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Baúl de mago

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Baúl de mago
By Libros y Letras 25 de mayo de 2014
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Las obsesiones del orden
Por: Roberto Burgos Cantor
Resulta interesante y curioso observar cómo el fuerte
desmoronamiento de la idea de nación y sus consecuencias sobre los elementos
esenciales que le son inherentes, como el de soberanía, producto todo del hecho
de la mundialización, implica también un fortalecimiento de los aspectos
culturales y económicos que concurren al concepto de lo local. Cada día
adquieren más presencia y expresión comunidades grandes, medianas o pequeñas
que sobrevivieron con sus identidades y rasgos propios sumidas o subordinadas a
un orden superior que las abarcaba.
Ello conduce a pensar si acaso la búsqueda larga de los sistemas políticos
imbuidos por los principios de la democracia prepararon mal a los asociados
para el reconocimiento y vínculo con el otro y sus diferencias y terminaron por
estructurar procedimientos y reglas que más que garantizar la igualdad imponían
un ideal vago de igualitarismo. Es fácil discernirlo cuando se lee al profesor
Steiner y pregunta a partir de una eventualidad cuotidina. Es ésta: usted vive
en Londres. Sus vecinos son jamaiquinos y les resulta indispensable escuchar a
mucho volumen, acompañado por las palmas y los coros en vivo, a Bob Marley o
Gregory Isaacs, y lo oyen a diario y casi a todas las horas que tiene un día.
Piensa Steiner: cuál será la tolerancia del vecino a quien le llega sin pedirlo
un aguacero musical así ¿?
Es probable que desde una orilla se responda: bueno
usted tiene el mismo derecho a oir a los Rolling Stones, o The doors, o a
Hendrix, o a U2 y golpear la pared medianera con una guitarra.
Por lo regular la fórmula que resuelve la tensión amputa una parte del
problema. No sé si en este caso los audifonos sean una solución. Hay
comunidades que no saben oir solo para sí. Alguna vez el brujo González, cuando
fue Intendente de San Andrés islas, dispuso para el servicio de recolección de
basuras unos equipos de música con parlantes en los carros. Observó que los
empleados rendían más y hacían su tarea con notorio entusiasmo y ritmo. Igual
ocurrió en Ciudad de Panamá cuando se pasó de la estridencia musical de los
buses del transporte urbano al silencio: aumentaron los accidentes de tránsito
y el humor de los pasajeros varió de la sonrisa a la iracundia quisquillosa.
Muchos pueden pensar que liberar un poco el capricho y
la imaginería humanas conduce a la anarquía. Es probable que ello ocurra si
seguimos empeñados en unas sociedades que asfixian con su cúmulo de normas
innecesarias hasta llevar a los seres al suicidio o la deseperación. Se terminó
por proscribir la lúdica y la alegría de la vida en colectivo. De esto contó Julio
Cortázar en De cronopios y de famas. Por supuesto quienes rigen y gobiernan
algo, el mundo, una tienda, un parque, un taller, temen a la imaginación libre
y a la risa suelta y frecuente.
Pero hay que experimentar vivir diferente. Ya sabrán ustedes de los episodios
reiterados de niñitos que arman rebeliones en sus parvularios y han conducido a
más de un maestro al sanatorio. Fellini mostró que la pers-pec-ti-va llama a la
desobediencia civil.