irrevocable, curas sin vocación
que ven a la Iglesia
Católica
Romana, la institución más prestigiosa de la cultura
occidental y la única para la cual el celibato es un valor, como un refugio
seguro para saciar sus instintos, se entrelazan con la fulgurante carrera
eclesiástica de Casimiro Rangel, quien labra su ascenso en la jerarquía a
través del lecho de maduros dignatarios de la Santa Sede. Y para
añadir sal a la herida no se inventa un lugar, a la manera de Faulkner o García
Márquez, sino que sitúa su historia en el corazón del Valle del Cauca, Buga y
Tuluá, del cual es su más notorio cronista.
Casimiro
Rangel, imaginario obispo de Buga, utiliza sus relaciones vaticanas para traer
a Benedicto XVI a una visita al Señor de los Milagros, visita organizada por
Rogelio y Martín, cuyo éxito le granjeará el capelo cardenalicio.
El
Pap, viene a Buga, Casimiro es elegido cardenal, Rogelio y Martín, lanzados a
un despeñadero de promiscuidad, se contagian de sida. Luego, el papa renuncia y
el nuevo Papa ajeno a esa cofradía sexual, marca el fin del poder del cardenal
Rangel, que se suicida, lo cual coincide con la muerte acordada de la pareja
para evitar el escándalo, que se produce multiplicado por cien al conocerse que
ellos mismos contrataron a los sicarios. La obra deja un sabor agridulce: la
maestría de la narración y la sordidez de la historia. No es un libro
pornográfico, ni simplemente anticlerical o chocante. Es un libro crudo, feroz,
que coloca en un escenario que la gente común considera sagrado a unos
personajes que no hacen sino profanarlo.
Su
final trágico es quizás una lección moral, si es que hay alguna: ninguna
ambición quedará sin castigo.
Las
historias de esos hombres que se enamoran de otros hombres o se valen de esa
situación para prosperar, son tan viejas como el mundo. Desde Antínoo el amante
del Emperador Adriano, pasando por Hugh Despenser, el de Eduardo II de
Inglaterra, hasta llegar a Clyde Tolson el de J. Edgar Hoover, la Iglesia, golpeada por la
epidemia de la pedofilia, con el sino trágico de ser un resguardo de los
célibes, quizás tenga muchas historias parecidas que contar, o aún peores, a
las cuales ha sobrevivido y sobrevivirá.

Deja un comentario