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¿Y quiénes están en crisis?

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¿Y quiénes están en crisis?
By Luis Fernando García Núñez 18 de septiembre de 2011
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Por: Luis Fernando García Núñez/ Bogotá. 

Mucho se ha dicho de la crisis. Muchísimo. Pero ¿quiénes están en crisis?, ¿los banqueros?, ¿los grandes accionistas y los propietarios de los monopolios?, ¿Christine Lagarde, la directora-gerenta del FMI?, ¿el Papa, los cardenales y los obispos?, ¿el primer ministro de Grecia y los presidentes de España, de Portugal, de Francia, de Alemania, de China, de Japón?, ¿la reina Isabel y sus herederos?, ¿Julio Mario Santodomingo y Luis Carlos Sarmiento Angulo y los otros ricos de Colombia?, ¿los mafiosos, los guerrilleros y los corruptos?, ¿Obama, Chávez, Uribe y Berlusconni?, ¿los árabes que producen petróleo y los dictadores del mundo musulmán?, ¿los presidentes asesinos de la rica África?, ¿los jefes de Estado de Asia y América?
Es que la crisis, dicen los que saben de ella, es muy grave. Pero ¿quiénes están realmente preocupados? Es que quizás hemos empezado mal esta pequeña nota, y lo primero que deberíamos preguntar es ¿Qué es la crisis?, ¿quién está autorizado para hablar de ella?, ¿Nos dicen la verdad?, ¿Por qué Grecia y no Alemania, o Francia? Y ¿Por qué no España?
Podríamos acudir a los economistas y a los financistas, pero ellos ¿Son realmente confiables?, ¿Qué puede decir un economista cuando a un presidente del Congreso colombiano no le alcanza su sueldo para pagar la gasolina de dos carros?, ¿O qué decir cuando Planeación, la madre de tantas mentiras, dice que no es pobre quien se gana $190.000 al mes?, ¿O qué dice un experto de los cambios de ‘metodología’ para sacar a los pobres de la listas de miserables en que están desde hace casi dos siglos, y darle empleo ficticio a millones de personas?
Solo unas preguntas y pedirles a quienes puedan unas respuestas coherentes, atinadas, realistas, frescas, tajantes, lógicas, entendibles, es decir, no quiero respuestas de economistas, ni de financieros, ni de analistas de la bolsa, ni de banqueros, ni de senadores y ministros, ni de gerentes, ni de expertos. De pronto, me interesa saber qué piensan las amas de casa, los padres que trabajan de sol a sombra, los desempleados, los millones de pobres que quieren ser borrados, los miles de desarraigados, los obreros con salario mínimo, los estudiantes que odian las matemáticas, los honrados empleados de los bancos, los indignados. Pido, pues, ¿Un imposible?