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Reseña del libro Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas

Reseña del libro Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas

Por: Mateo Ortiz Giraldo*

Singulares criaturas transparentes


Sacar de la estantería un libro de Vila-Matas (independiente de cuál sea la estantería o el libro), supone todo un ritual. No porque este celebrado autor requiera de una liturgia para leerlo o contemplarlo, sino porque el mismo acto de tomar el libro ya es una actuación religiosa; digamos pagana. Pagana porque sus libros (con el temor a equivocarme pues no he leído toda su obra) son toda una elegía para la literatura y Bartleby y compañía es el texto canónico de esta religión heterodoxa y burletera.

La labor que Vila-Matas emprende en este texto solo puede ser comparada, más por su actividad pseduenciclopédica que por la cercanía temática, con la empresa iniciada por Borges en Historia universal de la Infamia. En tal proporción estamos ante una gravísima carcajada literaria en la cual el autor pretende realizar algo así como un rastreo casi fetichista, de autores que han abandonado la literatura después de haber publicado una obra memorable. O por lo menos, esto lo que manifiesta el narrador cuando decide escribir esas 86 notas a pie de página de un texto invisible. La labor es cómica, pero el resultado es francamente hilarante así como digno de admiración; aunque las intenciones iniciales se hayan bifurcado además de mutado, en el camino.

Reseña del libro Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas
Enrique Vila-Matas. Fotografía: © Lisbeth Salas



Una literatura anulada


Hablar de la singularidad mamagallista de Vila-Matas es un lugar común, a pesar de ello, es un lugar necesario. Sin él no se podría comprender la obra del autor. Por esa razón es requerido apelar al cliché cuando se habla de Bartleby y compañía pues en él, Vila-Matas hace uso de su desenfadada prosa para exponer una situación particular. Si bien los seleccionados en las notas del narrador quiere la automutilarse de todo lo literario, terminan por acudir a uno acto poético. Por tanto, su distanciamiento va a situarse en los anaqueles de la literatura.

De allí que esos personajes, singulares criaturas que se han hecho a sí mismas transparentes, representen no solo la angustia sino también la derrota. Pues cada uno reviste una forma de lo que el narrador (Vila-Matas vestido de otro) llama “literatura del no”.

Angustia, afirmo, porque tanto los monumentales bloqueos de Fitzgerald como las despedidas dolorosas de Cervantes, hacen parte de un mismo regimiento: la literatura, como para Joe Gould, es “cura y patíbulo”. De allí que los bartlebys quieran renunciar a ella, darse de baja antes que ella los arrincone y asfixie hasta la hipoxia.

Derrota, digo, porque el sin sabor del adiós no es más que una contradicción cuando la despedida es una de las configuraciones de la literatura. Así ésta se esté negando a sí misma, como si Narciso en lugar de verse a él en el reflejo del lago, viese un monstruo amorfo.

***

Cuando autores como Salinger o Tolstoi renuncian a la literatura, como el Bartebly de Vila-Matas, no es una renuncia completa, pues la despedida no se da hasta que ella los deja: hasta las palabras nos abandonan….y con ello no decimos nada o, quizás, con el mutismo y el férreo silencio, se crea la mayor de las obras literarias.

Reseña del libro Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas


Sobre el autor: *Mateo Ortiz Giraldo. 

Leedor. Presunto escribidor. Estudia periodismo y filosofía. 

En twitter: @plumasinave

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