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Los dados que ya nadie quiere jugar

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Los dados que ya nadie quiere jugar
By Libros y Letras 9 de agosto de 2015
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En medio de socarronería política y religiosa en México transcurre la novela ¿Quién le quitó los dados a Dios?, del escritor Gilberto Lastra Guerrero. Abismos editorial y la Fundación Cultural “Ricardo Castro” coeditan la obra del también poeta. El libro estará en disponible en estanterías el mes de enero. 
Los protagonistas son dos secuestradores amateur: Eduardo Rodríguez “El Chivigón” y “El Chango” Jorge Torres. No dan una, y las peripecias los hacen viajar por todo el país para escapar de la justicia y de sus mismos errores. Rodríguez, oriundo de Veracruz viaja al Distrito Federal para infiltrarse en las filas de cualquier equipo de futbol; Torres, nacido en Cieneguilla, en el estado de Chicomala, sueña con graduarse como ingeniero agrónomo y el Instituto Politécnico Nacional es su principal opción. Inusitadamente terminar por la carrera presidencial de Carmelita Torres, una vendedora del un mercado sobre ruedas que encuentra en la política la forma de escapar de la pobreza. 
Son varios los discursos de la novela, asegura el autor, uno el mito del eterno retorno a la mexicana: ver la liga Mx de futbol y jugar en algún polvorín (y simular el éxito que nunca llegará a sus pies), la lucha libre o el box con un six de cerveza o un caguamón; esperar la quincena. 
Otro, el habla mexicana en la que reconoce un sentido lúdico y melódico en la manera que expresan. “Escuchar variantes del lenguaje para participar en alguna acción conjunta o de aceptación: ‘¡Bamba la peluca de la güera que se encuera!’, o como ‘Pápalo pa’l taco’ son frases que entretejen a los personajes con la trama de la novela. 
¿A dónde va a dar este ingenio?, se cuestiona el autor, el sistema mexicano está destinado al fracaso por un sistema político que es una falacia, una revolución institucionalizada. 
“En México la historia se recicla. Generaciones recicladas. Mexicanos reciclados, clonados por los los presidentes y sus programas gubernamentales. No hay puertas para salir de la pobreza. Y es una cárcel. La democracia en México es un sistema carcelario perfecto, no importa si es gobierno el PRI, el PAN, o cualquiera. Es algo que se trata en el libro, viven muriendo millones de mexicanos que sólo sirven para engordar el padrón del Instituto Nacional de Elecciones”, asienta. 
Lastra Guerrero asegura que el delito del secuestro en nace de la inoperancia gubernamental en economía y la ambición de las empresas maquiladoras trasnacionales y del país; pero, los políticos mexicanos ingeniaron un respuesta por medio de Leyes y programas, pero no se resuelve nada. 
“México es un país donde se aprendió a administrar la pobreza. Los políticos van y vienen y el hambre se enraíza con más facilidad. Y por eso, si la clase política secuestra al pueblo, porqué no el pueblo puede tomar venganza, son pequeños actos de desobediencia civil”, destaca.
El escenario político se abre al terminar una accidentada elección presidencial en México. El ganador, Racerón Chamagosa trata imperiosamente de legitimar su gobierno y preparar el escenario para que su partido (cualquiera), preserve el poder. ¿Cómo? Mediante dinero diseminado y milimétricamente calculado por medio del Congreso de la Unión.
El candidato perdedor, Bolpes Dorador como lo hicieron Francisco I. Madero y Benito Juárez, comienza una gira por todos los municipios del país. 
Por lo que respecta al discurso divino, Lastra dice que en las líneas del texto, se conoce una aproximación de cómo se siente y qué piensa Dios de los hombres después de tantos siglos de muerte a su nombre y por su nombre. Además, que en el mundo, la infuncionalidad es sinónimo de la raza. La especie fallida, sentencia. 
“Dios debe de estar cansado que las cosas con los humanos no funcionen; a los hombres les estorba la divinidad: la naturaleza huma somete, aglutina y monopoliza al mundo y al poder”. 
Y la pregunta obligada es: ¿Quién le quitó los dados a Dios? Y responde seco: una mujer. La que mantiene distraído a los mexicanos para que sigan los políticos timando al pueblo.