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Jésica Gorosito: “Gané no sentirme un bicho raro”

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Jésica Gorosito: “Gané no sentirme un bicho raro”
By Pablo Di Marco 6 de noviembre de 2020
  • Views: 50


Un café en Buenos Aires con Jésica Gorosito, creadora
de la comunidad lectora Lectodependiente

Por: Pablo Hernán Di Marco* / Argentina 

El furor de los booktagrammers es tan grande que por momentos se vuelve
abrumador. Sin embargo, algunos de ellos, en base a un trabajo dedicado, han
logrado destacarse y lograr una personalidad definida.
Jésica Gorosito y sus seguidores conforman una comunidad
lectora curiosa y exigente para quienes recomendar una novela es solo el primer
escalón de infinidad de actividades, entre ellas un muy activo Club de lectura.
Para analizar todo lo que rodea a Lectodependiente nos encontramos con Jésica
una soleada tarde de octubre. Y entre cafés e inevitables intercambios de
libros, comenzamos a conversar.    

—Contame, Jésica: ¿cómo nace Lectodependiente?

JG:
Lectodependiente nace de mi necesidad de llevar registro de mis lecturas, y a
la vez compartir algunas de ellas a modo de reseña. En mi cuenta personal subía
cuestiones relacionadas a la literatura, pero sentía que abrumaba, por lo que
me pareció bien armar un espacio exclusivo para los libros.

—¿Por qué creés que las cuentas que recomiendan libros
hallaron su espacio en un red social orientada a la imagen como Instagram y no
a una orientada a la palabra como Facebook?

JG:
Siento que todo va evolucionando y cambiando. En el caso de las redes, mucho
público de Facebook migró a Instagram, y ahí permanece. Uno se adapta a esas
cuestiones. Particularmente Instagram me resulta amigable en cuanto a sus
funciones, y la imagen que acompaña al texto le da un plus. Es más atractiva a
la hora de mostrar.

—Tiempo atrás eras “tan solo” una apasionada de la
lectura que le recomendaba libros a sus amigos. Hoy estás al frente de una
cuenta de Instagram con miles de seguidores. ¿Qué ganaste y qué perdiste de
esos primeros tiempos a hoy?

JG:
Gané haber descubierto autores, editoriales, títulos increíbles, y amigos con
los que hablar de mil cosas (pero sobretodo de literatura). Gané no sentirme un
bicho raro. Gané la cercanía con autores, poder charlar o debatir mediante
mensajes o comentarios, la buena onda de muchos, como vos, por ejemplo. Gané
haber sido convocada como jurado en un concurso de reseñas, lo que fue una
experiencia hermosa que trae detrás la confianza en mi criterio lector, que
significa muchísimo para mí. Gané el nacimiento de un Club de lectura que amo
cada día más, que editoriales, autores y suscripciones literarias me envíen sus
libros para leer. ¡Y sobre todo gané los mejores seguidores que existen! Son
siempre tan buena onda y son los culpables de que siga dando lo mejor de mí en
la cuenta.

—¿Y qué perdiste?

JG:
Lo que perdí es espacio, jaja. Si antes los libros estaban presentes en mi
vida, ahora mucho más, y se nota, más en un departamento pequeño, pero hasta a esa
pérdida de espacio la celebro. Ahora me pasa que cuando termino una lectura
puedo elegir la siguiente entre varias opciones posibles y eso es un privilegio
enorme que agradezco muchísimo.

—Antes dijiste algo que me llamó la atención: “Gané no
sentirme un bicho raro”. Es un sentimiento frecuente. Son muchos los lectores
que en algún momento de su vida ocultaron su amor a los libros para no ser
vistos justamente como “bichos raros”. Lo mismo a veces les pasa a quienes
comienzan a escribir: prefieren ocultarlo para no ser tildados de presuntuosos,
o quién sabe qué.

JG:
Es tal cual, Pablo.

—Las editoriales suelen enviarte presentes y versiones
lujosas de sus mejores publicaciones. ¿En algún momento sentiste que esas
atenciones te quitaban independencia a la hora de opinar con libertad sobre
esos libros?

JG:
En un principio sí, sentía que al recién arrancar no podía negarme y tenía que
decir que sí a todo, pero en un momento me dije que no era ese el espíritu de
la cuenta, así que ahora aclaro que en historias muestro y agradezco todo, pero
que para saber si un libro me gusta como para reseñarlo lo tengo que leer
primero.


—¿Por qué creés que hay tan pocos bookstagrammers
hombres?

JG:
Es una pregunta que también me hago seguido. No sólo bookstagrammers, sino
también consumidores del contenido. Si mal no recuerdo, solamente un 25/30% del
total son hombres. ¡Vengan, que los esperamos con buenas lecturas!

—¿No creés que los bookstagramemrs le dan demasiada
importancia a la cantidad de libros que leen al año? Como si estuviesen todo el
tiempo apurados, sin espacio para la pausa y la reflexión.

JG:
Puede ser, pero no lo veo como algo malo mientras sirva para promover la
lectura. Si ya se convierte en algo tedioso o se toma como obligación pierde la
cualidad más importante, para mí, que es placer y disfrute de tan bella
actividad.

—Hay algo que noté no en Lectodependiente pero si en
otras cuentas. Hay muchos posteos de bookstagrammers que tienen, en mayor parte,
comentarios de bookstagrammers. ¿No hay algo de endogamia en eso? ¿O es tan
solo un modo de apoyarse?

JG:
En algunos casos siento que sí, tal vez por haber formado amistad o algún tipo
de vínculo. También la realidad es que los algoritmos de Instagram no siempre
funcionan bien y los comentarios, aunque sólo sean por buena onda, ayudan a
generar visibilidad.

—Antes mencionaste el Club de lectura de Lectodependiente.
Hablame de eso.

JG:
Amo cuando me preguntan por el Club de lectura porque se dio todo de una forma
inimaginable. A Belu (@beliteraria en instragram) la conocí después de que
ganara un sorteo que organicé a principios de año.

—Te interrumpo un segundo. Justo ayer vi en tu cuenta
de instagram una conversación preciosa que tuviste con Belu, en la que
analizaron al detalle y durante una hora uno de los libros de cuentos de
Alejandra Kamiya. Perdón, seguí contándome del Club de lectura.

JG:
¡Qué bueno que la hayas disfrutado! La cuestión es que me junté con Belu para
entregarle el premio y merendamos juntas. Nos seguíamos porque ambas hacemos
reseñas, pero no habíamos hablado demasiado hasta ese entonces. Era la primera
vez que ambas nos juntábamos con alguien de la comunidad bookstagrammer. De
entrada vi que estábamos leyendo el mismo libro, así que…

—¿Me contás qué libro era? Mi curiosidad lectora no me
perdonará no hacerte esta pregunta.

JG:
Jaja, te entiendo en un 100%. Era Nuestra
parte de noche
de Mariana Enríquez. Así que arrancamos charlando de
eso y, entre limonadas, no paramos de hablar. Me pasó que sentí un flechazo de
amistad, de pensar “me gustaría que seamos amigas”. Y al final de ese encuentro
nos despedimos con la idea de empezar un Club de lectura juntas. Conseguimos
lugar físico para llevar a cabo los encuentros, teníamos todo planeado, pero la
pandemia no lo permitió, así que nos amoldamos a los nuevos tiempos: elegimos
un libro por mes y lo debatimos en un vivo de Instagram. Estamos pensando en
sumar otra plataforma que sea más interactiva y tenemos un montón de ideas a
futuro. A todo esto, nunca nos volvimos a ver presencialmente, pero ya llevamos
tres clubes y una amistad que se sigue afianzando.

—¿Hasta acá qué libros leyeron en el Club?

JG:
El  primero fue La guerra no tiene rostro de mujer de Svetlana Alexiévich,
el segundo Las cosas que perdimos en el
fuego
de Mariana Enríquez, y el tercero Antártida de Klaire Keegan.

—No leí ninguno de los tres, así que ya mismo tomo
nota. ¿Cuáles son los próximos proyectos que tenés en relación a
Lectodependiente?

JG:
Este año me había puesto una meta de seguidores que ya la superé. Puede que me
digan que no es más que un número pero, no hay que negarlo, sirve para dar
mayor visibilidad a lo que hago. Todos los sábados armo una trivia: Lectonario,
donde doy una palabra y cuatro posibles definiciones. Y los participantes deben
elegir la que consideren correcta. Son palabras inusuales que saco de mis
lecturas y también colaboraciones de mis seguidores, que ven alguna palabra
rara y me la envían. Es de mis momentos favoritos de la semana porque me
divierto un montón con los mensajes y ocurrencias, y me encuentro con muchas
demostraciones de afecto y agradecimiento, que es la mejor parte, además de que
aprendemos mientras nos divertimos. También pretendo seguir con el club de
lectura e ir ampliándolo. Con Belu somos máquinas de pensar ideas, así que no
nos aburrimos con eso y ya tenemos varias cosas en mente. Lo más importante es
que la gente se sume y se quede, que disfrute del contenido, y seguir fiel a lo
que quiero mostrar y priorizar.


—¿Cuáles son tus librerías favoritas?

JG:
Qué difícil, Pablo… porque no tengo una de cabecera, pero puedo decir que
Mendel libros me atendió más que bien cuando hice un pedido, El Aleph de Flores
tiene de todo y me encanta, y a la sucursal de Rosario suelo ir (o solía,
cuando se podía viajar) con mi papá, así que le tengo mucho cariño.

—Los viajes suelen ser inspiradores, y vos a
principios de año viajaste nada menos que a Japón. ¿Qué significó ese viaje
para la Jésica lectora?

JG:
Fue increíble. Me armé una selección de libros de autores japoneses o que
transcurran en Japón y me los llevé. Les hice fotos en lugares que se nombraban
o que se relacionaban con su contenido, y encontrarme en los mismos sitios que
se describían en las páginas de esos libros o sentir lo que los protagonistas
sentían, fue mágico. Fue otro tipo de acercamiento a la cultura, a su pasado, a
sus costumbres, a la gente, incluso a la comida. Me encantó hacerlo y voy a
aplicarlo de ahora en más a cualquier destino al que vaya.

Vamos con la última pregunta, Jésica: te regalo la posibilidad de invitar a
tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería.

JG: Siguiendo con
el mundo literario, se me ocurre Evaristo Carriego, poeta argentino
nacido a fines del siglo XIX. Si alguno no lo conoce, que vaya a leerlo que no
se va a arrepentir.

—¿A qué bar lo llevarías a Carriego?

JG: Buscaría algún
bodegón donde comer rico y abundante, o una milonga donde hacerlo escuchar el
tema “A Evaristo Carriego”, uno de los tangos más bellos que escuché en mi
vida.

—Y entre milongas y vinos, ¿qué pregunta le harías?

JG: Carriego murió
muy joven, a los veintinueve años, pero su poesía es tremendamente cruda, va
directo al hueso y toca temas sensibles. Cuando uno lo lee piensa que el autor debió
vivir hasta los cien años para escribir de esa manera, que pasó por miles de
experiencias. Por eso le preguntaría de dónde sacó esa inspiración para su
escritura y que lo llevó a elegir ese tipo de poesía.

 

– Quienes
quieran ser parte de las muchas y ricas actividades literarias que se llevan a
cabo en la comunidad lectora de Jésica Gorosito, están invitados a sumarse en Instagram
a @lectodependiente.



*Pablo Hernán Di Marco.  Desde Buenos Aires trabaja vía internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas. Autor, entre otras novelas Las horas derramadasTríptico del desamparo. Colaborador literario de la revista Libros & Letras