Shopping Cart

Loading

Your cart is empty

Keep Shopping

Search Results

so far empty...

Loading

La misa ha terminado de Álvarez Gardeazábal

  • 7 Minutes
  • 0 Comments
La misa ha terminado de Álvarez Gardeazábal
By Libros y Letras 20 de enero de 2014
  • Views: 26

No. 6.582, Bogotá, Lunes 20 de Enero de 2014 
Algunos escritores aumentan el número de lectores; otros sólo aumentan el número de libros. 
Jacinto Benavente
La misa ha terminado de Álvarez Gardeazábal
Por: Carmiña Navia
V.
Con este nombre alusivo al final tradicional
de la misa católica, Gustavo Álvarez titula una ficción en la que da por
terminada simbólicamente la vida de esta iglesia. Con ese Ite missa est,  se
nos quiere llevar como lectores a un tiempo ya pasado pero absolutamente
presente en sus consecuencias en tantas y tantas vidas de colombianos y
colombianas.
Uno de los aspectos más interesantes de la
novela -quizás el más- es la introducción del autor en la historia, lo que
convierte al mismo proceso narrativo en protagonista  del discurso.
Mediante dos estrategias esta función se hace presente. La primera de ellas:
sus propias reflexiones en las que el novelista justifica su acción e introduce
valoraciones sobre distintos aspectos de la sociedad y la cultura. La segunda a
través de las cartas escritas al novelista por el presbítero Efraín en las que
intenta disuadirlo de escribir esta novela que cataloga como herética.
Las intervenciones del narrador (autor en la
ficción), resultan iluminadoras y pretenden dar pistas a los lectores sobre por
dónde van las intenciones del escritor. En ellas se critica la castración y
negación hipócrita del placer por parte de los curas católicos; se critica la
sociedad actual como una sociedad del espectáculo (generación de  los
dedos pulgares
, en alusión a los celulares-computadores) y se insiste en la
necesidad de la memoria:
En este país si uno
quiere que las cosas se olviden, hay que meterlas dentro de un libro. Es el
temor que me embarga si sigo escribiendo esta novela. Que todo lo que estoy
contando aquí se olvide. Que lleguen los críticos  literarios y no la
volteen a mirar porque esta es la novela de un hombre viejo. Que los pocos
lectores que tenga (porque la voy a regalar entre mis amigos), consideren que
todo fue una invención de mi parte, que Buga nunca ha tenido ni podrá tener
cardenal…
El narrador no quiere que los desmanes de la
educación católica en materia sexual se pierdan en el olvido.
Las cartas del cura en cambio resultan un
poco insulsas, con una insistencia manida en la necesidad ética de no
contribuir a la crisis social con una novela que ataque uno de los pilares
tradicionales de nuestra formación: la iglesia. A mi juicio se desperdicia la
posibilidad de un debate socio-religioso más profundo.
Estas reflexiones del narrador enmarcan un
accionar desde el que se intenta desplegar la vida interna de la iglesia: sus
seminarios, sus curas, sus oficinas vaticanas, la vida íntima de sus obispos y
cardenales. Como el mismo narrador concluye al final: lo que quiso ser únicamente
una denuncia terminó por ser una historia de amor. De esta manera la novela
puede ser leída como un canto al amor gay, a sus dificultades, posibilidades,
condicionantes y excesos… de manera especial a sus dolorosos caminos en medio
de un mundo que lo condena y lo arroja a los márgenes una y otra vez. En este
eje hallamos sus mayores aciertos y debilidades:
Fue imposible Padre
Efraín. No me pudo convencer. He terminado esta novela y lo que creía iba a ser
una diatriba contra la iglesia y la corrompisiña que tantas veces le he dicho a
usted que se carcome su institución, ha terminado convertida en una dolorosa
historia de amor.
 
Gardeazábal consigue una mirada lúcida y
profunda sobre los intrincados caminos de la afectividad humana, entre otras
cosas porque la aborda al interior de un colectivo que se supone la ha
ignorado, negado y reprimido por siglos en las sociedades occidentales. La
afectividad como pivote del desarrollo personal: sus inmensas potencialidades
para la felicidad, sus límites en la pasión que anuda, esclaviza y a veces
enloquece. Sus avatares en medio de instituciones y personas de doble moral que
hacen de la hipocresía el norte de sus vidas.
En mi perspectiva, aquí encontramos también
la mayor debilidad de la obra: Un personaje como La Ternera, a
pesar de su intención caricaturesca resulta poco creíble y su centralidad en el
relato a veces genera un cierto flaqueo.
La narración avanza al mismo tiempo 
hacia la resolución de los conflictos amorosos que se han ido creando y hacia
una propuesta muy clara: La institución eclesial se autodestruirá porque no
logra controlar a los miembros sobre cuyas espaldas está sostenida: los
clérigos. Como en la mayoría de los relatos colombianos y latinoamericanos hay
un nivel en el que la verdad histórica pretende fusionarse con la
ficción novelística.
De esta manera entonces las figuras de los
tres o cuatro últimos Papas del catolicismo aparecen con todos los rasgos
históricos que las caracterizan. Tres de ellos, además con sus verdaderos
nombres y realizaciones históricas: Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto
XVI. Alusiones directas también a Juan XXIII y Pablo VI, a los que se les acusa
de haber torcido los destinos eclesiales, especialmente al primero. Al actual
Papa en cambio se le intenta disfrazar aunque sin mucha fuerza: quedan claros
algunos de sus rasgos: Jesuita, vocación de reformador y salvador de la
iglesia. Su llegada al trono de Pedro causa una conmoción que alcanza a todo el
orbe católico en aquellos que manejan los hilos del poder para su propio
beneficio.
La obra de Álvarez Gardeazábal deja ver a mi
juicio un profundo desprecio y resentimiento por esta institución en la que no
se rescata nada positivo y se silencian totalmente las vidas de muchos
creyentes que decididamente han prestado un servicio a la humanidad. No es su
focalización, claro, pero también es cierto que se percibe un tufo de obvia
venganza reiterada permanentemente por el narrador, entendible por otra parte
en un país en el que esta iglesia no sólo ha pretendido controlar las
conciencias sino que ha intervenido permanentemente en la política y en la
sociedad queriendo conservadurizar todos los procesos: desde las guerras y las
leyes, hasta los amores y las alcobas.
Con el asombro que en Occidente ha generado
el papa Francisco y con los debates que en el país ha generado y genera el monseñor
procurador
, es claro que esta ficción, insertada en la historia de Colombia
y en la actualidad eclesial, da en el clavo de muchos hechos y posibilitará
mirar las cosas desde un ángulo nuevo. Es deseable entonces que más allá del
posible escándalo que pueda desatar, escándalo que a su autor lejos de
molestarle le satisface, se abra una discusión que logre ir más allá de lo
aparente y nos confronte con nuestras prácticas y costumbres ciegas tantas
veces. Sólo en esta medida podremos hablar de un aporte del autor a nuestra
identidad como sociedad y como país.
Cali, Enero de
2013