Las melancolías de diciembre

Por: José Óscar Fajardo. Diciembre es sin lugar a dudas la época más bellas del año, o por lo menos la más feliz, opinan los especialistas. Especialistas en qué, no se sabe pero por lo menos eso opinan los analistas. Lo que tampoco explica la piscología evolutiva y mucho menos el psicoanálisis es, por qué siendo la época más alegre del año, en la mayoría de las personas hay un raro efecto que los induce a una melancolía inexplicable e incluso a la depresión y por eso se suicida la gente. Podría explicarse por lado del estado económico. Claro porque una persona pobre y en estado de indefensión económica, sin la posibilidad de adquirir los más elementales objetos que le provoquen felicidad, pues fácilmente se ve avocada a la decepción y de hecho a una desesperanza en la cual se le cierran todos los caminos y la única salida que ve con claridad es precisamente la muerte. Por eso se suicida la gente. Pero Freud afirma que el hombre nace para el placer y que es edonista por naturaleza. Ahora, si solo fuera por el estado de indefensión económica o pobreza, por qué gente con el poder del dinero a su entera disposición, procede de la misma manera a suicidarse. 
No obstante, si el cerebro produce endorfina que es la hormona de la felicidad, qué otra hormona o biomolécula genera que es precisamente la que induce a la inexplicable tristeza de los diciembres y sobre todo de las navidades. Un muchacho de mi pueblo está tomándose unos tragos y departiendo felizmente con sus amigos en una taberna, y de pronto se para de su silla, les dice con toda la tranquilidad que ya vuelve, que va hasta su casa que queda a media cuadra y allí llega a su cuarto y con su pistola se pega un tiro en la cabeza. Todos afirman perplejos: “pero si estábamos muertos de la risa”. Sus padres sabían perfectamente que no era enfermo bipolar o maníaco-depresivo, ni paranoico ni mucho menos esquizofrénico, para que tomara una medida de tanta drasticidad y profundidad y sin saber por qué y para qué. Por ejemplo, caso tremendo el del actor de cine, norteamericano, que se suicidó en medio de la riqueza, la fama y la gloria profesional. No obstante de él si se afirma que era depresivo. Y además no era navidad ni diciembre que es el tema que estamos tratando. Pero el caso no deja de ser preocupante.
En cuanto a la sicología yo podría explicar que hay una conducta muy frecuente en este tipo de individuos con deseos suicidas y es el de autoconmiserarse. Y una de las maneras de demostrar que se padece de fragilidad sicológica y en términos generales que se tienen problemas emocionales, es coger con la costumbre de estar teniéndose lástima o autolacerándose, con el fin de conmover a los demás. Esa es una buena explicación y además goza de una lógica que es fácil de aceptar por su claridad y consistencia. ¿Qué busca el individuo con ese tipo de comportamientos? Por lo general apoyo sicológico y muchas veces también ayuda económica. Pero desafortunadamente lo contradictorio, lo preocupante e incluso lo triste y lamentable, es que a la mayoría de la gente este tipo de problemas les importa un carajo, llegado el caso incluso que ni a la misma familia del “enfermo” les causa la mínima impresión. Y esa es la oportunidad que busca el suicida para, escuchando Noche de Paz o cualquier otro villancico que la traiga recuerdos, proceder a tomarse disuelto en agua o gaseosa un paquete de “veneno para ratones con sabor a queso”, que vende una señora gorda indudablemente costeña en la plaza de San Francisco. Veneno para ratones con sabor a queso.

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