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Por el futuro de Colombia en La calle ajena de Flor Romero

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Por el futuro de Colombia en La calle ajena de Flor Romero
By Libros y Letras 27 de octubre de 2013
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No. 6.507, Bogotá, Domingo 27 de Octubre del 2013 
Los poetas inmaduros imitan; los poetas maduros roban; los malos estropean lo que roban, y los buenos lo convierten en algo mejor. 
T. S. Eliot
Por el futuro de Colombia en La calle ajena de Flor Romero
Última parte
Flor Romero es conocida por su posición
feminista, pero de igual manera, hay que afirmar que su estilo es delicadamente
femenino. He aquí, como un ejemplo, un pequeño detalle relacionado con los
nombres de los personajes de su novela. Aunque no todos, muchos de ellos tienen
nombres de las flores: Masdevalia, Jacinto, Lila, Petunia, Lirio, Begonia,
Crisantema, Camelia, Mimosa, Anturio, Anémona, Loto y Amapola. Aunque en el
mundo hispano se usa bastante este tipo de nombres, no es frecuente encontrar
en la vida real tanta coincidencia. ¿Por qué Flor Romero acumuló estos nombres
en las páginas de su novela? Puede haber varias explicaciones. Quizás, porque
ella es Flor, una flor genérica y la madre de sus personajes. Tal vez, porque
Colombia, uno de los países del mundo más ricos en flora  y en fauna, y un gran exportador de las
flores, que no siempre garantiza a sus ciudadanos las condiciones dignas de la
vida; su uso paradójico puede tener matices de ironía. También, puede ser un
juego intencional, para contrastar la triste realidad con las opciones
paradisiacas de los buenos deseos. Y, ¿por qué no?, es simplemente un acto de
amable y sonriente gesto hacia el lector para darle un aliento ante tanta
pesadumbre y tinieblas representadas.
Aparentemente, La calle ajena de Flor
Romero es una novela dirigida para un público juvenil pero, en realidad, su
riqueza conceptual y su expresión en diferentes niveles semánticos, funcionan
por encima de cualquier edad y se salen de las limitaciones que le quisiera
imponer un género literario. A pesar de las frecuentes escenas dolorosas de sus
páginas, en el libro emana la esperanza y en el ambiente frío de la ciudad
descrita cabe el calor de los sentimientos verdaderamente humanos. Su obra, a
pesar de los momentos trágicos y desgarradores que viven los niños abandonados
en las calles de Bogotá, en el fondo, despierta en el lector el optimismo. Al
evidenciar y denunciar las situaciones que no deben presentarse, la novelista
cuestiona la organización social y el funcionamiento del estado. Y no se trata
únicamente de la inconformidad o de la crítica, sino de la preocupación por el
futuro de los conciudadanos y de la
Patria.
No hay ninguna exageración en afirmar que la
novelística de Flor Romero retoma los caminos en que la literatura cuida los
grandes valores humanísticos y sus temáticas no son pretextos, sino centros de
reflexión sobre la persona humana y su existencia. Su argumentación parte del
gran y eterno principio del arte que es la función de servicio y la de
formación social. Este valioso tipo de creación siempre contribuye a la
cohesión social y cultural. En hora buena para la obra de nuestra prolífica
escritora doña Flor Romero.