Utopía y republicanismo: Peregrino transparente de Juan Cárdenas

Por: Felipe Martínez Pinzón

Con Peregrino transparente Juan Cárdenas hace su propia genealogía como escritor colombiano y al hacerla escribe una posible historia para Colombia. El título de la novela, referencia al clásico Peregrinación de Alpha (1851) de Manuel Ancízar, nos invita a recuperar un momento político y un modo de escribir único en nuestras letras. Cárdenas encuentra en ese Ancízar entusiasta de 1851, aquel que se plantea con su generación construir una utopía liberal en la Nueva Granada, una manera de escribir nueva para la República. El mal llamado costumbrismo —una palabra con la que los realistas designaron la “mala literatura” de sus antecesores románticos y que fue usada para describir el texto de Ancízar— fue una manera de hacer legibles la diversidad poblacional a través de la descripción de tipos sociales (el arriero, el boga, el dandi, etc). Anacrónicamente vistos como proto-etnografía o proto-cuento, los cuadros de costumbres fueron formas de participar en un debate clave de la posindependencia: cómo homogeneizar la diversidad cultural de un país de regiones como Colombia. Es decir cómo imaginar una nueva sociedad para poderla llevar a la práctica a través de la reforma legal y educativa, muchas veces —ingenuamente— en contra de la historia colonial que nos antecedía y explicaba. Para Ancízar, como para su generación, la literatura debía contribuir a este propósito. Tal cual la entendemos hoy, la literatura no existía, sino que era una práctica en la que convivía la historiografía, el ensayo, el manual de conducta, la ficción, etc.

Cárdenas peregrina desde ese Ancízar de 1851 hasta nosotros, colombianos de 2023, que también vivimos, en una de sus posibilidades, un momento utópico: el del cambio social. La experiencia multimodal de la escritura de Ancízar, entre ciencia, política y literatura, es a la que nos invita Peregrino transparente: una novela cuyo centro rector es el peregrinaje, el republicanismo y la búsqueda de una nueva forma de hacer arte. El inglés Henry Price, el personaje principal de la primera parte de la novela, está inspirado en un artista real del mismo nombre, que es, como Ancízar (nacido en Colombia pero criado en Cuba), un extranjero en su país de adopción y que busca, también como aquel, la nación —pintarla, en su caso— y en ese proceso hacerse miembro de una República ideal. A este país lo vinculan, aparte de lazos emocionales, la materialización de uno de ellos, ser pintor de la Comisión Corográfica. Un artista práctico, cuya escuela es la de las acuarelas de la paisajística inglesa, Price sin embargo va en busca —como Ancízar, como Cárdenas— de un nuevo tipo de arte. Forma del lector de la novela, Price es el primer peregrino de la novela, el que nos conduce hacia otro pintor práctico, el artesano-artista caucano Pandiguando. Pandiguando es dueño de una fascinante técnica pictórica en donde el fondo de la pintura esconde y revela más que el retrato central. Su firma es, por ejemplo, casi una pintura dentro de la pintura. El artista-artesano es la concreción de las ideas que anticipaba Price sobre la pintura: la pintura de retratos está en continuidad con la pintura de paisajes, lo mismo que la historia es más grande que las vidas de sus protagonistas. En el siglo XIX todavía se pensaba que la Historia eran las vidas de los “grandes hombres”. A pesar de que ya se horadaba esta idea —precisamente a través del “costumbrismo”— todavía los retratos de notabilidades, acompañada por micro-biografías suyas, era la narración edificante de un revés indisciplinado: los “tipos populares”. En acuarelas, y no en austeras litografías u óleos, era usual encontrar dibujado a un “pueblo” dividido en pintorescas figuras a las que se veía trabajando bajo el sol de la faena laboral. En contra de esta dupla notabilidades-pueblo, usual en la cultura del momento, se va tramando, en el fondo del libro de Cárdenas —como en las pinturas de Pandiguando— un sujeto que es fundamental en la novela: una bullente vida popular que no es el trasfondo de la historia de Colombia sino que es su agente activo. Esta vida popular ocurre en talleres de impresión como los de Pandiguando y va a tomar fuerza en un evento que la novela decide dejar por fuera del foco pero al que alude constantemente: la revolución de los artesanos y los militares en 1854 en apoyo del general José María Melo.

Si el texto de Cárdenas es un homenaje a Ancízar y a Price así como un canto de amor a la edición como forma de la artesanía, se abre también a otro costado del arco histórico para hacerle un homenaje a Alfredo Molano. Escritor de voces populares, Molano, a la manera de Price observando las pinturas de Pandiguando, puso el ojo en el paisaje humano como actor político, en el fondo popular que es el verdadero retrato de notabilidad. Por ello no me impresionó cuando Cárdenas, en un evento de presentación de esta novela en la Universidad de los Andes, reconociera su admiración por Molano, a pesar de ser ambos artistas en apariencia tan diferentes. Mientras Cárdenas opera en el resquicio entre la ficción y el arte visual, Molano entre la historia oral y la geografía. De Ancízar a Molano, Cárdenas, como historiador de la literatura, en su novela “histórica” imagina una historia republicana y popular para nuestra literatura.

En Peregrino transparente un peregrinaje da paso a otro. Pandiguando, el artista sedentario en su taller es miembro de las sociedades de artesanos que apoyaron el golpe del general José María Melo en 1854. Tras la derrota del melismo en la guerra que estalla tras el golpe, Pandiguando, como otros artesanos, es desterrado a Panamá. Puesto en prisión, es visitado allí por un nuevo comisionado del gobierno, un señorito bogotano —entre dandi y civilizador— que ve la oportunidad de ganar reconocimiento al continuar con la Comisión Corográfica y enrolar en ella a Pandiguando, cuya fama Price había contribuido a crear. No es del caso relatar lo que pasa entre el pisaverde y el artista caucano, un contrapunto en donde Cárdenas propone leer la historia de Colombia. Baste decir que lo que se desata a partir de esa relación es un relato que se anticipa en la primera parte de la novela como un “Western Neogranadino”. Este Western toma la forma de una película de Tarantino y se lee con el asombro con que se debían ver en el siglo XIX los shows de linterna mágica. Allí presenciamos lo que Price veía salir del fondo transparente —palabra clave de la novela— de las pinturas de Pandiguando: una historia por hacerse en Colombia.  

Termino esta reseña por el impulso utópico que comparten Peregrinación de Alpha y Peregrino transparente, texto hermanos que se pensaron como aperturas de momentos de cambio en Colombia: Ancízar y las reformas liberales del general López en 1849, Cárdenas y las reformas actuales de Gustavo Petro. En una novela sobre peregrinaje y republicanismo, la novela de Cárdenas adopta al final un tono de futuridad. Como en la reciente novela de la argentina Gabriela Cabezón Cámara, Las aventuras de la China Iron, reescribe el siglo XIX para pensar los procesos políticos que expanden la ciudadanía en el siglo XXI. Al hacerlo se atreve a profetizar nuestro presente como un tiempo que se abre para mostrar protagonistas que no estaban en Ancízar, desde luego, pero tampoco en el propio Cárdenas, sino hasta en las últimas páginas de su novela. Del fondo de Peregrino transparente, como del lago de la historia, emerge de final de la novela una profecía—no digo más—, un nuevo libro, un libro futuro que se está escribiendo ahora, para Cárdenas, en el presente de Colombia.