Ríe Payaso

Por: Germán Borda, especial para Libros y Letras
En la muy famosa aria de la ópera de Leoncavallo. El payaso tiene que vestir el traje del oficio más triste del mundo para alegrar a los asistentes a la carpa y olvidarse de su propia tragedia, su mujer lo engaña. Y tiene que hacer reír. Que los cómicos y los humoristas pueden ser seres muy melancólicos, depresivos, es sabido. Un caso ha conmovido al mundo Robin Williams, en apariencia un ser pleno de éxito, dinero, fama sufría de profundas depresiones. Tristeza insondable, tanto que le sustrajeron el sentido a su vida y ha terminado en el suicidio. 
Todos nos sentimos en cierto grado culpables con un sentimiento indescifrable. Nos percibimos deudores de los momentos gratos que pasamos con un ser con dos caretas. 
La fama y el éxito, tienen un extraño karma de soledad, aprisionamiento huyendo del público. Han liquidado muchas vidas y carreras. 
La fama se busca con ahínco, indispensable para ciertas profesiones —quizás para todas—pero con un terrible estigma, es irreversible. 
Hay un famoso escrito: 
Viendo a Garrit actor de la Inglaterra, el pueblo al aplaudirlo le decía, “eres el más gracioso de la Tierra, y el más feliz” y el cómico reía. Víctimas del spleen los altos lores, en sus noches más negras y pesadas, iban a ver al rey de los actores y cambiaban su spleen en carcajadas. 
Una vez ante un médico famoso, llegose un hombre de mirar sombrío; 
– «Sufro» le dijo – «un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío. Nada me causa encanto ni atractivo, no me importa ni mi nombre ni mi suerte, en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única ilusión la de la muerte”. 
– Médico: ¿Viajad y os distraeréis? 
– Tanto he viajado. 
– Médico: la lectura buscad. 
– Tanto he leído. 
– Médico: que os ame una mujer. 
– Si soy amado. 
– Médico: un título adquirid. 
– Noble he nacido. 
– Médico: ¿pobre seréis quizá? 
– Tengo riquezas. 
– Médico: de lisonjas gustáis? 
– Tantas escucho. 
– Médico: que tenéis por familia? 
– Mis tristezas. 
– Médico: vais a los cementerios? 
– Mucho, mucho. 
– Médico: de vuestra vida actual tenéis testigos? 
– Si, mas no dejo que me impongan yugo, yo les llamo a los muertos mis amigos y a los vivos les llamo mis verdugos. 
– Médico: me deja vuestro mal perplejo, más no debo acobardaros, tomad por receta hoy este consejo. Solo viendo a Garrit podéis curaros. 
– A Garrit
– Médico: si a Garrit. La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa todo aquel que le ve muere de risa tiene una gracia artística asombrosa. 
– Y a mi me hará reír? 
– Médico: si, os lo juro. Mas, que os inquieta? 
Y así dijo el enfermo. No me curo – yo soy Garrit cambiadme la receta.
¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reir como el autor suicida sin encontrar para su mal remedio! ¡Ay ! ¡ Cuántas veces al reír se llora!.. ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora el alma llora cuando el rostro ríe! Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestras plantas pisa lanza a la faz la tempestad del alma un relámpago triste: la sonrisa. El carnaval del mundo engaña tanto; que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas. 
Invierto el lente, dirijo, en otra dirección los binóculos. A veces paso por un ser distante, quizás antipático, de difícil acceso. Es la manera de esconder una profunda e irremediable timidez. Hay quienes aplauden mi manera de contar chistes, otros, que imito muy bien y ríen con ganas. Un lado secreto. Una amiga, que me conocía bien, hoy en la paz de descanso eterno, me decía, ( siempre festejó con alegría y carcajadas altisonantes mis ocurrencias) lo que pasa es que tú eres como Garrit.

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