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Pablo Di Marco conversa con Félix Lozada (Última Parte)

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Pablo Di Marco conversa con Félix Lozada (Última Parte)
By Libros y Letras 13 de febrero de 2013
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– Usted ubica a Tríptico del desamparo como una obra básica de la literatura latinoamericana de los años cincuenta con autor anónimo amparado en el seudónimo de Nicoló Marcovich; al tiempo, establece un diálogo entre Azcurra, Zalagna, Irene Vidi y Rafael Leone en donde interviene Lucía quien conoce bien al joven Leone. Ella dice que en el periódico El Mundo lo trataron mal, como un caballo de carga y él es un pura sangre que trabajó diez horas diarias para mediocres. También le dice a Zalagna que al llegar el señor Azcurra lo ignoraron y en diez minutos nadie volteó a mirarlo; cuando lo hizo García le preguntó: ¿Busca a alguien, abuelo? Eso le preguntó al editor más importante del país. Es claro que el novelista Pablo Hernán juega allí una doble condición: enjuicia de manera sutil el comportamiento humano pero, a la vez, juzga de manera mordaz a una sociedad que abusa, desconoce y menosprecia a los suyos. ¿Qué nos puede decir sobre el particular? 
– Me siento en casa cuando escribo sobre gente mayor. Ya me llegará el tiempo de escribir sobre jóvenes, pero por lo pronto me interesan los conflictos de los viejos, la fragilidad de sus cuerpos, su deseo y necesidad de amar y ser amados, el anhelo por la juventud perdida y el temor por lo qué vendrá, la interrelación entre ellos y la nuevas generaciones. 
El de los mayores me resulta un mundo rico, fascinante, que extrañamente tanto la literatura como el cine actual suelen dejar de lado. Basta escuchar a muchas actrices quejarse por la falta de papeles para ellas. Esto es insólito: el momento más rico, complejo y hondo de la vida hoy casi no tener lugar en las artes. Por momentos pareciera que estamos viviendo una dictadura de la juventud. 
Quería hablar de esto en la novela, de como la sociedad se menosprecia a sí misma cuando le suelta la mano a los ancianos. 
– En el desarrollo de su novela hay añoranzas sobre Europa, concretamente por Venecia, Bologna, Parma. Su posterior desarrollo en Buenos Aires evidencia la mezcla de dos culturas y deja en claro su origen. En este sentido, de cierta manera ¿es autobiográfica su obra? ¿Determina eso la presencia en ella de tantos elementos del arte y la cultura del Renacimiento? 
– No coincido con la frase que dice que toda obra es inevitablemente autorreferencial, pero reconozco que hay un aspecto de Tríptico del desamparo que tiene mucho de mí. Hablo del anhelo de su protagonista por Italia, su país de nacimiento. 
Yo soy argentino y porteño hasta la médula, pocas cosas me emocionan más que escuchar al Polaco Goyeneche recitar Balada para un loco; pero el haber tenido un padre italiano, tener familia en Italia y mi admiración por la cultura mediterránea están presentes, de un modo u otro, en la muchas páginas de la novela. 
Sin dudas que la melancolía de Irene por su tierra es en parte mía. A fin de cuentas es cierto que buena parte de los argentinos provenimos de los barcos. 
FRL.- La novela muestra contrariedades. La principal está dada en las dudas de Rafael. Primero lucha por lograr un espacio para sobrevivir por medio del periodismo y la literatura, razón por la cual sueña con la publicación de reportajes, crónicas y entrevistas. Cuando tiene la oportunidad en exclusiva de entrevistar a Nicoló Marcovich -que se sabe es Irene- huye, deja atrás todo, vuelve a sus andanzas de vago, deambula por la estación de Belgrano, camina por la calle Echeverría, llega a ediciones Leopardi y se entera de la muerte de Ignacio, el hijo de Irene. ¿Le tuvo miedo Rafael a su aventura amorosa con una mujer de la tercera edad o le temió al éxito? ¿Cree usted que los recuerdos y lo vivido por Rafael lo llevan a esa situación, o este hombre está condenado por sus lecturas y por la compleja enfermedad que le produce su condición social? 
– Hay una idea que me interesa: un hombre sueña con alcanzar determinada meta, por ejemplo: poder besar a una mujer. Lucha por ella durante largos años hasta que al fin logra tenerla delante, rendida ante él. ¿Qué hace el hombre en ese momento? La respuesta obvia sería decir que se lanza sobre ella y la besa; pero imagino que las cosas no son siempre así. Tal vez llegada esa instancia el hombre (el mismo que tuvo la valentía necesaria para derribar todas las barreras que había entre él y ella) de pronto siente miedo, miedo de por fin alcanzar su mayor anhelo, miedo de que tanto esfuerzo no tenga su justa recompensa, en fin: miedo a ser protagonista. 
Esto le ocurre a Rafael, uno de los protagonistas de la novela. Es un chico inteligente, ambicioso y seductor que cuando al fin se encuentra a un paso de lograr su mayor objetivo, siente pánico por primera vez en su vida. 
– Usted ganó la Bienal Internacional de Novela José Eustasio Rivera con la novela Tríptico del desamparo, eso hizo posible su estadía en Neiva, donde compartió y conoció distintos escritores colombianos. ¿Qué piensa de este concurso y que opinión le merecen los escritores que tuvo la oportunidad de conocer? 
– Que mi novela haya ganado la Bienal José Eustasio Rivera fue (y es) una de las mayores felicidades de mi vida. 
Y quisiera aclarar que no hablo solo de la entrega del galardón y la publicación de la novela. Para mí haber ganado la Bienal engloba muchas otras cosas: el haber vivido una semana en Neiva, una ciudad acogedora como pocas; el haber conocido gente maravillosa que me abrió las puertas de sus casas y sus familias como el Doctor Plazas Alcid, Julio César Medina y por supuesto también usted, querido Félix Ramiro. 
El tiempo que pasé en Neiva también me sirvió para conocer y compartir horas inolvidables junto a grandes escritores (y personas) a las que les estaré agradecido toda mi vida como Marco Tulio Aguilera Garramuño y Héctor Sánchez. 
Para la Bienal no tengo más que agradecimiento por haberme recibido como se recibe a un hijo, por llevar adelante un concurso literario limpio en tiempos en los que nadie cree en nadie, y sobre todo por mantener viva la memoria de Rivera; porque a fin de cuentas de eso hablábamos antes, de respetar a los mayores y es eso lo que la Fundación Tierra de Promisión hace desde hace tantos años: homenajear a los que nos antecedieron para tenderle un camino a los que vienen detrás.