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La noche de los forasteros de Jerónimo García Riaño

Se escribe como se baila. Reseña de “La noche de los forasteros” de Jerónimo García Riaño

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Se escribe como se baila. Reseña de “La noche de los forasteros” de Jerónimo García Riaño
By Juan Camilo Rincón 31 de mayo de 2022
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En la novela del escritor Jerónimo García Riaño, finalista de los premios Nacional de Literatura de la Universidad de Antioquia y Nacional de Novela Ciudad de Bogotá, ambos en 2019, la salsa es telón de fondo, enunciación y, a la vez, estructura poética.

Por: Juan Camilo Rincón*

La salsa recoge la temperatura sensual del Caribe, como lo afirma el escritor cubano Leonardo Padura, pues “por la presencia africana, somos poco beatos”. En el baile nos entregamos y también nos redimimos. Somos, además, eco de las voces ancestrales que hoy se revelan en los pasos ágiles sobre las pistas de baile. Somos son y guaracha, y volcamos nuestras convulsiones sociales en el llamado de un tambor que reclama, en las trompetas que se lamentan, en los güiros heredados de los taínos aguerridos.

Para el escritor cuyabro Jerónimo García Riaño, finalista de los premios Nacional de Literatura de la Universidad de Antioquia y Nacional de Novela Ciudad de Bogotá, ambos en 2019, la salsa es telón de fondo, enunciación y, a la vez, estructura poética que atraviesa el libro La noche de los forasteros (Lugar Común, 2021). Es una novela para leer a media luz y con la complicidad de alguna canción melancólica de Héctor Lavoe o Che Che Mendoza, donde tres narradores distintos disponen un baile mental y afectivo rítmico, a veces doloroso, para que el lector transite entre un conjunto de voces que cuentan, desde la nostalgia y el recuerdo opaco, entre botellas moribundas de whisky y notas musicales extraviadas, cómo la vida y la salsa tienen la misma tonada. Con fragmentos de canciones esparcidas por las páginas, la novela se desarrolla bajo la que el autor denomina estructura poética de la melodía, donde los capítulos van en sintonía con la salsa y logran el efecto de la evocación.

García Riaño ahorraba durante toda la semana para reunir los ochocientos pesos que le costaba el casete donde grababa las canciones que emitía Robles Stereo en su natal Armenia. Desde entonces la salsa fue su maestra y mentora, esa que le fue mostrando los caminos y manifestando las verdades de una vida que se le reveló poco a poco. Hoy se hace literatura, relato y experiencia vital.

La noche de los forasteros narra los desencuentros de la vida que se hacen encuentros en la salsa de noches de penumbra, de pies que se balancean frenéticos, de hielos que desaparecen rápido en los vasos tibios y de almas que se saben efímeras. Las pistas de Borincuba y Guararé son escenario para la comunión y la expiación, para el recuerdo y el olvido de unos personajes que van dejando rastros de culpa y la necesidad de su salvación en la música y entonces, al final, comprendemos que esta es cómplice estridente de nuestros secretos.

Jerónimo García Riaño, escritor colombiano
Jerónimo García Riaño, escritor colombiano (Archivo particular)
Mediante una estructura que no agota los trucos narrativos y con saltos en el tiempo que García Riaño despacha con habilidad, recorremos historias de vacíos y despedidas. La narración fluye en momentos distintos, en idas y venidas entre un presente que se atora en el pasado y al que le urge moverse hacia un futuro aburrido pero cómodo, predecible y sin enredos de los que se haga imposible salir.

En La noche de los forasteros el autor se hace generoso para contarnos sobre Lorenzo, Rafael, Gina, Andrés y Diana, los cinco amigos que ven “a Eddie Palmieri derramar de sus dedos las últimas gotas de piano sobre la multitud” bajo la luz de una “luna desinteresada”. Ante ellos, bailantes a veces reticentes y en otras, sometidos al imperio de la salsa, los instrumentos “perforan el viento y lo armonizan con ecos infinitos que amansan los oídos de los dioses, y estos, agradecidos, dejan ir a sus hijos detrás del llamado punzante del tambor”. La novela es, simultáneamente, el camino de regreso a la salsa, lugar donde se fue feliz, y resonancia de un hoy donde no hay cabida para los forasteros y su noche.