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Un café en Buenos Aires con Pablo Di Marco

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Un café en Buenos Aires con Pablo Di Marco
By Libros y Letras 10 de diciembre de 2013
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No. 6.551, Bogotá, Martes 10 de Diciembre del 2013 
La lectura es la gran proveedora de argumentos, la clave para que los demás te escuchen. 
José Miguel Monzón
Un café en Buenos Aires con Pablo Di Marco
Hoy: Martín Blasco
     Martín
Blasco es uno de los escritores más talentosos y promisorios de su generación.
Sus novelas
mayormente dedicadas a un público infantil y
juvenil
llegaron a Colombia y a toda Latinoamérica de la mano de  Editorial Norma.
   Una vez al año los representantes de la International Youth
Library de Munich (Alemania) seleccionan algunos pocos libros merecedores de
consideración. Estos libros pasan a ser parte del prestigioso Catálogo White
Ravens que se presenta cada mes de marzo en la Feria del Libro Infantil de Bologna (Italia). La
novela En la línea recta, de Martín
Blasco (libro inteligente y sutil, que recomiendo fervientemente) fue
seleccionada para ser parte de dicho catálogo en el año 2007.
      Pero no es sobre sus merecidos galardones
que conversamos con Martín, sino sobre el oficio de escribir, su relación con
la cultura colombiana y tantos temas más que aquí comparto con todos ustedes.
    
—Es complejo conjugar el papel de escritor con el papel de padre, ya que
ambos roles requieren de mucho tiempo y dedicación. Sin embargo, yo creo (o
quiero creer) que a largo plazo el ser padre inevitablemente enriquece la obra
de un autor, y mucho más si te especializás en literatura infantil y juvenil.
¿Qué opinión tenés, Martín?
    
M.B.: Dedicarme a la literatura infantil y juvenil y ser padre en mi
caso van de la mano, porque se me ocurrió que podía escribir libros para chicos
cuando nació mi hijo. En realidad lo que sucedió fue que me puse a ver cuentos
y novelas infantiles y juveniles y descubrí que muchas de las cosas que yo
venía escribiendo pensando que eran “para grandes” en realidad cuadraban con
ese mundo. Siempre tuve preferencia por el humor, la fantasía, las historias de
iniciación, todos registros propios de la literatura infantil y juvenil.
     —Tu hermosa novela En la línea recta se
editó en Colombia. Contame qué repercusiones recibiste y qué vínculo tenés con
la rica cultura colombiana.
    
M.B.: Lamentablemente nunca he estado en Colombia, aunque me encantaría
ir, espero que se dé la oportunidad. La novela En la línea recta se publicó allá a través de Editorial Norma, que
también la publicó en otros países de Latinoamérica y está traducida al alemán
y publicada en Alemania. Gracias a las redes sociales, que acortan distancias,
he tenido el gusto de recibir mensajes de lectores colombianos entusiasmados
con la novela. Para mí fue una sorpresa, es una historia muy local, muy de
Buenos Aires, pero, bueno, “pinta tu aldea y pintarás el mundo”. La cultura
colombiana es riquísima, eso hace que todo 
latinoamericano esté influenciado por su literatura, por su música. En
el campo de la literatura infantil y juvenil colombiana me gusta mucho lo que
hace Yolanda Reyes.
     ¿Cuando empezas a escribir una historia, lo hacés pensando en la edad de
los lectores o simplemente contás un relato?
    
M.B.: Al escribir no pienso en edades, la buena literatura tiene las
mismas reglas, más allá del público al que esté dirigida, un relato funciona o
no funciona. Me parece que buscar la edad más adecuada para un libro es tarea
del editor. Por supuesto soy consciente de que escribo para chicos,  pero me ha pasado que un relato pensando en
un principio como infantil termina siendo juvenil o incluso adulto, o lo mismo
en sentido contrario. Cuando el texto va cobrando vida puede terminar en
cualquier lado.
     La obra de los escritores suelen girar sobre tres o cuatro obsesiones.
¿Coincidís conmigo? En caso de ser así: ¿cómo hace el escritor para continuar
escribiendo sobre sus mismas temáticas y al mismo tiempo renovarse? (o no hacer
de toda su obra una única obra).
    
M.B.: Si tengo temas recurrentes, prefiero no enterarme. Supongo que los
tengo, como todo el mundo, pero al escribir quiero pensar que todo es nuevo,
que un mundo nace, casi como si cada libro fuera de un escritor diferente. Creo
en esa frase que dice “el estilo de un escritor es su límite”. Intento que cada
nuevo trabajo sea completamente diferente al anterior, que sea un desafío en
todo sentido, evitar las zonas cómodas. Por eso escribo para diferentes edades,
en diferentes registros y jugando con diferentes géneros.
    
—Trabajaste en una de las más importantes librerías de Buenos Aires.
Lamento no haberte encontrado a la hora de comprar de algún libro, ya que los
buenos libreros son una raza en extinción. Contame alguna anécdota de ese
maravilloso trabajo.
    
M.B.: Me pasaron el tipo de cosas que le pasan a cualquier librero,
clientes que te dicen “estoy buscando un libro, no me acuerdo el título ni el
autor, la tapa es marrón” ese tipo de cosas. Pero fue una hermosa experiencia y
tengo muy buenos recuerdos.
     —Acostumbrás recorrer escuelas para
charlar con los chicos sobre tus novelas. Deber ser una experiencia fascinante,
¿no, Martín?
    
M.B.: Sí, tengo la suerte de ir a colegios en toda Argentina y siempre
es una experiencia muy gratificante. Es extraordinario tener la devolución de
los chicos, recuerdo con cariño una chica de seis años que para mí resume lo
mejor que te puede pasar escribiendo para chicos. Me miró muy seria y me dijo “me
gustó mucho tu libro, ahora yo voy a escribir el mío”.
     Preciosa anécdota.
Vamos con las dos últimas y clásicas preguntas de Un café en Buenos Aires:
alguna vez Vargas Llosa dijo que el día más triste de su vida fue cuando Jean
Valjean murió en Los miserables.
¿Cuál fue el día más feliz de tu vida?
    
M.B.: En primer lugar elegiría un día de la vida real, cuando nació mi
hijo por ejemplo, pero los libros me han dado muchos días felices también. De
elegir uno no sé porque se me viene a la cabeza el día que llegué al final de Sufismo y Taoísmo de Toshihiko Izutsu,
un libro de ensayos, no de literatura, pero con un final tan poético que
emociona y causa felicidad inmediata.
     —Me despertaste la
curiosidad por leerlo. Ahora, la última: te regalo la posibilidad de invitar a
tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a
qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías.
    
M.B.: Elijo a Cervantes. Debe haber sido un tipo muy gracioso y con
grandes anécdotas para contar. Un café colombiano para mí, Don Miguel que pida
lo que quiera. Yo invito.
     Quienes quieran saber más sobre la obra de
Martín Blasco, los invito a disfrutar no solo de la reconocida En la línea recta, sino también Cinco problemas para don Caracol, El desafío del Caracol, Vidas Piratas, Maxi Marote,  El misterio de la fuente y El bastón de plata.