La conciencia sin pausa

En su novela más reciente, el ganador del Nobel de Literatura 2023 describe el tránsito de la vida a la muerte en todo su misterio y desconcierto.

En Blancura (Random House, 2023), la más reciente novela de Jon Fosse (Haugesund, 1959) galardonado con el Premio Nobel de Literatura este año, se relata una situación simple, algo que quizás muchos han experimentado en algún momento, y es sentirse aburridos con el impulso de salir y dejarlo todo, sin demasiadas consideraciones.

“Me subí al coche y me marché. Me sentó bien. El movimiento me hizo bien. No sabía adónde iba. Simplemente me marché. Me había embargado el aburrimiento, a mí que nunca me aburro me había embargado el aburrimiento. Nada de lo que se me ocurría hacer me producía el menor placer”.

El marcharse sin mirar atrás y sin saber adónde se llegará se va tornando en algo diferente y cada vez más preocupante para el narrador/personaje de esta historia. Blancura es un flujo de conciencia sin pausa y desde la primera línea el lector se sumerge en este torrente como si de un río se tratara. No hay de dónde agarrarse, y es solo cuestión de esperar a que en algún momento del recorrido surja algo: una rama o piedra de la que nos podamos sujetar para luego salir y respirar tranquilos.

El narrador llega a un punto en el camino en el que no puede avanzar más y debe bajarse del carro. No hay casas, granjas ni nadie a la vista, solo un bosque y montañas detrás. Después de mucho pensarlo decide bajar para buscar a alguien que lo ayude a desatascar su vehículo y es allí cuando la situación, corriente en apariencia, comienza a tener momentos de verdadero desconcierto cercanos al terror.

“Me sentí vacío. Y luego aquel temor. ¿De qué tenía miedo? ¿Por qué tenía miedo? ¿Tenía tanto miedo que era incapaz de bajarme del coche? ¿No me atrevía?”.

Al estar inmersos en el flujo de conciencia del narrador, con su verborrea incesante producto de la desesperación, se nos contagia fácilmente esa sensación y el hecho de perderse en un bosque de noche en medio de la nieve en un paraje apartado se experimenta en toda su plenitud y desolación. El narrador/personaje no puede evitar los pensamientos intrusivos que lo asaltan a medida que su situación se agrava, y la exposición a los elementos es cada vez más preocupante. Nos preguntamos constantemente: ¿qué está pasando? ¿Son alucinaciones lo que ve? ¿Algo de todo esto es real? El personaje también se lo pregunta pero no encuentra respuestas. No sabe qué sucede, cómo puede terminar todo. Hay una incapacidad de acción de su parte, en ocasiones de movimiento, una parálisis de un carácter tal vez emocional que, aunque se diga a sí mismo que debe hacer algo, moverse, buscar personas que lo ayuden, etcétera, le cuesta cumplir sus propias órdenes y él mismo no lo entiende y se lo cuestiona, haciendo crecer nuestra desesperación.

“Esta oscuridad me da miedo. La verdad es que tengo miedo. Aunque sea un miedo sereno. Un miedo sin angustia. Pero tengo miedo de verdad”.

Una cualidad de la narración es que el tiempo avanza más rápido de lo que alcanzamos a percibir. El personaje cuestiona la realidad que ve y su propia sanidad, llevándonos a cuestionarla también, pero nunca da respuestas. Como todo lo experimentamos desde su óptica, no podemos saber más y nos queda nuestra intuición solamente, nuestra experiencia vital para decidir qué le pasó a este personaje sin nombre. Entre las repeticiones del narrador, en ocasiones absurdas, teniendo en cuenta lo grave de su situación, se ejerce una especie de magia que hipnotiza al lector y lo obliga a leer rápidamente.

“¿Qué está pasando, en el interior del bosque, en la impenetrable oscuridad en la que están los árboles, en la que está la nieve blanca, sobre las ramas y por el suelo entre los árboles? Esto es lo que hay aquí. Esto y luego yo”.

Blancura puede considerarse un tránsito de la vida a la muerte, misterioso y terrorífico como debería ser, y que nos deja con más preguntas que respuestas. Una experiencia en donde la ambigüedad gobierna y en donde nuestra intuición y creencias deberán servir para darle sentido a todo.

“Quiero que haya un silencio total, quiero escuchar el silencio. Porque es en el silencio donde puede oírse a Dios. Por lo menos así lo expresó alguien una vez, pero yo desde luego no oigo la voz de Dios, lo único que oigo es, en fin, la nada”.

Fosse no era muy conocido en nuestro idioma antes del Nobel. Gracias a ese reconocimiento ahora podemos disfrutar de algunas de sus obras como Mañana y tarde (Nórdica Libros), Septología y Trilogía (Seix Barral, De Conatus) y Melancolía (Random House).

Blancura es distribuido en Colombia por Penguin Random House y se encuentra disponible en las principales librerías.