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Rodolfo Edwards habla de literatura y peronismo

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Rodolfo Edwards habla de literatura y peronismo
By Libros y Letras 8 de julio de 2014
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No. 6.752, Bogotá, Martes 8 de Julio de 2014 
Rodolfo Edwards habla de literatura y peronismo 

“Es la gran musa inspiradora para escribir y para pensar” 

Tomado de Página 12/ Buenos Aires. Con el bombo y la palabra puede ser vista como una historia de la literatura argentina desde el peronismo. Se trata de un recorrido vertiginoso que incluye la perplejidad de los “contreras” y los homenajes del campo nacional y popular. 
El tío paraguayo Duarte –el mismo apellido de Evita– usaba chancletas de plástico transparente y confiaba ciegamente en que su sobrino sería político o escritor. Acertó ese gran hombre que logró que el niño Rodolfo Edwards se fascinara con las historias que le contaba, a fines de la década del ‘60, sobre “el Pocho”, entonces exiliado en Madrid. Por él se hizo peronista. A él está dedicado Con el bombo y la palabra. El peronismo en las letras argentinas. Una historia de odios y lealtades (Seix Barral), un recorrido vertiginoso por los dispositivos textuales que manifiestan la indisposición del campo literario argentino “frente a un fenómeno incómodo que apareció como un grano lleno de pus para los actores culturales”, un grano que explota por obra y gracia de la pasión que pone Edwards a la hora de escanear con el “peronómetro” en mano –como advierte a Página/12– una lista abrumadora de libros que han denigrado la historia y las figuras del peronismo. Hay cuentos, novelas, poemas y piezas teatrales de Jorge Luis Borges –”el gran matricero de textos antiperonistas”–, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Beatriz Guido, Elvira Orphée, Ezequiel Martínez Estrada, Julio Cortázar, Néstor Perlongher, Copi, César Aira
En el rastreo aparecen homenajes sinceros al peronismo, como los de María Elena Walsh, el drama desgarrador que encarna Responso, de Juan Saer, la trilogía peronista de Guillermo Saccomanno y Pubis angelical, de Manuel Puig, entre otros. Pero el hecho innegable es que la mayoría de los escritores argentinos son antiperonistas. En el “palo nacional” están Leónidas Lamborghini, Germán Rozenmacher, Enrique Santos Discépolo y Leopoldo Marechal, además de afilados ensayistas como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Juan José Hernández Arregui y John William Cooke
Copi y Perlongher plantean una carnavalización del peronismo. ¿Sería una forma simpática de gorilismo, una manera de expiar el antiperonismo, o esa carnavalización es un mecanismo que lo explicita? 
– Es una manera de explicitarlo. Mi libro puede ser visto como una historia de la literatura argentina desde el peronismo. En el cuento “El simulacro”, de Borges, en un lugar muy lejano de provincia están velando el cadáver de Evita. Es un simulacro porque adentro del cajón hay una muñeca y hay un tipo vestido como Perón. La idea permanente de Borges es que el peronismo es una farsa, una mentira. El peronismo es una representación teatral. Ese texto de Borges arma una serie con Copi, con Perlongher, con Aira, con (Daniel) Guebel. Este texto de Borges actúa como una gran matriz. Borges es el gran matricero de textos antiperonistas. En el tratamiento del cadáver de Evita en Perlongher y Copi veo una cuestión antiperonista. Hay una saña con las figuras del peronismo. El padre de Copi era Raúl Damonte Taborda y él sufrió el peronismo porque se exilió con su familia en Montevideo. En la obra de teatro Eva Perón, aparece la madre de Evita y le dice: “Guacha, dame el número de cuenta de Suiza…”. Esto es violento y agresivo. No veo un homenaje a Evita como alguna crítica pretende ver. Lo de Perlongher me parece toda una obsesión con el cadáver de Evita. Mi cuestionamiento a estos autores no es para nada estético. Pero en mi libro aplico un escáner, un “peronómetro” y un “antiperonómetro”. La obra de Perlongher me parece inobjetable; Cadáveres es uno de los más grandes textos de la poesía argentina. La literatura argentina no se puede pensar sin el peronismo. El peronismo es la gran musa inspiradora para escribir y pensar. 
– Las ficciones antiperonistas ganan por goleada, ¿no? 
– Coincido plenamente. En el curso de mi investigación, armaba pilas de libros en mi escritorio. La pila de libros antiperonistas se elevaba y crecía. Y la pilita de libros peronistas era muy chica; había una gran desproporción. Lo atribuyo a un factor: el peso de la cultura de izquierda y de la cultura liberal es muy fuerte; son dos tradiciones que vienen del fondo de la historia. En cambio el peronismo tiene setenta años, no es nada, es muy poco tiempo. La gran mayoría política peronista no se refleja en lo cultural. 
– ¿Por qué ocurre esto? ¿Será por la fuerza que han tenido Sur y Victoria Ocampo en la cultura del siglo XX? 
– Las capas medias no han terminado de digerir al peronismo. De hecho está la gran frase de Cooke, “el peronismo es el hecho maldito del país burgués”, muy iluminadora en el campo cultural, donde el peronismo despierta una gran perplejidad en los intelectuales. El peronismo es como el Peter Pan de la política argentina, un adolescente eterno que se niega a crecer. Por un lado hace torpezas y a veces cagadas. Pero por otro lado se mantiene vigente, lozano y siempre joven. 
– ¿La perplejidad que produce hoy el peronismo tiene que ver con cuál será la forma que tendrá este cuerpo político en movimiento? El menemismo también fue una forma de peronismo. 
– En el comienzo del libro pongo un poema de Ramón Plaza que dice: “En mi balcón/ hay una planta/ de la cual no sé el nombre,/ ni qué lugar ocupa en el discurso/ botánico./ Nos hemos conocido allí,/ en el balcón./ De modo que si bien/ sé con quien trato, no sé quién es.// Su flor es gigantesca. Una sola./ Amarilla y en forma de corola./ Un picaflor la visita,/ la liba, la chupa, la cuerpotea,/ la relame, la lenguotea, la usa/ como mujer.// Luego vienen otros y otros./ Esta planta labura en mi balcón,/ y es la casa de putas/ de todos los picaflores”. Como la súper flor de los balcones, al peronismo también se lo liba, se lo cuerpotea, se lo relame y se lo lenguotea, a veces con odio, a veces con amor. El peronismo es como esa flor que liban los picaflores: liberalismo en los ‘90, ahora hacia la izquierda. El peronismo es un espacio de lucha de la gran puta; todos se lo llevan a la cama por derecha o por izquierda. Por eso el peronismo para mí es rock & roll. El peronismo es el espacio de la transgresión. 
– ¿Por qué a esa transgresión le cuesta tener su correlato en lo cultural? 
– En el libro analizo la relación tensa que tuvo Perón con sus propios cuadros intelectuales, con Scalabrini Ortiz, con Jauretche. En lo cultural el peronismo más clásico es bastante conservador, salvo Leónidas Lamborghini, nuestro gran poeta. Los grandes escritores del peronismo son Leónidas y Marechal. El peronismo donde mejor se ha manifestado es en el ensayo, en los textos de Jauretche, esos textos de hacha y tiza, el libelo, el brulote, esa cosa agresiva de replicar al rival atacándolo, esa pluma afilada de manifiesto. Ahí están Hernández Arregui y Cooke, muy afilados a la hora de escribir. Pero son textos de contestación, de réplica, textos militantes… Perón decía que la única verdad es la realidad. Y yo digo irónicamente que por encolumnarnos con nuestro líder no podemos escribir ficciones. La ficción es el territorio de los gorilas.