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México en Sur. Reflexión a una de las revistas latinoamericanas más importantes

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México en Sur. Reflexión a una de las revistas latinoamericanas más importantes
By Libros y Letras 10 de noviembre de 2018
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Por: Gerardo Villadelángel Viñas[1]

El escritor y editor mexicano Gerardo Villadelángel Viñas entrega este
especial que hemos dividido en varias partes para la revista Libros &
Letras
 sobre su visión respecto a una de las revistas latinoamericanas
más importantes del siglo XX. 

Sur, fundada por la
argentina Victoria Ocampo,
representa el deber ser de una revista. E
n torno a este tipo de
publicaciones nace, se alimenta y se agudiza la crítica, se diversifican los
puntos de vista, se pluralizan las perspectivas. Sur fue el
espacio de Borges, de Bioy, de Sabato, de una revolución silenciosa que abrió sus ramas hacia toda
América Latina hasta la profundidad de México, como lo veremos en el siguiente
artículo.

Parte I

Superada la primera década del nuevo siglo, con las
utop
ías del XX bajo sombra, vuelvo a esasneas de José Emilio Pacheco, escritas a
la muerte de Victoria Ocampo,
[2] en las que enalteció los procesos creadores de la
autora argentina a la vez que
lamentó la escisión de su obra más importante, la revista Sur, respecto de la literatura popular nacional teorizada a principios de 1930 por Antonio Gramsci, cauce
socorrido por
el escritor mexicano acaso por
el auge de una revolución que en esos momentos se fraguaba en Nicaragua y que
resolvió en el mapa ideológico latinoamericano el despliegue de una escritura
social apoyada en las mejores intenciones de una buena parte de la comunidad
intelectual de la regió
n.[3]

Sin ser un punto nuevo en la lectura crítica puesta en Sur, aquel obituario de 1979 aludía al distanciamiento de la revista respecto a las búsquedas planteadas por el pensador italiano, quien
cincuenta años antes hab
ía visto en
su pa
ís ese tenso escenario de sectores cultos que no
compart
ían ni mucho
menos viv
ían como
propios los sentimientos populares, que en su desligue del pueblo desde su
tradición de casta incumpl
ían una
funció
n educadora.[4] Así esquematizada por décadas, ahora lo sabemos, la consigna vuelta dogma
pareció desdibujarse despu
és de su enunciación práctica en reiterados procesos históricos e intelectuales. El
15 de junio de 1975 Pier Paolo Pasolini, uno de los herederos m
ás rigurosos de la ideología gramsciana, escribió luego de
examinar lo que t
ácitamente definió como el peor de sus ensayos artísticos:
Años atrás, mi ambición era la de lograr lo que Gramsci
llamaba
una obra de
arte
nacional-popular. Ha pasado el tiempo. Conseguir una película nacional-popular ha resultado ser un sueño. Las
masas est
án inertes y
se ha hecho dif
ícil
distinguir las clases sociales. Nuestra sociedad
de consumoha unificado
naciones y clases. Lo que llamamos el gran p
úblico se reduce a un concepto numérico. Yo quería que mi Trilogía de la vida fuera vista y comprendida por todos; por esto decidí abordar las formas de narración más puras y simples, e introducirme en las misteriosas
redes de esos cuentos genuinos, que me parecen m
ás fascinantes y universales que cualquiera otra forma narrativa moral e ideológica.[5]
Al margen de los modelos discursivos, lo planteado
por el cineasta y poeta expresaba una forma de ejercicio pol
ítico común que en su
fracaso sublimaba
por
consecuencia y porque en efecto lat
ía– a una ética de irreductible sustento esteticista incapaz de conquistar a
la
multitud”, sea por su constitución libresca o por un
frágil rasgo de identificación entre masas e intelligentzia,[6] lo que no implicaba, como Sur lo demostró
a su tiempo, obviar la elaboración de conciencias e imaginarios desde otros pulsos,
asumiendo incluso distintas nociones temporales, con la reflexión puesta, m
ás que en el presente, en sus probables
consecuencias.
         En la Abjuración” a su citada trilogía cinematográfica,
Pasolini dijo:
Pienso que, primero, nunca y en
ning
ún caso debe temerse a la instrumentalización por
parte del poder y de su cultura. Es necesario comportarse como si esta
peligrosa eventualidad no existiese. Lo que cuenta ante todo es la sinceridad y
la necesidad de aquello que se debe decir. Es necesario no traicionarla en modo
alguno, y mucho menos call
ándose diplomáticamente en virtud de
alguna toma de partido. Pero tambi
én pienso que, después, resulta igualmente necesario
darse cuenta de hasta qu
é extremos hemos sido instrumentalizados,
eventualmente, por el poder integrador. Y entonces, si la propia sinceridad o
necesidad han sido envilecidas o manipuladas, pienso que se debe tener el valor
necesario para renegar de ellas.
[7]
En el ámbito literario hispano una negación referencial y estridente de ese
poder integrador llegar
ía a
principios de los años ochenta del siglo XX por voz de Julio Cort
ázar, cuando al revisar su posición frente a las
postales mostradas por las revoluciones sandinista y castrista
secundó críticas muy
anteriores expresadas por autores como Octavio Paz y Mario Vargas Llosa.
Al parecer, las individualidades aquí tocadas, firmas todas aparecidas en las páginas de Sur, habían avanzado a la postre por una geografía liberal en la que esa revista fue señera racionalidad inteligente –por encima de generaciones de encantos y
desencantos–, modelo del debate y vislumbre sobre las sombras del futuro.
[8]

Parte II

Fundada en Buenos Aires en enero de 1931, en pleno
verano austral, en un
ámbito político, económico y
cultural en franca y prolongada decadencia, centro de fuertes tensiones entre
populismo y modernidad, tradición y vanguardia, nacionalismo y cosmopolitismo,
la
revista Sur llegaría a convertirse, por su grave acento liberal, en un oriente
intelectual imprescindible para los procesos m
ás importantes que marcaron su siglo, no sólo en Argentina sino en el
grueso de Am
érica y Europa.

Sur trascendió la llamada
“década infamerioplatense, acunada en la Gran Depresión de 1929 y en el golpe militar del general José Félix Uriburu contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen, para orbitar una
esfera que desde su impulso panamericanista reflejar
ía a lo largo de sesenta años posiciones
contrapuestas a los órdenes trazados, en principio, por el nacional-catolicismo
y la restauració
n populista promovidos por órganos reaccionarios como la revista Criterio.[9]

Por decisión y talento de la joven Victoria Ocampo, cuyos viajes y
educació
n de institutrices la llevaron a tener al francés como primera lengua y al europeísmo como cultura seminal, Sur materializó la idea
compartida con el estadounidense Waldo Frank, el
escritor y amigo de Ocampo ahora olvidado,
de crear
una revista
que se ocupe principalmente de los problemas americanos, bajo varios aspectos y
donde colaboren americanos que tengan algo que decir y los europeos que se
interesen por Am
érica”.[10]

En el origen estarían los
cercan
ísimos Eduardo Mallea, Eduardo J.
Bullrich
creador de
la sobria flecha s
ímbolo de la
revista
, Jorge Luis Borges, Guillermo de
Torre
, Mar
ía Rosa Oliver, Oliverio Girondo, Alfredo González Garaño, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Leo Ferrero, Pierre Drieu La Rochelle, José Ortega y Gasset que bautizó a Sur como Sur, Jules Supervielle y Ernest Ansermet; juntos
conformaron el consejo de redacción y el consejo extranjero que lanzaron el
primer n
úmero.

En los años de auge, que tendrían su impulso tras la creación en 1933 de la casa hermana Ediciones
Sur, a esos nombres seguir
ían los de
Val
éry, Tagore, Heidegger, Caillois, Breton, Eliot, Huxley, Woolf, Camus, Greene,
Bellow, Joyce, Lawrence, Beckett,
Ionesco,
Godard, Faulkner, Mishima, Nabokov, C
é
line y muchos del círculo hispanoamericano, de Alonso, Bianco, Mistral, García Lorca, Alberti, Cortázar, Bioy Casares, a la columna de
mexicanos representada principalmente por Antonio Castro Leal, Xavier
Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, Daniel Cos
ío Villegas y Octavio Paz, aparte del ya mencionado Alfonso Reyes.[11]
                En defensa de la inteligencia, divisa de uno de sus ejemplares más recordados, y en cerca de 350 números Sur tendió redes, abrió ideas y asumió posturas a partir de un cido y adelantado abordaje de temas y de una reunión de mentalidades que respondía a diversas corrientes y momentos, bien adhesiones al
humanismo cristiano o a la izquierda marxista, bien a la doctrina pacifista de
Gandhi, al feminismo o al anarco-
individualismo de Spencer encarnado sobre todo en la figura de Jorge
Luis Borges, la mejor construcció
n literaria y estilística de la
revista.
         Era la formación de una libertad de pensamiento dirigido a una sobrada
voluntad
política que nunca
prescindi
ó de la filosofía como fórmula
editorial, aun a riesgo de desatar
polémicas y desacuerdos entre sus
promotores
siempre
hechos p
úblicos y discutidos en sus mismas páginas–, por hacer paradigma de una de las críticas más acuciosas
que se recuerden del periodismo en su tipo, para exigir desde su vocación

literaria nuevos arquetipos del
ejercicio de la escritura
.
         Por causalidad –y muy por
encima de atestiguar
Sur protagonizó y estimuló una buena parte del debate
provocado por las crisis y los
éxodos en los contextos de la Guerra Civil española,
el fascismo italiano, el nacional-socialismo alem
án, el peronismo, el estalinismo e incluso las posiciones totalizantes
surgidas de la Guerra Fr
ía.[12] Victoria Ocampo y su grupo, Sur como proyecto en sí, se convertirían en
adición en una referencia humanista por su acogida a las letras del exilio que
Occidente vivió en el siglo pasado.
[13]



Sobre Gerardo Villadelángel
Viñas (Ciudad de México, 1973)
Curador editorial y ensayista, estudió
literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional
Autónoma de México (ffyl-unam), la Escuela de Escritores de la
Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y la Universidad Internacional
Menéndez Pelayo de Santander, España.
Ha sido asesor de la dirección y
editor de contenidos especiales en la Feria Internacional del Libro de
Guadalajara. Actualmente cura, coordina y edita la colecció
n en siete volúmenes El libro rojo. Continuación
(México, Fondo de Cultura Económica –fce–,
2008 a la fecha) que en 2009 obtuvo el Premio al Arte Editorial de la Cámara
Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem). Como coordinador y editor
realizó, en coautoría con el antropólogo Roger Bartra, el bestiario Axolotiada.
Vida y mito de un anfibio mexicano
(México, fce-Instituto
Nacional de Antropología e Historia –inah–,
2011). Es antólogo,
curador
editorial
y prologuista de la obra México en
Sur 1931-1951
(México, fce-La
Jaula Abierta, 2014) y codirector de La Jaula Abierta, sello que fundó con el
escritor Vicente Leñero y el propio Roger Bartra. Ha presentado su obra en México, Estados Unidos, Argentina,
Colombia, Perú, Nicaragua, España y Japón. 




[1] Texto leído el 31 de julio pasado en el Teatrino de
Don Os del Gimnasio Moderno, en Bogotá, Colombia, en una conversación con Juan
Camilo Rincón. Sumadas ahora las notas al pie, se trata de una adaptación de la
introducción del libro México en Sur 1931-1951, con curaduría editorial de Gerardo Villadelángel y
editado en México, en 2014, por el Fondo de Cultura Económica y La Jaula
Abierta. 
[2] Victoria Ocampo (Buenos Aires7 de abril de 1890 – Beccar27 de enero de 1979).
[3] José Emilio Pacheco, Victoria Ocampo y la revista Sur”, Proceso,m. 118, p. 49, 5 de febrero de 1979.
[4] Antonio Gramsci, Literatura popular”, Obras.
Cuadernos desde la c
árcel. Literatura y vida nacional, vol. 4, pp. 123 y
ss., M
éxico, Juan
Pablos Editor, 1998.
[5] P. P.
Pasolini, citado en Jos
é Luis Guarner, “Prólogo, Pier Paolo
Pasolini,
Trilogía de la vida, (Voz Imagen), Barcelona, Aymá, 1976,
p. 14.
[6] A. Gramsci, op. cit.
[7] P. P. Pasolini, Abjuración de la Trilogía de la vida”, op. cit.
[8] Para esta
introducción he hallado pautas en el libro La sombra del
futuro
. Reflexiones
sobre la transició
n mexicana (México, FCE, 2012),
donde Roger Bartra mira sombras en retrospectiva y, en efecto, a futuro, a
partir de una breve aunque densa carga de reflexiones sobre el porvenir y su
peso espec
ífico en el presente, principalmente
en el plano pol
ítico-social. Bartra comparte la parábola con autores que se han detenido en el mismo
estudio de la trascendencia de los tiempos en etapas y contextos determinados,
como George Orwell, Johan Huizinga, Norbert Lechner, Gino Germani, Ernst Bloch
y Reinhart Koselleck. Parte del examen de Bartra encuentra un gozne en los
entusiasmos y desilusiones de Julio Cort
ázar en cuanto
a la revolución en Nicaragua; por cuestiones azarosas, se trata de la misma
figura que tuve a la mano para entablar el paralelismo con Pasolini. El
concepto entrecomillado
racionalidad inteligentelo he tomado del mismo volumen citado.
[9] Fundada en
1928 y editada aún en nuestros d
ías –hasta donde
sé–
, Criterio mantuvo por
mucho tiempo una confrontació
n directa con Sur, pugna que se vio acentuada a
finales de la década de los treinta ante la posición de la revista de Victoria
Ocampo, comprometida con la causa republicana española (su apoyo fue total y
desbordó
ginas y letra impresa: además de acoger a muchos de los intelectuales exiliados,
Ocampo envió a España ayuda en especie e incluso dinero para mantener a grupos
y organizaciones de necesitados a consecuencia de la guerra y el franquismo; el
escenario se repetir
ía años después, cuando la Francia ocupada). A
mediados de 1937 Criterio
acusó”
a Sur de ser una revista francamente de izquierda; la respuesta fue obligada: […] Estamos contra todas las dictaduras, contra
todas las opresiones, contra todas las formas de ignominia ejercidas sobre la
oscura grey humana, que ha sido llamada la santa plebe de Dios. Estamos
siempre, en cualquier caso, con todo el fervor de que somos capaces, con toda
la posibilidad de riesgo que fuera preciso correr, con todo el candor que es
para ello necesario, del lado de los puros de corazón, los puros de
inteligencia.
Éste es nuestro
solo partido y no es,
convengámoslo, un partido político. Pero si la publicación llamada Criteriodesigna todas
esas cosas con el nombre general de izquierdismo, esto es tal vez lo que
nosotros somos
por fortunay lo que la
verdadera
tradición cristiana ha querido para todos
los hombres
. En Posición de Sur”, Sur, revista mensual,
n
úm. 35, año VII, Buenos
Aires, agosto de 1937, pp. 7 a 9.
[10] Carlos Adam, Bio-bibliografía de Victoria Ocampo”, Sur. Victoria Ocampo 1890-1979. Homenaje, revista semestral, núm. 346, Buenos Aires, enero-junio de 1980, p. 135.
[11] Otra suma,
sin concierto: Juan Carlos Onetti, Mar
ía Luisa Bombal,
Andr
é Gide, Silvina
Ocampo, Georges
Bataille, Isaiah
Berlin, André Malraux, Theodor Adorno, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre,
Robert
Musil, C. G. Jung,
Lanza del Vasto, Ernesto Sabato, Ezequiel Mart
ínez Estrada, Jack
Kerouac, Osamu Dazai,
Walter Benjamin, Ernest Jünger, Nathalie
Sarraute, Donald Keene, José
Donoso, Dardo Cúneo, Eduardo González Lanuza, Virgilio Piñera, Enrique Pezzoni, Silvia Molloy, Enrique Anderson
Imbert…
cuesta y no es prudente intentar hacer una relación de nombres de
colaboradores que haga expl
ícitos el
alcance y la influencia de la revista
Sur y su editorial, que por lo demás trajo al castellano en magnas traducciones un insólito universo literario. Desde luego hubo
excluidos: Roberto Arlt, Alfonsina Storni, Manuel Mujica
inez, Juan L. Ortiz, Witold Gombrowicz y la Academia
Argentina de Letras toda, entre otros. Para este
último punto véase Adolfo
Bioy Casares,
Borges, Buenos Aires, Destino, 2006, p. 384.
[12] Algunas
lecciones del peronismo ante la posición de los miembros de
Sur, opuestos al nacionalismo popular-militar: en mayo de
1953 Victoria Ocampo fue apresada por
su presunto
involucramiento en un atentado contra Perón durante una concentración en la
Plaza de Mayo
. Con ella se detuvo a los
colaboradores de la revista Carlos Alberto Erro, Vicente Fatone y Francisco
Romero, figuras acad
émicas con un
lugar destacado en los estudios de la filosof
ía argentina. Su
liberaci
ón, al mes
siguiente, se debió en gran parte a la presió
n de intelectuales de todo el mundo. Ya
en 1946 Borges hab
ía padecido represalias del
gobierno, cuando por firmar manifiestos
democráticos fue
removido de su cargo de auxiliar en la biblioteca municipal Miguel Can
é para ser reubicadoen la policía municipal como inspector de aves y conejos. Dos
años despu
és su madre y
su hermana Norah llegar
ían a la cárcel por cantar el
Himno Nacional en la calle durante una manifestació
n de señoras contra
la dictadura
”. Véase Rosalie Sitman, Victoria
Ocampo y Sur. Entre Europa y Am
érica, Buenos Aires,
Ediciones Lumiere-Universidad de Tel Aviv, 2003, pp. 219 y ss.
[13] El ejemplo más claro de esa acogida fue el apoyo al exilio
intelectual franc
és que llegó a Argentina durante la segunda
Guerra Mundial, encabezado por el sociólogo y cr
ítico
Roger Caillois. Sería uno de los puentes mejor tendidos por el núcleo de Sur. En el tránsito, la revista Lettres Françaises subsistiría desde Buenos Aires, dirigida por Caillois y
patrocinada por Victoria Ocampo, quien en 1944 no dudó en hacer en Inglaterra
una edición antológica en papel biblia y de formato reducidopara lanzarla desde el aire en la Francia ocupada.
Por su parte, Caillois volver
ía a su país en 1945 para crear La Croix du Sud en la editorial
Gallimard, colecci
ón especializada en literatura latinoamericana que abrió paso a las
primeras traducciones francesas de autores como Borges, Rulfo, Carpentier,
Mistral y Neruda.