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Dos libros para conservar la leyenda

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Dos libros para conservar la leyenda
By Libros y Letras 14 de mayo de 2015
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Tomado de www.cubarte.cu/ En la Feria del libro de La Habana se presentó un pequeño libro que completa lo que fue en un principio un proyecto para recoger las leyendas locales de la provincia de La Habana, ahora convertida en dos provincias. Ya había aparecido en 2012 Leyendas de Mayabeque y ahora podemos contar con Leyendas de Artemisa, ambos editados por la Editorial Gente Nueva.
Con esa rara sensibilidad para lo aparentemente pequeño, solidario y enamorado de su patria chica, Omar Felipe Mauri corre a cargo de la selección, introducción y notas de los textos. Un amplio grupo de escritores prestan sus plumas para recoger esas perlas de la tradición oral que si bien no necesitan de la escritura para sobrevivir diacrónicamente, transformándose en el interior de la vida cotidiana de los pueblos, es necesario hacer estos cortes sincrónicos que nos las muestran latiendo, vivas en la consciencia de las comunidades humanas en un instante dado de su historia. Son joyas instantáneas de la vida nacional, y no solo nos dan una idea del imaginario local en una época, sino que su misma manera de inscribirse en el texto ofrece datos al estudioso de la cultura en su transcurso.
La leyenda, esa narración generalmente oral en primer término, que a diferencia del cuento, ocurre siempre en relación con un lugar preciso, enraizada en un hecho histórico, por remoto o disimulado que se encuentre, es una de las formas con la que se sedimenta la identidad de un pueblo. Tópicos universales adquieren sus formas, aparecen en cada comunidad según sus propias características. En nuestros pueblos del archipiélago cubano vamos encontrar lagunas misteriosas, muertes violentas idealizadas, como los ahorcados y los ahogados, o cortejos fúnebres misteriosos, aparecidos, indios y esclavos. El agua tiene una presencia omnímoda, como mar, como río, como laguna. Como nos advierte Mauri en su prólogo a esta segunda y entrega:
“Sorprende que las leyendas recogidas en Artemisa, como las de toda Cuba, fueran creadas y fijadas por la memoria popular en un tiempo brevísimo. Esto demuestra el inmenso talento de nuestro país y también que algunas de estas narraciones tuvieron su origen en mitos, leyendas y tradiciones de otras culturas milenarias que viajaron a través de los océanos y los siglos en el recuero de mujeres y hombres hasta nuestras costas. Aquí se mezclaron, como un buen ajiaco, que formó la cubana.”
Esa urdimbre que conforma la literatura oral del pueblo establece patrones que con el tiempo se pueden observar como fundamento no solo de la literatura nacional, sino de todo el arte cubano y que se constituyen en marcas identitarias de nuestra cosmovisión. En estos títulos encontramos narraciones poéticas escritas por diferentes autores que pasan por diversos registros estilísticos con mayor o menor destreza, pero todas consiguen conservar esa frescura rural de su origen.
No puedo repasar en este breve espacio de una reseña el trabajo de tantos autores. A manera de homenaje a todos los que se esforzaron en consultar fuentes, investigar y contribuir con su propia imaginación a esta cosecha que alimenta la poética isleña, mencionaré el cuento de Fermín Carlos Díaz, poeta de La Salud, en Mayabeque, que nos cuenta cómo lo maravilloso tocó a la puerta de Indalecio y Elvira y tomó la forma de un niño poeta, un repentista cuyo destino se cifrará en ofrecer alegría, hilvanando décimas en el seno del pueblo. La cubanía, como sabemos, tiene una de sus almendras nucleares en el brote constante y la conjunción de música y poesía.
También podríamos actualizar y trabajar en la investigación de nuestras leyendas urbanas, nacidas en el tráfago de las capitales, en nuestra breve pero intensa vida citadina. En ellas también hay un imaginario en constante ebullición, allí también han menudeado desaforados narradores orales que pueden convertir la tecnología en un cuento de hadas, en cualquier esquina, en cualquier parque.