Gardeazábal, Di Marco y Puig*

Ah, de modo que hay otro más que coincide
conmigo, la mejor novela de los últimos tiempos en Argentina no fueron Los escalones imposibles de Cortázar
sino Cae la noche tropical de Puig.
Lo veo bajarse del avión, con esa fragilidad
aparente de las abuelitas que unas horas después descubriría que era un disfraz
perfecto para el tierno muchachón envejecido que solo quería  la ternura
 permanente de un macho cabrío. Mientras más duro, mientras más camionero,
muchísimo mejor. Lo demás es una costura interminable, entrando y saliendo de
su disfraz, cotilleando como las señoras mientras hacia crochet, hundiéndose en
las apreciaciones desmedidas sobre  sus colegas sin jamás decir algo malo
de  nadie.
Yo, que he borrado buena parte de los
recuerdos de mi larga y agitada vida, lo recuerdo comiendo conmigo en una
restaurante que ya desapareció: «Cali Viejo», de comida típica,
llenándome del pánico protector que siempre he tenido por mis huéspedes: que en
esa peligrosa ciudad  resolviera salir a medianoche  en su arrechera
 a  salir a buscarse un malevo y lo triturara. Ya me habíaa pasado
con Clarice Linspector y no quería pasar de nuevo la aventura
No se si pasó  o si yo le suplí sus
apetencias con alguno de los fortachones de mi interminable harem. Pero lo
cierto es que no me queda sino una imagen de afecto.
Gigena ha servido para recordármelo, tus
preguntas en tono coloquial para hacerme sentir mucho más viejo de lo que me
hacen sentir dolores y angustias, pero para saber, lleno de gozo, que he vivido
tanto, desde tan temprana edad y tan intensamente, que cada vez la vida me
permite convencerme más que allí reside mi felicidad.
¡Puig!…¡Puig!….¡aaaah!
(*) Nota enviada al escritor
argentino Pablo Di Marco por Gustavo Álvarez Gradeazábal. 

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