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Con Mafalda como notable embajadora

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Con Mafalda como notable embajadora
By Libros y Letras 8 de febrero de 2014
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El encuentro dedicó a Quino una de sus
exposiciones oficiales y hubo activas negociaciones de editoriales argentinas
en el pabellón de derechos. El Grand Prix, reconocimiento a la trayectoria de
los grandes de la historieta mundial, fue para Bill Watterson.

Por: Andrés Valenzuela/
Tomado de Página 12/ Buenos Aires. La
edición 2014 del Festival Internacional de Historieta de Angoulême, en Francia,
terminó como todo gran evento cultural que se precie: nutrida asistencia de
público, premios, decepciones y alguna cuota de polémica, especialmente en
torno de su punto más alto, el Gran Premio. Del lado de los argentinos, el
balance general es positivo. El festival dedicó a Quino y Mafalda una de sus
exposiciones oficiales, para la cual se montó una escenografía que reproducía
el hogar de la niña y elementos recurrentes de su universo, como la radio o los
pupitres escolares. Además, hubo rondas de negocios en el pabellón de derechos,
de las que participaron Ediciones de la
Flor
, LocoRabia y Comic.ar, y donde también terció la
convención argentina Comicópolis, que apareció el año pasado bajo la órbita de
Tecnópolis.
Además, en el pabellón dedicado a la historieta
independiente, el proyecto editorial/librero Moebius, que además de viajar con
una porción de su stock de historieta argentina presentó allí dos volúmenes de
serigrafías: Diablura, de Lucas Varela, y ¿Para qué me sirve esto?, de Carlos
Nine. Varela fue Selección de la edición 2013 del Festival y reside en
Angoulême, y Nine es un autor que concita enorme respeto y admiración en el
mercado francobelga. Además, la librería llevó originales de Liniers (parte de
la selección oficial de este año) y reproducciones de Decur, Santiago Caruso y
el mismo Nine. Sin embargo, la presencia de esta librería no fue el único
motivo de festejo en la pequeña ciudad francesa: el colectivo Niños Ultramundo
accedió a la selección de la bd alternative, con la que el festival reconoce la
producción independiente (ver aparte) y en la que finalmente prevaleció el
ingenioso dispositivo de Le fanzine carré. Además de otros argentinos residentes
en Francia y Europa, la presencia nacional se completó con Ernán Cirianni, Otto
Zaiser y Andrés Lozano.
Desde luego, una faceta fundamental de Angoulême es la
entrega de los Fauves, los galardones del Festival, con la efigie de la mascota
del evento. Estos premios se otorgan, en su mayoría, sobre una selección
oficial de 35 títulos de distinta índole. Además, y con su propia selección, se
distinguen premios “patrimoniales” (para los clásicos) y “jeunesse” (de obras
para niños). El Fauve d’Or, dedicado al Mejor álbum fue para Come prima, de
Alfred. El Prix du Public Cultura recayó en Mauvais genre, realizado por Chlöé
Cruchaudet, una obra que explora la violencia de género. El reconocimiento
especial del jurado, en tanto, lo recibió La propriété, de la autora israelí
Rutu Modan, de larga y consagrada trayectoria.
El premio Revelación fue doble este año. Lo
compartieron Peter Blegvad por Le livre de Léviathan y Derf Backderf por Mona
mi Dahmer. En el patrimonio, y contra la presencia de incunables como Krazy
Kat, la edición gala de Periquita, una antología de Jack Kirby y otra de
Spirou, se impuso Cowboy Henk, de Kamagurka y Herr Seele, quien hasta improvisó
unos pasos al subir a recibir su estatuilla. Fuzz & Pluck fue reconocida
como Mejor serie por su segundo volumen y un jurado de niños reconoció a
Carnets de Cerise, de Joris Chamblain y Aurélie Neyret, como lo más idóneo para
su franja etaria.
En cuanto al Grand Prix d’Angoulême, el reconocimiento
especial que el festival hace a la trayectoria de los grandes de la historieta
mundial, la cosa suscitó desde un comienzo polémicas y disputas. Este año
cambió el sistema de votación, de modo que quitaba impacto en la elección del
ganador a los miembros de la academia –verbigracia: los anteriores depositarios
del Grand Prix–. Dieciséis de ellos amenazaron con abstenerse de votar,
incluidos en la protesta figuras como el argentino José Muñoz, o figuras de la
talla de Enki Bilal o Philippe Dupuy. Finalmente, la votación avanzó y quedaron
tres candidatos: el británico Alan Moore, el japonés Katsuhiro Otomo y el
norteamericano Bill Watterson, a cual más inapropiado para presidir la edición
2015 del Festival.
Pero no es que fueron “inapropiados” por falta de
talento. Watterson se “retiró” del medio tras diez años maravillosos de Calvin
& Hobbes. Tanto se retiró que ni siquiera atendió a George Lucas y Steven
Spielberg cuando fueron a buscarlo para sendos proyectos cinematográficos.
Otomo sí incursionó en el cine y terminó volcando allí casi todas sus energías:
tras Akira, el japonés se dedicó más a la animación que a la historieta. Y
Moore, acaso el candidato ideal para llevarse un galardón semejante, vigente,
con obra actual y discurso reconocido, ya había anticipado al portal francés
ActuaBD que, de ganar, rechazaría el premio. De modo muy gentil y elegante dejó
claro que muchas gracias por pensar en él, pero que ni loco pisaba otro
festival de historietas, por muy bonito que éste fuese, y que se daba por hecho
con que lo dejaran seguir escribiendo guiones en la paz de su casa en la
campiña británica.
El Grand Prix finalmente recayó en Watterson, y aunque
nadie duda del merecimiento ni de la joya de la imaginación que es Calvin &
Hobbes, el ostracismo del creador del niño y su tigre de estopa (aún falta una
recopilación argentina, señores editores) lleva a cuestionar la prudencia en la
elección de su figura. ¿Aceptará presidir la próxima edición del festival? ¿O
en su lugar la organización pondrá un muñeco?