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Los camino adyacentes

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Los camino adyacentes
By Libros y Letras 28 de enero de 2014
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Por: Alfonso Carvajal/
Tomado de El Tiempo/ Bogotá.
El camino de Ida es la bifurcación
de muchos caminos. Ricardo Piglia, un arquitecto de la estructura literaria,
traza varios niveles narrativos y relata una oscura historia amorosa que luego
se convierte en una novela policiaca, sin dejar de lado las reflexiones sobre
la literatura y la vida.
Narrada en primera persona por Emilio Renzi,
uno de sus álter ego literarios, el autor nos sumerge en los entretelones del
mundo académico norteamericano. Allí dicta un seminario sobre la travesía del
escritor W. H. Hudson en la pampa argentina. Renzi es recomendado por Ida
Brown, una bella y talentosa profesora, e inician un misterioso romance, donde
solo son visibles en la intimidad, en anónimos cuartos de hoteles, y cuando
regresan a la actividad académica actúan como si nada pasara entre ellos. La
novela tiene un punto de quiebre: Ida muere en un accidente o un posible
atentado…
Este hecho despierta el espíritu detectivesco
de Renzi, quien descubre que en los últimos años han ocurrido varios asesinatos
(a través de cartas bomba) contra scholars e investigadores del mundo
científico, aparentemente aislados. Entonces, la novela da un giro de 180
grados y se involucra en un tema apasionante: los Estados Unidos por dentro, la
gran capacidad de sus aparatos de inteligencia de controlar todo o casi todo. Y
el surgimiento de un terrorista que mata a individuos que ayudan a “destruir lo
humano en una sociedad que ha hecho de la individualización y la
despolitización su bandera”. El victimario es un hombre de la élite académica,
un matemático genial, formado en Harvard e hijo de inmigrantes polacos. Un
hombre que intuye “que los conceptos reales eran objetos reales, y no formas
del pensamiento”. Sus víctimas no son políticos, ni empresarios, sino gente de
la ciencia. Las pistas están en un trabajo que realizó sobre un libro de
Conrad, El agente secreto, donde un anarquista escoge como objetivo político a
los hombres de ciencia, porque “sobre ese conocimiento se sostiene la
estructura del poder”. Un hombre dedicado estratégicamente a esquivar la
maquinaria policial y un Estado, a declararlo “demente” para que sus
argumentaciones políticas sean consideradas “delirios”. En el camino de ida y
vuelta de la literatura, Piglia construye una ficción solamente posible en las
increíbles entrañas del coloso del norte.