Shopping Cart

Loading

Your cart is empty

Keep Shopping

Search Results

so far empty...

Loading

“Round 15 es una novela que hará muchos guiños a los fanáticos del boxeo”: Juan Carlos Méndez Guédez

  • 18 Minutes
  • 0 Comments
“Round 15 es una novela que hará muchos guiños a los fanáticos del boxeo”: Juan Carlos Méndez Guédez
By Ileana Bolívar Ruiz 27 de abril de 2022
  • Views: 71

Juan Carlos Méndez Guédez. Foto: Raquel Méndez Roperti
Juan Carlos Méndez Guédez. Foto: Raquel Méndez Roperti


El escritor venezolano retrata en su nueva novela la relación de un insomne con la carrera del boxeador Leonel Hernández.

Por: Ileana Bolívar R.*

Round 15 (Editorial Caballito de Acero, 2021) de Juan Carlos Méndez Guédez es una novela insomne marcada por el boxeo, que se va tejiendo por sí sola a través de los combates internos que libran sus personajes contra las ausencias, el desamor, el destino y la derrota que implica vivir bajo las sombras.

Es la historia de Francisco, un hombre insomne y seguidor del boxeo, que reconstruye su vínculo con la carrera del casi campeón Leonel Hernández, al tiempo que evoca su difícil relación amorosa de veinticinco años con una mujer que vive atada a su madre.

Para Méndez Guédez (Barquisimeto, 1967) el boxeo tan solo existe en su memoria y en su propia ficción, a la que acude para imaginarse que de niño veía esas peleas con su padre: “era un modo de inventarme, de ser yo mi propio padre”. 

Venezuela no es ajena al relato. En estas páginas el autor, quien reside en España hace más de 20 años, recorre sus calles, evoca un amanecer y sabe que Caracas ya no es la misma de su juventud “es ahora un infierno donde vuelan las balas y reina la muerte”, se lee en su libro. En esta densa atmósfera conviven los personajes de su nueva novela, a la que la vida se les va desmoronando.

En Round 15 Méndez Guédez, doctor en Literatura Hispanoamericana, demuestra una vez más su gran capacidad narrativa, como lo confirma el escritor mexicano Jorge Volpi al destacarlo como “poseedor de una de las voces más notables de la actual literatura latinoamericana”.

—¿Cuál es su relación con el boxeo?
Me sucede a veces que huelo mis manos y al sentir el rastro de nicotina, pienso: “así olían las manos de mi papá”, pero es una ficción; ignoro si ese hombre fumó alguna vez. Crecí sin padre y algo que solían hacer los padres con sus hijos era mirar el boxeo. Ahora, con el paso del tiempo, imagino que de niño miraba esas peleas porque era un modo de inventarme, de ser yo mi propio padre.

Por otro lado, el boxeo es una relación con mi memoria. Las grandes peleas van asociadas a momentos particulares de la vida. Yo descubrí la ambigüedad de la tristeza en una pelea entre Kid Pambelé y Locce. Locce ya no era el fantástico boxeador que esquivaba con la guardia baja todos los golpes; era un boxeador terrenal y Pambelé lo arrasó. Entonces sucedió algo que nunca olvidé. Locce lloró en el ring. Lo hizo porque sus ayudantes lo engañaron. Le limpiaron el rostro pues tenía una inmensa herida, conversaron con él antes de que comenzase el noveno round y cuando sonó la campana sin decirle nada arrojaron la toalla y lo atraparon para que no saliese a pelear. Todo el mundo sabía que estaba derrotado menos él. Lloró de rabia, de impotencia. Ahora comprendo que sus ayudantes lo estaban salvando de una paliza, pero para un niño es difícil comprender esos gestos de la amistad. Aquella aparente traición era un acto de compasión y respeto.

También recuerdo con entusiasmo la pelea de Norton y Foreman. Todo el mundo apoyaba a Norton, y yo quería que ganase Foreman. Encendí la tele, me quedé dormido. Fue mi madre al día siguiente la que me contó la victoria de Foreman. Ella estaba alegre por mí y había visto la pelea para poder contármela.

Es fácil amar la vida desde la aburrida victoria, pero lo interesante es amarla desde las derrotas continuas.

En fin, que podría contarte mucho sobre esa memoria particular que crea en mi propia vida el boxeo. Pero te lo resumo diciendo que aparte de esa memoria personal, ciertas peleas representan para mí, escenificaciones de la vida humana. La sonrisa del boxeador, por ejemplo, los boxeadores sonríen cuando un golpe les duele. Es una sonrisa perturbadora que a veces he visto en otras personas en cualquier momento cotidiano de sus vidas.

Me seduce el modo en que ciertos combates me subrayan momentos especiales en la vida normal y corriente que tenemos las personas.

—Estar cerca al triunfo o al deseo de obtener algo y no alcanzarlo es una constante en la vida de los personajes de Round 15. ¿Por qué le interesa visibilizar la derrota?
La vida humana está signada por una derrota esencial e inevitable que es la muerte. Otra cosa es el modo cómo gestionamos esta obviedad. Las maneras en que dotamos de sentido nuestro paso por la Tierra.

Por otra parte, la escritura es un ejercicio signado por la derrota. El libro que soñamos nunca es el libro que escribimos. Justamente, por eso escribimos otro y otro y otro más. La derrota es un motor que activa la creatividad y la rabia. Una rabia jubilosa que nos lanza hacia delante y que incluso nos hace conocer la felicidad.

Yo tengo con la derrota una relación particular, desde pequeño amé un equipo de béisbol: el Cardenales de Lara, que siempre perdía. Jamás quedaba campeón. Ese amor por ese equipo me templó el carácter, la terquedad. Es fácil amar la vida desde la aburrida victoria, pero lo interesante es amarla desde las derrotas continuas. Debo decirte que el 29 de enero de 1991 por fin Cardenales ganó su primer título. Es un día que no olvido: me monté en una ventana a gritar. Lo imposible había sucedido. Ese puede ser el dulce sabor de la victoria: su excepcionalidad, su rareza, su escasez.

El insomnio tiene un lenguaje muy particular: un lenguaje fracturado, pero a la vez continuo, torrencial, inmanejable. Es un lenguaje más próximo a la poesía que a la novela.

—¿Cómo se acerca a la idea de una novela en la que el boxeo es protagonista?
La novela la concluí unos meses antes del confinamiento, en la Feria del Libro de Quito. La altura me tenía muy mareado y al menos en mi recuerdo, cada vez que bajaba de mi habitación escuchaba que se habían llevado en ambulancia a un escritor por el mal de páramo. Pensé que yo sería el siguiente, y por eso, hice un esfuerzo acostado en mi cama para acabar este libro. En cierto modo, yo pensaba que tenía que aguantar 15 rounds para cerrarlo en el tiempo en que me había comprometido con el editor.

Y ahora que lo mencionas, sí, es posible que a esta novela, y muchas otras, me aproxime en espiral. No hay un camino directo, sino que la idea está allí, se va, regresa, se aleja, se acerca, siempre alrededor de un centro.

 

—¿Por qué decide centrarse en la historia de Leonel Hernández?
Siempre me conmovió mucho la historia de este boxeador que luchó cinco veces por el título entre 1975 y 1981. En dos oportunidades le robaron el combate, en las otras dos perdió sin gloria, y en una lo arrasó ese titán que era Alexis Arguello. Leonel Hernández conoció todas las maneras posibles de estar cerca de su sueño y nunca alcanzarlo.

Me conmueve mucho la lucidez que tuvo en su cuarto combate cuando en Tokio le robaron la pelea y le dijo a un periodista: “yo no nací para ser campeón del mundo”. Esa especie de epifanía, de reconocimiento de un signo del destino que puede recordar a las tragedias griegas. Pero él nunca cesó de intentarlo. Me conmueve su mala suerte, pero también su terquedad. Quizá intuí en ese momento que esa carrera boxística podía ser una equivalencia de muchas vidas en las que la felicidad parece inminente y luego se evapora.

Round 15 

Autor: Juan Carlos Méndez Guédez 
Género: Novela 
Editorial: Caballito de Acero 
Páginas: 110 

—¿Cómo se gestó el libro con la editorial Caballito de acero?
Yo estaba en contacto con ellos por otro proyecto, y recordé las notas que tenía para una novela en la que era fundamental la figura de un boxeador. Me pareció que la única editorial de nuestro idioma especializada en literatura y deporte era el lugar perfecto para este libro.

Es un libro que cristaliza por esa complicidad que puede darse a veces entre un autor y un editor. Creo que de todos modos, tarde o temprano lo habría escrito, pero el impulso me lo dio la fe y la curiosidad de esta editorial colombiana.


Tengo mis dudas sobre la utilidad de lo autobiográfico a la hora de ficcionalizar, pero desde luego, con los lugares me sucede lo contrario. Hay una energía contenida en los espacios que podemos emplear a la hora de imaginar y narrar.


—¿Qué relación guarda esta idea del insomnio que se intuye como perversa, con la creación y la palabra?
El insomnio tiene un lenguaje muy particular: un lenguaje fracturado, pero a la vez continuo, torrencial, inmanejable. Es un lenguaje más próximo a la poesía que a la novela. El insomne no puede dejar de pensar palabras que a su vez traen imágenes indetenibles. Por la mente del insomne pasa su vida entera y la vida de la humanidad, y la de todos sus fantasmas.

Round 15 es el intento de resistir esa avalancha, de mantener un orden que haga posible el vivir, que consolide un sentido, que permita alcanzar el amanecer.

—Alguna vez mencionó que se define como un escritor autogeográfico, ¿a qué se refiere con ello?
Al escribir necesito sentirme muy conectado con la historia. Por eso suelo ubicarlas en lugares que conozco. Me viene muy bien prestar a mis personajes la familiaridad repetida o fortuita de mis calles.

Hay escritores como Gioconda Belli o Eduardo Liendo o Sergio Ramírez que han tenido vidas apasionantes. Incluso autores como Nicolás Melini o Eduardo Halfon que han tenido vidas interesantes porque fueron deportistas antes que escritores. Pero lo normal es que como dijo Phillip Roth, la vida de un escritor sea la de una persona que pasa muchas horas sentado frente a una pantalla.

Tengo mis dudas sobre la utilidad de lo autobiográfico a la hora de ficcionalizar, pero desde luego, con los lugares me sucede lo contrario. Hay una energía contenida en los espacios que podemos emplear a la hora de imaginar y narrar.

—En el libro nos lleva por Caracas, en Venezuela: recorre sus calles, la describe como “un pozo de tinieblas”, un lugar “donde vuelan las balas y reina la muerte”. ¿Cómo ha sido recordarla y qué le interesa que el lector descubra?
Esos recuerdos siempre están allí, y cuando escribo yo no estoy frente a la computadora sino que me encuentro otra vez en esos lugares y esos tiempos. Los huelo, los escucho. No se trata de evocación, sino de un lúdico viaje. Por otro lado, no sé si uno se plantea de manera muy concreta que el lector deba descubrir algo, pero quizá quiere sí que desea que sienta que esa historia ajena también es suya, que el forma parte de ese viaje.

Es lo que nos sucede como lectores. Yo con Gilmer Mesa he vivido una infancia en Medellín que no tuve; y me ha sucedido lo mismo con Juan Gabriel Vásquez o Pedro Badrán Padauí. He formado parte de sus viajes personales.

—Magdalena Yaracuy, la gran detective de su novela La ola detenida, reaparece en Round 15, ¿cuál ha sido la intención con este personaje?
Le tengo mucho cariño a esta detective y bruja marialioncera. Ya ha aparecido en esa novela que mencionas, luego en un relato largo que se publicó en Colombia: “Una canción de Carlos Vives y los contrabandistas de esmeraldas”, (en el volumen Bogotá contada 6); y también tengo inédito un cuento que ella protagoniza. He querido darle continuidad al personaje. Y debo comentarte algo que me llena de inmensa alegría: el excelente escritor Marcos Tarre Briceño, publicó un cuento: ¿Quién dijo miedo?, en el que retoma el personaje de esta detective y lo pone en relación con Gumersindo Peña; un generoso gesto que me llenó de gratitud.

Así que mientras escribía Round 15, me di cuenta de que necesitaba que el protagonista tuviese una breve revelación sobre las pequeñas mentiras de la mujer que ama, y pensé que Magdalena Yaracuy con su desparpajo era perfecta para ser portadora de esa revelación.

—Vemos a unos personajes agobiados, tristes y derrotados que prefieren el silencio y la soledad, ¿qué lo motiva a crearlos?
Es difícil que un escritor se plantee sus historias en términos abstractos. Quizá eso que mencionas defina a los personajes de Round 15, pero yo lo que deseaba contar era la relación de un insomne con la carrera de Leonel Hernández, y también su equívoca relación amorosa en la que ha compartido 25 años con una mujer que ama a otro hombre, su manera de armar intrigas para preservar la proximidad con ella.

Para el protagonista de esta novela, la vida solo tiene un sentido: esa Inmaculada que desaparece una noche y que él sabe está a punto de abandonarlo. Me pareció seductora esa pasión destructiva, absoluta. La vida normal suele ser muy plana, así que un personaje como Francisco, el protagonista de Round 15, me parecía intrigante. Tenía la intensidad de un bolero cantado por Javier Solís o Felipe Pirela.

—Más allá de las historias Leonel Hernández y Francisco, Round 15 explora temas como el de las ausencias, los desencuentros, los triunfos inconclusos, el fracaso, el desamor y la incomunicación. ¿En estos tiempos tan cargados de información e imágenes qué cree que nos ha llevado a tanta frustración?
No creo que estos tiempos sean peores que otros. Sospecho que cada generación siente que su vida ha sido la más difícil de todas las vidas ocurridas sobre la tierra. La frustración es un elemento humano que nos acompaña siempre.

Cada persona establece un necesario roce y conflicto con su tiempo. De allí pueden surgir la penicilina o Cien años de soledad, o versos como los que estoy leyendo ahora mismo de Sandy Juhaz: “Esa mirada tan noche será puma en tu bosque”.

De todos modos, me interesa subrayar algo que insinúa tu pregunta. Round 15 es una novela que hará muchos guiños a los fanáticos del boxeo, pero es un libro que también le dirá muchas cosas a los lectores que no gusten de este deporte. Es una novela insomne, sobre el desamor, sobre el destino, sobre los mensajes que nos da la vida y no podemos descifrar.

En ese sentido, Leonel Hernández tuvo un gran mérito: en cierto momento él supo que no había nacido para campeón. Pocas personas pueden alcanzar esa lucidez y entender el mensaje que le están ofreciendo sus días y sus noches.

Bueno, en la escritura somos Luis Primera. Enfrente está Hearns: la tradición, la técnica magnífica, el brillo, la perfección, el éxito, los halagos, los reconocimientos, y Hearns nos va tumbar muchas veces, pero hay que seguir, hay que seguir y seguir.

Juan Carlos Méndez Guédez, foto por Lisbeth Salas
Juan Carlos Méndez Guédez. Foto: Lisbeth Salas

—¿Qué lo impulsa a escribir sobre temas que incomodan como, por ejemplo, el desafecto, la indiferencia y el odio hacia los padres?
Hay escritores cómodos, correctos, adecuados. Incluso cuando parecen muy críticos lo hacen desde un gran confort y le dan al mundo lo que el mundo espera para confirmar sus ideas: ecología, paridad, sostenibilidad, revoluciones salvadoras…

Yo no pretendo incomodar a nadie; escribo sobre lo que me interesa, me perturba; sobre eso de lo que no se habla demasiado y que está allí.

En mi libro anterior hablé de una diosa y de brujería, en este nuevo libro hablo de boxeo. Entiendo que hay personas a las que no le parezcan temas “correctos” y edificantes. Pero no dejaré de escribir sobre lo que me conmueve.

Se nos domestican los sentimientos de tal modo que para cada situación de vida se supone que hay una respuesta perfecta. Me interesan las fisuras. Nunca olvidé a un compañero de liceo que me confesó, no que odiaba a sus padres, sino que le resultaban indiferentes y que conocía al menos cien personas a las que podía querer antes. Eso es una situación posible, ¿por qué no hablar de ello? ¿Por qué no mencionar aunque sea de pasada, esas figuras maternales que utilizan a sus hijos como pequeños esclavos para resolver la cotidianeidad? ¿O esa figura del padre que es tan borrosa o inocua que puede producir vergüenza?

—En algún momento afirmó que “La novela es un artefacto estético que si logra su objetivo removerá la intimidad de algún lector”. ¿Cómo logró manejar el tiempo, la extensión de la narración y el lenguaje preciso en esta novela?
Desde hace casi cincuenta años escribo todos los días. Digamos que el oficio se suma al instinto. No podría reconstruirte racionalmente cómo logré armar una historia de cien páginas en la que dijese todo lo que tenía que decir. Pero al comenzarla supe que esa sería su extensión. Tenía dos hechos puntuales: un hombre insomne va a ser abandonado, y en esa noche reconstruye su vida y su relación con la carrera boxística de Leonel Hernández. Extender esas ideas era debilitarlas. Lo que deseaba contar tenía esa contundencia. No podía caer en la tentación de preparar una novela de la longitud que suelen requerir muchas editoriales, porque eso era falsear lo que yo necesitaba contar en ese momento.

Podría decirte ahora que de manera instintiva, evité las ramificaciones, las derivaciones. La historia avanza de manera muy nítida y recta hacia su centro. Pero esa es una explicación posterior a la escritura.

—¿Cuál ha sido el round más importante en su vida?
¡Uf, qué difícil pregunta! Me gustaría buscar un hecho parecido al momento en que Foreman noqueó a Moorer y volvió a ser campeón veinte años después de haber perdido el título. Creo que tuvo que ir a tribunales para que le permitiesen pelear por ese campeonato, pues le habían puesto pegas por su edad; y en el combate se estaba llevando un palizón hasta que sacó una derecha y logró su sueño.

Pero la vida quizá se parece más a Leonel Hernández y su pasión por insistir, insistir, aunque no haya la esperada recompensa.

Digamos que uno de los rounds más importante de la vida sucede cada vez que me siento a escribir. Y hay una pelea que yo le recomiendo a las personas que desean dedicarse a la escritura: Thomas Hearns contra Luis Primera. Hearns es uno de los mejores de todos los tiempos: tenía velocidad, fuerza, unos brazos larguísimos, una inmejorable técnica. Primera era un boxeador modesto y valiente, que estaba teniendo su gran oportunidad. Lo dio todo, se entregó con el alma. Cuando caía al suelo, golpeaba furioso el ring con los guantes y se ponía en pie, y volvían a tirarlo y volvía a lanzarse sobre Hearns. Cuando se acabó el combate porque el árbitro consideró que ya no podía seguir recibiendo más golpes, Primera no se dio por enterado y saltó sobre Hearns para seguir peleando. Me emociona mucho recordar su entrega, su entereza, su conciencia de que sí se va a hacer algo es porque se va a poner en ello todo el corazón. Te confieso que muchas veces vuelvo a ver este combate y anhelo que esta vez Primera si logre ganar el título.

Bueno, en la escritura somos Luis Primera. Enfrente está Hearns: la tradición, la técnica magnífica, el brillo, la perfección, el éxito, los halagos, los reconocimientos, y Hearns nos va tumbar muchas veces, pero hay que seguir, hay que seguir y seguir.

Entrevista con Juan Carlos Méndez Guédez
Ileana Bolívar Ruiz

Sobre la autora: *ILEANA BOLÍVAR RUIZ.

Periodista y gestora cultura. Directora de contenidos de Libros & Letras y su revista. 

Sígala en 

Twitter: @ileana_Bolivar