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El Frankenstein de Andrea Mejía

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El Frankenstein de Andrea Mejía
By Libros y Letras 30 de enero de 2020
  • Views: 155
Por: Pablo Concha*

Siguiendo con las nuevas versiones de
los clásicos de la literatura de terror que editorial Planeta está modernizando
bajo su sello Destino (previamente reseñamos
El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde
de Catalina Navas), en esta ocasión hablaremos sobre Frankenstein o el moderno
Prometeo
de Mary Shelley, publicado
por primera vez en 1818.
La obra original de Shelley es narrada por Robert Walton en una serie de cartas a su
hermana Margaret en el curso de una expedición por barco camino al Polo Norte. Allí
se encuentra a un débil y acabado Víctor Frankenstein, consumido por la
búsqueda de la criatura que creó y que le trajo la ruina. En ese lugar
inhóspito, Víctor le relata su historia luego de muchas dudas; Robert Walton la
transcribe y se la envía a su hermana. Esta vendría siendo la estructura del
libro original, obra que ha tenido una gran influencia en la cultura popular y
que ha contado con varias adaptaciones fílmicas (entre las más conocidas, la
protagonizada por Robert De Niro y dirigida por Kenneth Branagh en 1994). La
versión de la escritora bogotana Andrea
Mejía
, autora de
La naturaleza seguía propagándose en la oscuridad
(Tusquets, 2018) y del cuento “Retorno”,
incluido en la antología Cuerpos: veinte
formas de habitar el mundo
(Seix Barral, 2019), cambia un poco esa
estructura, removiendo a Robert Walton y las cartas a Margaret del panorama pero
conservando la atmosfera gótica y el núcleo argumental del original de Mary Shelley. En la versión de Andrea Mejía (ilustrada por Julián de Narváez), es el propio Víctor
Frankenstein quien relata la historia, describiendo los acontecimientos más como
una advertencia para que a nadie se le ocurra replicar lo que él hizo, un ejemplo
admonitorio para disuadir a cualquiera que piense transitar ese camino. Víctor
comienza su relato así: “Esta es una historia tan extraña que hay días en que
ni yo mismo puedo creerla”, y luego: “No escribo esta historia porque quiera
contarla. Mi propio querer y mi voluntad me han destruido”.

La obra de Shelley, visionaria por la manera como entremezcla elementos de ciencia
ficción y terror en una época en la que ni siquiera existían esas
denominaciones para géneros literarios, posee sin embargo algunas
imperfecciones como algunos diálogos ruidosos y la forma en que la narración da
vueltas alrededor de la trama alargándose a veces innecesariamente. El trabajo
de Andrea Mejía –corriendo el riesgo de ser acusada de sacrílega– ha sido
condensar toda esa información para hacerla más fluida, pulir los diálogos,
quitar el ruido y brindar una idea más clara del terror de Víctor Frankenstein
y la inmensa soledad y el dolor del monstruo. Esta tarea, nada sencilla, es llevada
a cabo con bastante atención al detalle y respetando la trama original y la
atmósfera lograda por Mary Shelley con tanta maestría.
Hemos invitado a la escritora de esta
versión a este espacio dedicado a los libros y las letras para responder unas
preguntas sobre este proyecto:
─¿Cree
usted que Frankenstein de Mary
Shelley ha envejecido bien?
AM: Yo creo que los libros buenos no
envejecen. Envejecemos nosotros, nos alejamos de ellos, nos volvemos perezosos,
se nos cierran los oídos. Claro que hay libros que ya no pueden alcanzarnos, y
es por culpa de ellos, porque casi antes de ser escritos ya no tenían mucho qué
decir. Es el caso de muchísimos libros publicados, en el pasado y en el
presente. Pero Frankenstein es un
libro que nació vivo. Se mantiene joven y vital.
─¿Cómo
fue su participación en el proyecto de reescritura de esta obra?
AM: Fue feliz, emocionante. Juan David
Correa, editor y director de literatura en editorial Planeta, tenía esta idea
que me pareció muy buena. Me propuso que reescribiera Frankenstein y me dejó en libertad. Eso hice. Mi trabajo solo es
parte de un proyecto editorial muy bueno.
─El
libro de Shelley se desarrolla en el siglo XVIII. Sin embargo, en su versión
aparece una carta con fecha de 1999, lo que representa un cambio drástico de
época, aunque curiosamente es algo que no se nota en la atmósfera de la
narración. ¿Cómo logra esto y por qué decide cambiar ese aspecto?
AM: Sí, quería situar el relato en una época
que conozco, con una tecnología también más cercana. Hay computadores, y un saber
rudimentario en ingeniería genética. Pero me alegra que no se note el cambio en
la atmósfera, como usted dice, porque debía ser una atmósfera gótica, propicia
para el terror. Y eso no está atado a ninguna época histórica en
particular.  
─El
original de Mary Shelley es más largo, repleto de explicaciones y diálogos en
ocasiones ruidosos que dan muchas vueltas alrededor de la trama. ¿Qué tan
difícil fue condensar toda esta información para hacerla quizás más atrayente y
fluida?
AM: Eso fue lo que más me liberó y decidí
hacerlo desde un principio. Era fácil reconocer en la obra de Shelley lo que
era imprescindible para la narración y para lograr la imagen estética y moral
tan potente que su obra proyecta. Eso, por supuesto, tenía que conservarse.
También añadí algunas cosas, como Tashi, un monje budista que es testigo de la
última escena, tan conmovedora, entre el monstruo y su creador.
─El
narrador original de Frankenstein –Robert
Walton– ha desaparecido de su adaptación, haciendo su versión más que una
novela epistolar –como la de Shelley–, algo confesional, casi como un diario
encontrado. ¿Es acertada esta interpretación?
AM: No sé si sea acertada. Son los lectores
los que pueden decidir eso.
─Los
lectores la conocen por el libro La
naturaleza seguía propagándose en la oscuridad
y por el cuento de la antología
Cuerpos: veinte formas de habitar el
mundo
, textos que podríamos decir se alejan mucho de la literatura de
terror o ciencia ficción, donde entraría
Frankenstein. ¿Qué tanto
consume usted este tipo de narrativa o qué tan importante fue en su formación
lectora?
AM: No consumo ningún tipo de narrativa.
Leo. Como género puro, creo que el terror no me interesa mucho, y tampoco la
ciencia ficción. Porque muchas veces hacer parte de un género puro significa
más bien seguir una fórmula. Pero he leído con mucho placer libros muy bellos,
como Crónicas marcianas de Ray
Bradbury; he leído con devoción Dr.
Jekyll y Mr. Hyde
(otro de los títulos de esta colección que reescribió
Catalina Navas), o “El Horla” de Maupassant. Me fascina –en sentido fuerte– el
componente de terror en algunos cuentos de Akutagawa, o en Solenoide de Cartarescu, o en el mismo Kafka, o en obras maestras
como Casa desolada de Charles Dickens
o Cumbres borrascosas de Emily
Brontë.
─¿Existe
algún otro clásico de la literatura de terror, o de la literatura en general,
que le gustaría revisitar?
AM: ¿De la literatura en general? ¡Tantos!
Siempre tengo ganas de permanecer cerca de algún clásico mucho tiempo. Pero es
más ancho el anhelo que el tiempo. Ahora, en particular, siento que debo
visitar a Dostoievski hasta que pueda comprender algo de su grandeza. Tengo la
impresión de que no he entendido mucho de lo que pasa en sus páginas. Tengo esa
deuda pendiente, o esa alegría. 
─Para
los lectores que apenas están descubriendo a Mary Shelley, ¿qué otra obra suya
les recomendaría leer?
AM: No he leído ninguna otra obra de ella.
Les pediría a sus lectores que me recomendaran una.



─En la solapa de la nueva versión de Frankenstein se dice que actualmente prepara una novela. ¿Qué puede contarnos al respecto?

AM: La novela ya está terminada y espero que salga este año. ¡Y tiene también sus momentos de terror puro!

*Pablo Concha 
Escritor colombiano,
autor del libro de cuentos de terror Otra Luz y colaborador literario en
Libros & Letras.