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Reseña. Alex Saab. La verdad sobre el empresario que se hizo multimillonario a la sombra de Nicolás Maduro

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En “Libros de ayer, de hoy y de mañana” la crónica periodística de Gerardo Reyes, un libro que sorprende no solo por los personajes que desfilan en estas páginas, sino por la dimensión de los delitos que se van denunciando.


Por: Luis Fernando García Núñez*

Luego de leer esta crónica periodística, y como le ocurrió a don Quijote cuando salió de la cueva de Montesinos, no se sabe si hemos soñado o hemos vivido. No se podría saber cuándo y cuánto es ficción o es realidad. Los personajes de carne y hueso que se suceden página tras página, están ahí y los trayectos que han recorrido en sus desmedidas ambiciones han costado mucho. Muchísimo.

Complicado, sin embargo, es precisar cuánto de lo que dicen –cuando lo dicen– es verdad en estos tiempos de las medias verdades, de mentiras con cara de verdad, de las redes sociales, de los secretos que todos conocen, de lo políticamente correcto, del lenguaje engañoso, de las circunstancias que se atraviesan en el camino y de la sinceridad y honestidad de los investigadores. Mienten y desmienten con cinismo desbordado, juran y rejuran, prometen y se comprometen, pero la verdad, o buena parte de ella, se queda en “las nubes”.

Alex Saab. La verdad sobre el empresario que se hizo multimillonario a la sombra de Nicolás Maduro, de Gerardo Reyes es, sin duda, un libro que sorprende. No solo por los personajes que desfilan en estas páginas, sino por la dimensión de los delitos que se van denunciando y la hipocresía de quienes posan de garantes de la honradez y el decoro. No es una nueva historia, es la misma que se ha contado desde hace años, la misma que enumera estafas y crímenes contra la riqueza de pueblos que viven dificultades sin fin: mientras unos pocos disfrutan de ostentosas comodidades, de gustos estrepitosos y ruidosos.

En esta ocasión, las tropelías de estos nuevos ricos han sido heredadas de ese inescrupuloso patriarcado que se instaló en la costa atlántica y que ha protagonizado escándalos que siguen ahí, convirtiéndose en letras de vallenatos y canciones norteñas cantadas con esa falsa alegría que contagian personas de dudosa reputación. Saab y el conglomerado de empresas familiares y de amigos forma parte de esos clanes que, en buena medida, vive de los multimillonarios contratos con el Estado y de otros negocios oscuros que tratan de lavar con empresas legales que les sirven de fachada.

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«No es una nueva historia, es la misma que se ha contado desde hace años, la misma que enumera estafas y crímenes contra la riqueza de pueblos que viven dificultades sin fin: mientras unos pocos disfrutan de ostentosas comodidades, de gustos estrepitosos y ruidosos».

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No faltan, claro, quienes desde el mundo de la política, y sabiendo de las andanzas de estos caballeros -y de sus elegantes damas-, van abriendo puertas para que allí consigan los millones que requieren para pagar sus malos gustos y sus aspavientos esnobistas de adinerados y perfumados personajes, portadores de costosas joyas. Y tampoco faltan los funcionarios hipócritas que van de un lado para otro tratando de borrar fechas y conspiraciones, aunque ellos mismos, a veces, denuncian lo que a escondidas, eso creen, aprueban. Pero se han robado un país o varios países y les inyectan mucho dinero sucio a los paraísos o guaridas fiscales.

La multimillonaria tumbada a Venezuela la hacen unos colombianos con la complicidad de venezolanos, incluso incrustados en la oposición, y con el apoyo de la DEA que, como la Dijin, siempre equilibra sus bataholas con las capturas y las denuncias. Álvaro Pulido (Germán Enrique Rubio Salas), el socio de Alex Saab, ha trasegado por el mundo del delito con tal habilidad y seguridad que ahí, con varios pasaportes y bautizos, sigue delinquiendo. Las relaciones de estos convictos son de alto nivel político, jurídico y económico. Juristas desprestigiados, pero millonarios, van de un lado a otro presentando réplicas y tutelas mal redactadas y actas y documentos de toda laya, respaldados por artículos de los códigos que todos los días violan y desconocen. Esa extraña y vulgar relación entre empresarios y abogados ha estremecido al mundo libre y democrático desde siempre…

Es inquietante y vil, por muchas razones, el negocio de estos ‘distinguidos’ empresarios barranquilleros con los alimentos que hacían llegar al pueblo venezolano en las cajas Clap, que de paso recuerdan las infamias de los PAE en Colombia y el elevado precio del atún en los mercados entregados al inicio de la pandemia. La leche en polvo que iba en estas cajas “prácticamente solo tenía de leche la leyenda del empaque y que los alimentos enviados habían sido sobrefacturados en un 112 por ciento. Con base en pruebas de laboratorio de la Universidad Central de Venezuela, los reporteros Patricia Marcano, Claudia Solera y Roberto Deniz demostraron la pésima calidad del líquido lechoso que enfermaba a niños de los barrios humildes de Venezuela”.

Y al final la impunidad. Se llevaron a Saab para Estados Unidos, pero como sucede cuando la justicia norteamericana asume estos casos: gran revuelo mediático, grandes aspavientos, pero en pocos meses o años, o con una buena fianza, quedan libres y blindados contra otros procesos. Como si nada hubiera pasado. Ricardo Nieto Castillo, el nuevo secretario de hacienda y crédito público de México, recordó que “al profundizar en la investigación en la que terminó participando el gobierno de Estados Unidos, encontró que había más empresas involucradas y que varias continuaban operando el mismo esquema. ‘Estaba la pareja de la vicepresidente de Venezuela y una empresa llamada Rice&Beans’”. Es apenas un ejemplo del engranaje de su poder y de sus estrechas relaciones con el mundo político.

El final, si lo hay, está todavía por escribirse. Saab está preso en los Estados Unidos y a él, por su apoyo al régimen venezolano, es probable que lo ajusten según los intereses norteamericanos, pero la verdad completa de lo que sucedió nunca se sabrá. Los intereses de lado y lado empañan el proceso judicial que se ha convertido en un enredo político y diplomático. Otros, un poco más poderosos que el barranquillero, seguirán surtiendo a los venezolanos de sus urgencias y en el concierto de estos países del tercer mundo seguirá el imperio de la corrupción y el esnobismo. El pueblo, entonces, seguirá recibiendo leche adulterada y atún seis veces más caro.

Este revelador testimonio de Gerardo Reyes es otro de los muchos documentos que nos cuentan una parte de la verdad de estos gobiernos que siguen su indeclinable pasión por la ilegalidad, así en sus discursos, en los encuentros nacionales e internacionales, se presenten como abanderados de la honradez y la dignidad. Alex Saab debe ser leído. Creo que pronto tendremos una segunda parte de la historia que millones de personas no conocen, pero es a esos millones a quienes esos delincuentes les han birlado su dignidad y su tranquilidad.         
 

*Luis Fernando García Núñez. Escritor, periodista y docente. 
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