Curiosidades bibliográficas

  • La textura del papel, el olor a tinta, el peso del mismo libro, esa sensación de poder, en algunos casos, avanzar y retroceder a voluntad, o mejor, reiniciarlo para que no se acabe (me ocurrió con Ventanas de Manhattan de Muñoz Molina, lo iba leyendo en un viaje de 10 horas y cuando llegaba a la mitad, volvía a iniciarlo para sorpresa de la persona vecina de vuelo), todas esas malas costumbres forman parte de un ritual que no se parece a nada en la vida.

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