En la filosofía y en la literatura universal, hay libros que trascienden por el impacto que generan en determinado campo de estudio, en una corriente de pensamiento, en una época, en una generación de nuevos pensadores que se ven influidos por los aportes de la nueva obra. Tal es el caso del libro Así habló Zaratustra, un libro para todos y para nadie de Friedrich Nietzsche.
Por: Holger Bocanegra
Este escritor alemán del S. XIX, tiene una sensibilidad destacada, tal vez su formación en filología, su estilo de poeta, su afición a la composición musical, le permitieron hacer un cambio en la forma de hacer filosofía. A través de sus aforismos, ese tipo de sentencias que permite ser concisos, breves, pero profundos. Panamericana Editorial, en su esfuerzo por traer los libros más eminentes y célebres de la literatura y la filosofía, ha encargado a Diana Carrizosa Moog, la traducción y las notas de esta obra, que precisamente cuenta con una nota introductoria y de contextualización, y más de cien comentarios que nos permiten ahondar más enel universo de Nietzsch.
Hablaremos de la impresiones de esta nueva edición, que, de entrada, con su pasta dura, la imagen simbólica de la tapa y hasta su cinta de separado, despiertan una percepción susceptible que nos hace sentir bohemios de biblioteca.
Una obra que permite llevar un ritmo de lectura que facilita la degustación, gracias a sus cuatro partes subdivididas en los discursos del personaje principal, Zaratustra. Por ejemplo: “La vida es un manantial de gozo; pero todas las fuentes donde bebe la chusma terminan envenenadas” (p,138). Al leer esta máxima o sentencia (no confundir con frase célebre) puedo detenerme, reflexionar, relacionar como la chusma (gente vulgar y grosera) son parte de los superfluos, los del montón, casi los que sobrarían en una sociedad. ¿Por qué el autor los trata así? ¿Por qué son así? ¿Cómo deberían ser según el autor? Y siguiendo la narrativa del libro, puedo explorar cada una de las páginas del texto. Deleitarme como una abeja que busca polen y ha encontrado la más exquisita flor en medio de un bello jardín. O simplemente puedo seguir de largo hasta encontrar otra fuente de belleza.
Este libro es como una partitura (recordemos que Nietzsche fue compositor), y el autor tenía en cuenta, desde los espacios, los símbolos que acompañaban sus sententencias, hasta la musicalidad de la lectura. De aquí la relevancia del libro, no es un sistema complejísimo de argumentos filosóficos, sino una obra destructora, que rompe moldes (y sí que habían en el siglo decimonónico). Pero, principalmente rompe con los valores tradicionales, a los que acusa de encadenar al hombre, hacerlo su esclavo y perderse de la belleza de éste mundo.
Mordaz, sarcástico, irónico, temerario, Nietzsche ataca al cristianismo, pero está fascinado por la figura de Cristo. Nietzsche crea la antítesis de la Biblia para atacar los valores cristisnos tradicionales, buscando transmutarlos, pero a su vez, refiere que los valores cristianos son los antivalores de la belleza y la libertad.
Puede llegar a ser divertido; “Por todas partes resuenan la voz de aquellos que predican la muerte (cristianos), y la tierra está llena de ese tipo de seres a los que hay que predicar la muerte. O la ‘la vida eterna’: para mí es lo mismo, – ¡con tal de que partan hacia ella cuanto antes!”(p,74). Puede generar escozor en tiempos actuales con ciertos temas, como por ejemplo el trato hacia las mujeres; “Dos cosas quiere el hombre auténtico: peligro y juego. Por ello quiere a la mujer, el más peligroso de los juguetes” (p,99). La cuestión es que no podemos ser indiferentes ante éste ejemplar, donde más adelante interpela: “Sea un juguete la mujer, puro y delicado, semejante a una piedra preciosa, bañada con los rayos de las virtudes de un mundo que aún no existe”.

El predicador, Zaratustra, se vale de metáforas, alegorías, simbolismos, para presentar la meta del autor (si es que tiene alguna), el superhombre. El modelo del futuro, lo venidero, quién llegará a comprender la muerte de Dios, que por cierto “También Dios tiene su infierno: es su amor por los hombres” (p,128). Para que éste Superhombre llegue al mundo, hay que preparar el mundo para él, por eso hay que cambiar los valores. Zaratustra quiere entrenar a los más fuertes y perspicaces.
También nos predica sobre la voluntad de poder, que es lucha constante, contra los valores “trasnochados” de la sociedad de su tiempo. Presente y futuro, hay está la voluntad de poder. El pasado, puede que sí importe, ya que el predicador nos dice que existe un eterno retorno, “lo mismo”, lo único que sobrevive es lo espiritual, porque lo material está condenado. Y lo espiritual va hacia Dios, pero, ¿si Dios ha muerto, hacia dónde debe ir el espíritu? Hacia los nuevos valores creados por el hombre.
Imaginemos por un momento las posibilidades tan grandes que tenemos al acercarnos a éste ejemplar, podemos redefinir conceptos, ampliar panoramas de lo que creemos conocer, encontrar nuevos intereses literarios o filosóficos, nuevas preguntas, problemas, enfoques. Personalmente me llamó mucho la atención el concepto de amigo o amistad de Nietzsche en palabras de su predicador Zaratustra; “Si se quiere tener un amigo, también hay que querer hacer la guerra por él, y para hacer la guerra, hay que poder ser enemigo” (p, 87). Los amigos no están en sintonía con nuestro pensamiento, ni hacen parte de nuestro séquito, y mucho menos de un comité de aplausos. No, nuestros amigos son originales, tienen sus ideales, se mantienen independientes, no nos siguen, parecen nuestros enemigos porque no piensan como nosotros, pero debemos valorar precisamente eso. Suena algo contradictorio, pero desde entonces no puedo dejar de imaginar a un Nietzsche amigo de Jesús.
Con ochenta capítulos divididos en cuatro partes y más de mil quinientos aforismos, estamos ante una fuente de goce y trabajo que nos permitirá deleitarnos en esta vida, independientemente si somos superfluos o suprahombres. Panamericana Editorial trae a nuestras manos una obra de gran valor, porque parte de la filosofía, la literatura, la cultura en general, han sido influenciadas por los efectos de éste predicador de un nuevo hombre para un nuevo mundo. Tal vez un día, un aforismo de ésta obra, sea el ancla que dé estabilidad a sus lectores en momentos difíciles, como lo fue para mí aquella sentencia del autor: “Aquellos hombres que en definitiva me interesan, son a los que les deseo sufrimientos, abandono, enfermedad, malos tratos, desprecio; yo deseo, además, que no desconozcan el profundo desprecio de sí mismos, el martirio de la desconfianza de sí mismos, la miseria del vencido; y no tengo compasión de ellos, porque les deseo lo que revela el valor de un hombre: ¡que aguanten con firmeza!
Así habló Zaratustra.