Un café en Buenos Aires con Héctor DÁlessandro

Por: Pablo Di Marco especial para Libros y Letras.
El mundo de los escritores suele ser interno.
A fin de cuentas un escritor brinda lo mejor de sí mismo en la más absoluta
soledad, sin más compañía que un lápiz y un papel. Sin embargo, hay excepciones
como el uruguayo Héctor D’Alessandro, cuyo talento para la escritura no va a
contramano con una desenvoltura e histrionismo que le permiten ser capaz de
escribir una novela “en vivo y en directo” para las cámaras de televisión. De
esto, de su maravilloso libro El cucaracho y otros cuentos, y otros temas,
hablamos en esta entrevista.  
   —Gracias por recibirme, Héctor. Te pido un
favor: contale a nuestros lectores la particularísima experiencia que llevaste
a cabo el mes pasado en una librería de Xalapa, México.
   H: Entre el día 21 de marzo y el 19 de abril
escribí en público y ante cámaras que transmitían el evento online, una novela
que acabó titulándose Los ojos de mi madre. A lo largo del horario en que
escribía (entre las diez de la mañana y las seis de la tarde) interactuaba con
el público en vivo. Fue una performance que titulé, por varios motivos,
“literatura líquida” y cuyos contenidos se pueden encontrar en un blog del
mismo título.
   —Tenés pensado repetir la experiencia en
otros países, ¿no es así?
   H: Debido al entusiasmo inicial surgieron
propuestas y yo mismo me dirigí a diferentes personas con el ánimo de
repetirlo. Lo que luego se atravesó en el camino fue el surgimiento de
diferentes proyectos en la propia ciudad de Xalapa, que acogió mi actividad y
me amparó desde las instancias del gobierno municipal. Algo que agradezco
enormemente y que significó un motivo de mucho ánimo.
   —El éxito de El cucaracho y otros cuentos
(libro elogiado por autores de la talla de Marco Tulio Aguilera), ¿es un
aliciente o un obstáculo a la hora de emprender un nuevo proyecto literario?
   H: Al comienzo fue un llamado a la
responsabilidad, ante mí mismo y ante los lectores, sientes que no puedes bajar
de ese nivel en que te has situado y te han situado. Eso se manifestó en un
llamado que me hice a mí mismo a cuidar mucho más lo que escribo y lo que
publico. Creo que es un resultado muy positivo.
   —Me encanta intercambiar libros con mis
entrevistados. Acá te regalo el mío: Historias de familia, novela repleta de
hermosos recuerdos del escritor colombiano de Luis Ángel Sánchez. ¿Qué tenés
para regalarme, Héctor?
   H: Te regalo cualquier antología de
Felisberto Hernández que incluya “El cocodrilo” y “La casa inundada”. Y un
abrazo.
   Gracias,
Héctor. Vamos con las dos últimas y clásicas preguntas de Un café en Buenos
Aires: alguna vez Mario Vargas Llosa dijo que el día más triste de su vida fue
cuando Jean Valjean murió en Los
miserables
. ¿Cuál fue el día más feliz de tu vida?
   H: Tengo muchísimos días felices. Uno fue el
4 de agosto de 1984, día en que mi mamá me dio dinero para comprar todos los
ejemplares que pudiera de un periódico titulado Opinar que publicaba un cuento
mío ganador del primer concurso literario en que participé. Veinte días luego
ella murió, pero antes de irse me pude ver triunfar en mi profesión de
escritor.
   —Precioso recuerdo, Héctor. Gracias por
compartirlo. Ahora vamos con la última: t
e
regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de
cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le
harías.
   H: A Stendhal. Lo llevaría a tomar café a un
club que hay en Sitges donde se reúnen los tradicionales del pueblo, y le
preguntaría todo sobre La
Cartuja
de Parma y sobre su juventud en la guerra y sobre la
cantidad de seudónimos que utilizó, cómo se le ocurrieron, para qué los usó,
porque creía que tenía que usarlos. Y le daría las gracias por haber escrito
esa novela.

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