Tríptico del desamparo, una novela no tejida a ciegas ni el aire

Ganadora de la Bienal de Novela José Eustasio Rivera en Neiva 2.012 
Por: Marco Polo
La primera versión de este texto comenzó en Enero del 2013. Hoy dos años después, pareciera escrita para la segunda edición, que felizmente enterró la primera, como si fuera la única.
“Escribo en caliente la prima impresión del libro Tríptico del desamparo de Pablo Di Marco, que el autor me enviara vía internet. Y puedo notar el esfuerzo del escritor, un joven escritor, al tomar alguno de los senderos que tiene bifurcados en su interior para el futuro de las letras”.
Ahora refundo en un solo texto, los subrayados de su versión digital, con los del libro de papel en el texto final de la hermosa edición española de “Palabras de agua”, que nada tiene que ver con la edición del concurso, que resultara en verdad toda una ofensa para ésta gran novela.
La ficción, la trama y la cotidianidad que se revuelve como un uróboro tragándose por su cola en un circulo.
La novela escoge la forma frente al contenido iluso y hace una novela nueva con trazos de vieja veneciana. 
La necesidad de lo sublime o la obligación de lo novedoso, esto último muy socorrido hoy aunque ya usado, en el ejercicio por los maestros de la narrativa.
Es el fondo de esta novela escrita para concursar y ganar. Como si dentro del mismo texto se hubiera presagiado su derecho a la redención.
Y a fe que ganó. 
Me pregunto ahora, entonces qué me llevó de la mano por esos senderos límpidos del inicio del relato donde una mujer mayor de sesenta, cercana a los libros, quiere huir de su mundo a punto de caer, soportada como la ciudad, sobre los tacones viejos, bajo los pies de una adolescente. Y es que la Venecia presentida de James, me intuían que iría en tal dirección y me dejaba llevar, por una historia tan sencilla que a lo mejor me daría el toque de lo sublime al mediar el relato como lo esperé. Pero esto no es mas que un prejuicio de viejo lector. Porque el deterioro de los años de Irene se reflejan como espejo sobre el joven y podrido coprotagonista que de comienzo a fin no logra tener una personalidad verosímil, y sí una gran estela de espectro fantasmal que personifique la crítica acerba conque el autor quiere incidir en la minucias de la suciedad del desarrollo cultural, con todo y errores maternos o falencias paternales, dictaduras, desfalcos y falta de oportunidades.
Es éste un libro que habla de sí mismo. Que cuenta la historia de su propia historia, o que hace la crítica de la propia obra, al final, cuando el lector cómplice ha terminado la lectura y naufraga en manos del escritor. Puede ser un astuto juego Borgiano, donde el capítulo principal es una especie de sofisma, de adivinación aporística que estimula el cuestionamiento del lector que camina por la novela.
Es posible que aquel anhelado fondo lo puedan perpetuar algunos verdaderos críticos, en esa Buenos Aires que se dibuja en contornos de una decadente y azotada editorial, pero sin tentar las bondades de algún moralismo soterrado, me parece que la obra se resuelve en la forma, cual tríptico oscuro de una matrioska tan valiosa por su colorido, cada vez que se descubre la más pequeña una vez se llega al fondo, la que no tendrá más contenido que la opinión absoluta del autor que puede interactuar con el lector pasivo hasta allí, para decirle estás equivocado, debes leer otra vez la novela. Y el lector lo debe hacer y encuentra que la novela no ha culminado y ve otro final y puede seguir si quiere, tejiendo a ciegas y en el aire las conclusiones que desee en esta u otra novela que imagine.
El usar los espejos o ser parte de los espejos aborrecidos o queridos por Bioy o Borges es el tinte natural del autor y posiblemente la remisión a su simbología de lo corrupto, de lo insoluto, a partir de esas bibliotecas circulares, de esos escalones que subiendo descienden en ese, que puede ser uno de los círculos de castigo para lograr la redención.
¿El libre albedrío es un tema o un recurso para dar el giro? ¿La vuelta de tuerca? 
Cuando se ha logrado la atmósfera esotérica de quien salva y enjuicia. Ángel y acusador. Ángel y delicia.
Es una novela diferente, cual hoja de cubierta de libro de historia interminable, que se arrolla sobre sí y vuelve sobre el texto, para tratar de explicar en grabados, el derroche de la vida que concluye con la posición del autor, quien de forma audaz tiene la última palabra al traer al final La entrevista y hacer creer que allí finaliza la novela y que todo lo que el lector ha leído es un falso concepto del libro.
Novela inteligente. Un logro en la nueva forma de escribir esta novela. Directa para el premio que merecidamente ganó. La historia crítica de una historia. 
¿Hasta cuando recordaremos luego, su arte, su magia, como el sublime ejercicio de la vindicta en Emma Zunz?
Su lenguaje sencillo, porteño a veces, nos acerca al texto y nos persuade de una tersa realidad, vívida en los diálogos perfectos, con el elemental conocimiento del italiano y de la indescifrable y eterna Venecia, pero no por los caminos de James como lo dije y sí por la sencilla oscuridad que un Auster nos embrolla con emoción, a los que queremos sorprender con nuestra primera novela circular. Nuestra novela en la novela sin fin.
Valoro ahora su atrevimiento. La levedad de su interna poesía. Los pequeños desajustes sub reales que obligan al lector a subrayar, a desear otro final. El interactuar con el lector, retarlo y ganar el reto. Por jugar con él y con la referencias intertextuales. Por ganarse su complicidad. Por haber ganado en mi tierra, el Huila, y compartir conmigo al menos, el marco de su apellido.
Una historia que es la misma ficción perceptible al leer la entrevista que es la novela. Realizada con ciega paciencia de tejedora. A pesar del único altibajo que promociona el posible derrumbe de la atención del que lee, al flaquear lo verosímil con la necesidad de un “algo” que sea menos frígido que la argucia, algo mas noble que un sin fondo tejido en el aire y no en el merletto de Burano.

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