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Lucía Donadío: “La escritura requiere de un tiempo que no es el tiempo normal de la vida”

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Lucía Donadío: “La escritura requiere de un tiempo que no es el tiempo normal de la vida”
By Pablo Di Marco 1 de noviembre de 2019
  • Views: 101
Lucía Donadío (Foto tomada de Facebook)


Un
café en Buenos Aires con Lucía Donadío

Tal
vez ninguna feria del libro me haya impactado tanto como la de Medellín. A
pesar de la gran cantidad de público que la visita, hay en ella un ambiente
libre de aglomeraciones y bullicio que invita a la pausa y la reflexión. Algo
de ese influjo se deslizó en mi charla con
Lucía
Donadío
en un bar de la feria, al amparo de un árbol añoso. Son
innumerables los temas a tocar con
Lucía,
comenzando por los diez años de la creación de su editorial, Sílaba, uno de los
mayores faros literarios de Colombia. Y solo me bastó pedir dos cafés con hielo
para comenzar a disfrutar de su cálida sabiduría.


Por: Pablo Hernán Di Marco*
—Conocí varias ferias
del libro, pero tal vez ninguna me haya impactado tanto como esta. Es acogedora,
verde, gratuita, más un paseo literario que un gris y ruidoso mercado de
libros. Tras tantos años de experiencia, ¿qué opinión tenés de la Fiesta del
Libro de Medellín?
L: Pablo,  te cuento que yo amo la
Fiesta del Libro de Medellín. Creo que la hace muy especial el Jardín Botánico
donde tiene lugar. Las hojas de los libros conversan en las noches con las
hojas de los árboles. También admiro que esté centrada en muchos eventos
culturales alrededor de temas literarios, científicos, de actualidad, y que
reúna tantas personas alrededor de los libros. La Fiesta convoca a la ciudad
hacia una zona que antes era marginal y que hoy ha cambiado. Lo más bello de la
Fiesta son los encuentros con lectores, autores y amigos.
—“Las hojas de los libros conversan
en las noches con las hojas de los árboles”. Me voy a quedar con eso.  Decime, Lucía, ¿qué
le queda por mejorar a la Fiesta del Libro de Medellín? ¿Qué le sugerirías a
sus organizadores con vista a próximas ediciones?
   
L: Yo sugiero que no crezca demasiado. Creo que está en el punto casi
perfecto. Le temo a las ferias demasiado
grandes porque se pierde la posibilidad de recorrerlas y la gente se queda con
una porción de ellas y no alcanza a sentirlas en su totalidad. No me
gustaría que dijeran en unos años que es la feria más grande del país. Que
digan otras cosas.
La Fiesta del Libro tiene un toque poético que hay que
conservar y crecer. Hacen falta más cafecitos para encuentros y charlas como
esta.
—Es significativo que en un mundo
desesperado porque todo sea cada vez más grande, más rápido, más alto, vos
sugieras la pausa.
L: Creo que
debemos rescatar ciertas costumbres ancestrales que nos hablan de la
importancia de los rituales en la vida. Amo las tareas prácticas, la cocina, la
jardinería, la lectura pausada en una hamaca, la escritura de madrugada, las
palabras sencillas de cada día. La vida es un caminar que nos depara muchas
sorpresas o una carrera desenfrenada, como la de Rafael Leone en tu novela Tríptico
del desamparo.
El camino es la vida en sí misma y hay que caminarlo al
mejor ritmo que cada uno encuentre. Como dicen los italianos: piano piano si va lontano.
Hablemos
un poco de tu editorial. Sílaba está cumpliendo diez años, y ya sabemos, los
números redondos propician balances. Miremos un poco hacia atrás. ¿Podés
recordarte a vos misma en el preciso instante en que se te cruzó por primera
vez la idea de fundar una editorial?
L: Claro que recuerdo esos días. Olvidarlos es como dejar de recordar el
nacimiento de un hijo. Sílaba nació del azar. De un gran libro que llegó a mis
manos para hacer el trabajo de edición y publicación. Y se llama precisamente Buenos Aires. Portón de Medellín de Orlando Ramírez Casas.
—Ese eterno vínculo entre Medellín y
Buenos Aires…
L: Claro que sí. El libro lo iba a publicar la Secretaría de Cultura de
Medellín y yo temía que un libro tan bueno quedará restringido a la circulación
gratuita que ellos hacen. Sentí que era un libro huérfano. Los libros que ni
circulan comercialmente tienen una existencia corta pues se agota la edición y
no se consiguen. Me enamoré de ese libro y de su autor y así nació Sílaba, sin
pensarlo demasiado me anime a hacer una editorial con el apoyo de unos pocos
amigos. Y aquí vamos diez años después, feliz de haber tomado ese camino.
—Recién me dijiste que
olvidar la creación de Sílaba sería como dejar de recordar el nacimiento de un
hijo. La figura es buena por muchas razones, una de ellas es que una editora
tiene mucho de madre: dar a luz, acompañar, corregir, sostener… pero una madre
también debe saber decir que no, y esa debe ser una de las facetas más duras de
tu trabajo. ¿Sufrís al decirle que no a un escritor?
L: Pablo, decir no es duro, sobre todo cuando uno sabe o siente que el libro
es de buena calidad. Pero hay que decir no porque el libro no es bueno, porque
no tenemos recursos, porque no tenemos tiempo. Editar es seleccionar, escoger y
eso implica decir no.

Le temo a las ferias demasiado grandes porque se pierde la posibilidad de recorrerlas y la gente se queda con una porción de ellas y no alcanza a sentirlas en su totalidad.


—¿Tu trabajo de
editora te hizo perder amistades?
L: Creo que no he perdido amigos pues he sido sincera, firme y amorosa con
algunos cuando les he tenido que decir no. Algo que sí he notado es que hoy
tenemos demasiadas personas escribiendo y todos quieren publicar. Nos llegan
cientos de propuestas que no podemos ni siquiera evaluar. Algunos escriben
diciendo que envían la gran obra y uno con ese adjetivo ya entra a sospechar.
Otros llevan seis meses escribiendo y ya son escritores y quieren publicar.
—Esto nos devuelve a lo que
hablábamos antes, ¿no? Es como si la obsesión por ser cada más rápidos hubiese
alcanzado también a los autores, que muy a menudo parecen olvidar que escribir
es trabajar a largo plazo.
L: Creo que el trabajo de escritura
requiere de un tiempo que no es el tiempo normal de la vida, es un tiempo que
está más allá de nuestro control. Es el tiempo lento que necesita el texto para
madurar y ese tiempo se pierde por el afán de publicar, por la incapacidad de
esperar a que el libro esté listo. A veces uno descubre en una propuesta de
libro los primeros balbuceos de una historia que tiene fuerza, pero le falta
trabajo de escritura y tiempo de maduración.
—Los escritores —tan a
menudo sensibles, egocéntricos e inseguros hasta la exasperación— son una
especie particular. ¿Te llevó mucho tiempo aprender a trabajar con ellos? ¿Qué
creés haberles aportado desde tu lugar de editora?
L: Como yo también escribo y sé lo difícil y complejo que es el oficio, creo
que comprendo lo que les sucede. El trabajo de editora ha fluido, no ha sido
difícil, a pesar de problemas que no faltan. Mi regla de oro para trabajar con
un autor es tener una buena relación con él. El trabajo editorial implica una
cercanía y una complicidad enorme para que todo salga bien. Cada autor es
diferente. Cada libro es una historia. Conversar y conversar hasta que vamos
construyendo el libro es la tarea. El respeto y aprecio por la obra y el autor
están siempre presentes.
—Hay algo que me llama
la atención del ambiente del libro: a veces pareciéramos ser un gueto de doscientas
personas que nos hablamos, leemos, y elogiamos entre nosotros. Doscientas
personas en Medellín, doscientas en Buenos Aires, doscientas en Madrid… Y de
tanto encerrarnos entre nosotros terminamos viviendo de espaldas a casi todos
los que nos rodean. ¿Coincidís con esto que digo? ¿Qué podemos hacer los
editores y escritores para volver a reconectarnos con el resto del mundo?
L: Es cierto que somos grupos que nos hablamos, leemos y estamos cerca. Pero
yo siento que hay además un mundo muy rico y variado alrededor de los libros y
los autores. Están todos los que trabajan en los procesos editoriales:
diseñadores, correctores, ilustradores, impresores, libreros y gestores
culturales. Ese es un universo vasto con el que me relaciono muchísimo. Y están
los lectores que no siempre llegamos a conocer pero que presentimos cuando
vemos a alguien con un libro en la mano, cuando visitamos librerías, cuando
estamos en Fiesta del libro y llegan a nuestro stand buscando ese libro amado.
Ese es el mundo del libro con el que yo sueño y converso.
—¿Cónsiderás que el camino a
recorrer por las mujeres en la escritura y en la publicación es diferente al
camino a recorrer por los hombres?
L: Ha sido
más difícil para las mujeres escribir y publicar. Eso ha cambiado un poco en
los últimos tiempos pero sigue siendo más difícil para las mujeres.
Lucía Donadío y Wades Davis (Foto tomada de Instagram)

—¿Tu lugar al frente de Sílaba ayuda
a que esos caminos sean más equitativos?
L: En Sílaba hemos publicado a muchas
mujeres y queremos continuar esa labor. Aunque nos llegan siempre más libros de
hombres que de mujeres y no podemos dejar de publicar buenos libros si sus
autores son hombres
. Cada libro se evalúa independientemente del género
del autor; o muchas veces sin saber ni el nombre ni el género. Celebramos
siempre con gran alegría los libros escritos por mujeres.
—Vamos con la última pregunta de Un café en Buenos Aires, Lucía. Seguro la
conocés. Te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier
artista de cualquier época. Contame quién sería y qué le preguntarías.
L: Invitaría a Pablo Di
Marco.
—Creo
conocer a ese muchacho. Eso sí, no sabía que era artista. ¿Y qué le
preguntarías?
L: Le preguntaría sobre
su infancia, su padre italiano, su novela Tríptico
del desamparo,
que ha estado cerca de mis afectos durante tantos años. Le
pediría perdón por la demora en leerlo. ¡Lo abrazaría!
—Haré rápido
la próxima pregunta, así no se nota que me estoy sonrojando. ¿Y a qué bar lo
llevarías?
L: ¡A un café
en Venezia o en Roma o en Sicilia! Cualquier café pero en Italia!
*Mi
agradecimiento a Lizeth Adriana González Vega y a David Roldán Palacio por su
colaboración en esta entrevista. 

*PABLO HERNÁN DI MARCO
Desde Buenos Aires trabaja vía internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas. Autor de las novelas Las horas derramadasTríptico del desamparo y Espiral. Acaba de publicar su libro de entrevistas Un café en Buenos Aires. Conversaciones con escritores, editores y libreros. Es Colaborador de la editorial Ojo de Poeta y columnista de la revista cultural Libros & Letras.
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Facebook: pablohernan.dimarco