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Una ambigüedad que aterra. Reseña del libro Una cabeza llena de fantasmas

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Una ambigüedad que aterra. Reseña del libro Una cabeza llena de fantasmas
By Libros y Letras 11 de octubre de 2018
  • Views: 16

La novela del escritor Paul Tremblay se centra en la desintegración de la
familia y en cómo reacciona la sociedad al ocurrir dicho fenómeno (el bullying, el morbo, la falta de
fraternidad, el fanatismo religioso).


Por: Pablo Concha*
En algún
momento de su carrera, el escritor norteamericano Kurt Vonnegut elaboró una serie de diagramas que partían de la
premisa de que todas las historias alguna vez contadas podían graficarse a
partir de dos ejes, esto para ejemplificar que en la literatura solo había un puñado
de temas sobre los que era posible escribir y, en términos generales, todas las
obras alguna vez escritas eran únicamente variaciones de esos mismos. Al
escritor argentino Jorge Luis Borges
también le atribuyen haber dicho algo muy parecido. Si aplicamos el postulado
de estos grandes de las letras a un género en apariencia tan limitado como el
terror, nos damos cuenta de que cualquiera que se embarque en la tarea de
escribir una historia de este tipo tiene por delante un gran reto: la tan
anhelada “originalidad”, acaso imposible de lograr. El escritor Paul Tremblay lo consigue, saliendo
victorioso con su novela Una cabeza llena
de fantasmas
(A head full of ghosts)
de Nocturna Ediciones, ganadora en su natal USA del premio Bram Stoker de
Novela en el 2016.
La tarea de
Tremblay era difícil, su libro
trataba un tema complicado que, por su repetición y falta de originalidad e
ingenio a la hora de abordarse, se había vuelto ridículo, manido y absurdo. Algo
que producía risa en lugar de miedo (lo peor que puede ocurrir cuando se trata
del género de terror). Hablo del tema del exorcismo. Sí, leyeron bien. El libro
de Tremblay trata de eso pero, más
que centrarse en los aspectos típicos de este tipo de narración (por qué fue
poseída la persona, cuándo, quién y cómo, etc.), Una cabeza llena de fantasmas se centra en la desintegración de la
familia y en cómo reacciona la sociedad al ocurrir dicho fenómeno (el bullying, el morbo, la falta de
fraternidad, el fanatismo religioso).

La historia
es la siguiente: una adolescente de 14 años empieza a manifestar un
comportamiento anormal y errático que lleva a su familia a sospechar que puede
estar poseída. Debido a sus problemas económicos, la familia acepta la oferta
de una productora de reality shows para grabarlo todo. Quince años
después, una escritora de best sellers
entrevista a la hermana pequeña de la chica poseída porque planea escribir un libro
sobre lo que de verdad aconteció. A medida que ella rememora los hechos, va
desgranándose una impactante historia que plantea interrogantes sobre la
memoria y la realidad.
Ahora, lo
interesante y donde Tremblay se
juega parte de su apuesta por la originalidad es en la elección del narrador de
su historia: la hermana menor de la chica poseída, que tenía ocho años en el
momento de los sucesos. Y cuando digo que el autor “se la juega” es porque usa
una de las figuras más difusas y difíciles de utilizar en la literatura, y es
nada menos que el narrador poco confiable o unreliable
narrator
en inglés (donde suena mejor).
La
hermanita, Meredith Barret, a sus tiernos ocho años, entendía muy poco del
mundo y de lo que le estaba sucediendo a su hermana mayor y a su familia; sus
padres, de más está decir, no le explicaban gran cosa por temor a perturbarla.
Por ende, lo que ella recuerda de lo que en realidad pasó se encuentra “alterado”
y distorsionado no solo por el transcurrir del tiempo sino también por la
carencia de una arqueología psicológica básica en el momento de desarrollarse
los acontecimientos. La Meredith Barret adulta (23 años), admite ante la
escritora de best sellers que: “Mis recuerdos se confunden con mis
pesadillas, con las extrapolaciones, con las sesgadas crónicas orales de
abuelos, abuelas, tías y tíos, además de con todas las leyendas urbanas y las
mentiras propagadas a través de los medios de comunicación, la cultura popular,
y el poco menos que incesante aluvión de páginas web/blogs/canales de You Tube
dedicados al programa. Todo eso, en definitiva, contribuye a embrollar
irremediablemente lo que sabía entonces y lo que sé ahora.”
Para colmo, su
psique ha tenido que interiorizar el reality La Posesión (poco menos que un circo mediático), en donde muchas
cosas fueron ligeramente “cambiadas” o no del todo ajustadas a la realidad de
lo que estaban viviendo.

La
narración en primera persona de Meredith Barret aparece intercalada con las
entradas de un blog dedicado al género del terror donde se disecciona episodio
por episodio el reality La Posesión y
se deja de manifiesto las influencias de todos los libros, películas y series
que han tratado el tema con anterioridad. Estas entradas al blog son bastantes
divertidas, eruditas y dejan ver como el tema del exorcismo es algo trillado y estrafalario
en la cultura popular actual. Tremblay
conoce bien las expectativas de sus lectores y juega con eso (aparte de rendir
homenaje a sus maestros); otro punto a su favor.
Con estos
elementos, Paul Tremblay narra Una cabeza llena de fantasmas (un título
idóneo y perfecto), una novela sobre un exorcismo donde lo que menos importa e
impacta es el exorcismo en sí, sino lo que ocurre alrededor y las consecuencias
emocionales que acarrea para los miembros de la familia. El libro logra
producir auténtico miedo en algunos pasajes, literalmente dejando los pelos de
punta por las implicaciones de lo que narra. La pérdida de la inocencia de un
niño en circunstancias tan macabras nunca es fácil. Con todo esto en marcha, Tremblay nos conduce a un final donde
el texto casi que explota en nuestras manos, reservando un golpe y sorpresa
final que deja a más de un lector mareado, tragando saliva y sosteniéndose la
cabeza. El giro que nadie se espera, el puñetazo imprevisto en el estómago que
nos deja doblados por la mitad, luchando por respirar.
Una cabeza llena de fantasmas triunfa al presentarnos una variación
original y muy interesante de una historia que ya conocemos (el que no se haya leído El
Exorcista
de William Peter Blatty
seguramente habrá visto la película de William
Friedkin
) y que la cultura popular había dejado marchitar con narraciones
tontas y pobremente escritas. Paul
Tremblay
, ya con un importante premio Bram Stoker en la mano, se va
afianzando en ese nicho tan reducido (pero codiciado y envidiado) de los buenos
escritores de ese género no siempre enaltecido del terror. Le auguramos muchas
buenas historias por venir. Cheers.

*Pablo
Concha

es un escritor colombiano, autor del libro de cuentos de terror Otra Luz (El Bando Creativo, 2017).

Síguelo en: 
Twitter: @scarypablo 
AGRAMAS: LA TESIS