Todavía no ha salido el sol, pero ya hay claridad. Esta es la hora en
que los aztecas, decían que los espíritus salían a la calle y que era
muy fácil confundirlos con personas reales. Yo salgo a mi jardín, yo
veo.
Pasa un tren, despacio. Hay poca gente. Tengo ganas de seguir
durmiendo, pero mejor me preparo unos mates. Yerba misionera, ( no puedo
tomar otra desde que fui a Iguazú) y menta de Córdoba que crece en este
pedacito de tierra. Li, mi gato, aparece de repente. Él juega con los
espíritus, él sí que sabe de noche y misterios . Un sorbito, dos.
Dentro de poco, empezará el día.